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Emprendimiento rural

La Posada de Lía: un negocio familiar que lucha contra la despoblación en el mundo rural de Cáceres

El antiguo hotel de Berzocana renace con el proyecto de Noelia, quien decidió instalarse en el pueblo y crear un negocio que fomenta la colaboración vecinal frente a la despoblación que sufre la zona

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Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Berzocana

El futuro del mundo rural es una de las cuestiones más preocupantes de la actualidad. Estas zonas cada vez se encuentran más vacías, principalmente porque no representan un gran atractivo para quienes buscan un lugar donde establecerse. Es habitual que los jóvenes tomen la decisión de mudarse fuera de ellos en busca de mejores opciones. Con ello, los negocios familiares establecidos durante años van desapareciendo, y cada vez más locales van quedando vacíos.

El inicio de la historia

En ese escenario, Berzocana se aferra ahora a una historia que va en sentido contrario. El antiguo hotel del municipio ha vuelto a abrir sus puertas convertido en La Posada de Lía, el proyecto empresarial de Noelia Montero, una emprendedora que decidió instalarse en el pueblo y apostar allí por un negocio de hostelería con alojamiento y restaurante. Su decisión tiene algo de personal y mucho de simbólico: invertir en un municipio pequeño cuando la despoblación sigue marcando el pulso de buena parte del mundo rural cacereño.

El nombre del establecimiento nació, según relata la propia promotora, de una conversación informal con amigos. A ella la llaman Noe desde siempre, pero "Lía" terminó imponiéndose como una forma más íntima y cercana, y acabó dando identidad al negocio. De ahí surgió también la idea de la posada, en referencia a aquellas antiguas fondas en las que el viajero encontraba comida, descanso y trato familiar.

Noelia explica que su vínculo con Berzocana llegó a través de su pareja, y que fue entonces cuando empezó a ver el pueblo como un lugar en el que podía desarrollar el proyecto que llevaba tiempo imaginando. Su idea inicial pasaba por abrir una casa rural, pero la oportunidad de hacerse cargo del hotel del municipio cambió el rumbo. Dice que no dudó, ella quería "vivir allí y trabajar allí".

La acogida, asegura, ha superado las expectativas. Tanto el hotel como el restaurante han empezado a funcionar con buena respuesta y con el respaldo de vecinos, instituciones y otros negocios del municipio. Ese apoyo es, precisamente, uno de los elementos que la emprendedora destaca de la vida en un pueblo: la red de solidaridad que se crea alrededor de quien decide abrir una persiana. Frente a la lógica más competitiva de otros entornos, aquí habla de colaboración, de ayuda mutua y de una comunidad que se implica para que los proyectos salgan adelante.

Mujeres cara al público

También pone el foco en otro rasgo que considera diferencial. "Buena parte de los negocios de cara al público del municipio están hoy en manos de mujeres", explica. Y eso convierte a iniciativas como la suya en algo más que una aventura empresarial. Las sitúa también dentro de una pequeña red de actividad femenina que sostiene vida cotidiana, empleo y servicios en el pueblo.

No todo es sencillo. Noelia reconoce que los inviernos son largos y duros, una de las dificultades más evidentes de emprender en una localidad pequeña y de interior. Pero incluso ahí encuentra una lectura distinta. Habla de paciencia, de otra relación con el tiempo y de una forma de vida más pausada, más atenta a lo cotidiano y menos sometida a la prisa de la ciudad.

Su caso encaja, además, en una realidad demográfica delicada. Según las cifras oficiales del INE a 1 de enero de 2025, Berzocana contaba con 375 habitantes, frente a los 395 del año anterior. Es decir, el municipio perdió 20 vecinos en un solo año.

La realidad del reto demográfico

Ese retroceso local forma parte de un problema más amplio. La Junta de Extremadura recoge, con base en las cifras oficiales del padrón referidas al 1 de enero de 2025, una relación de municipios cacereños con menos de 3.000 habitantes que incluye 207 localidades de la provincia. El dato confirma hasta qué punto la provincia de Cáceres sigue apoyándose, sobre todo, en una red de pueblos pequeños y muy vulnerables desde el punto de vista demográfico.

Por eso, la apertura o continuidad de negocios como La Posada de Lía tiene un valor que va más allá de su balance económico. Un hotel pequeño no cambia por sí solo la tendencia demográfica de una comarca, pero sí puede ayudar a sostener actividad, atraer visitantes y generar consumo en el entorno. La propia emprendedora lo resume con claridad: quien se aloja en el pueblo también da vida a los comercios de la zona y contribuye a mantener encendida la economía local.

Una iniciativa que lucha por la vida del pueblo

En ese punto, su discurso enlaza con una idea que cada vez se repite más en las políticas de reto demográfico: fijar población no depende solo de grandes planes, sino también de conservar servicios, abrir oportunidades y hacer que los pueblos vuelvan a ser lugares viables para vivir y trabajar. En Berzocana, esa idea tiene hoy forma de posada, de cocina casera y de un negocio levantado desde la cercanía.

Noelia insiste en que lo que hace especial a La Posada de Lía no es solo el edificio ni su ubicación, es la gente. Quienes trabajan allí, quienes entran a comer y quienes deciden quedarse a dormir. Destaca las sonrisas, la familiaridad y esa forma de atender que busca que el cliente se sienta como en casa.

En un momento en que muchos pueblos siguen viendo cómo se vacían casas y se apagan negocios, Berzocana encuentra así un pequeño motivo para resistir. No cambia el mapa de la despoblación, pero sí deja una imagen poco habitual: la de una persiana que se levanta donde otras llevan años cerrándose.

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