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Servicio rural

De estudiar en Madrid a farmacéutica en Oliva y Villar de Plasencia: "La gente te valora muchísimo y puedes dar una atención de calidad"

Tras 24 años en la farmacia de Oliva y seis y medio en el botiquín de Villar, Carmen Urbano valora la atención farmacéutica de calidad, el desarrollo laboral y el vínculo con los pacientes, la mayoría mayores de 65 años

De estudiar en Madrid a farmacéutica en Oliva y Villar de Plasencia: "La gente te valora muchísimo y puedes dar una atención de calidad".

De estudiar en Madrid a farmacéutica en Oliva y Villar de Plasencia: "La gente te valora muchísimo y puedes dar una atención de calidad". / Toni Gudiel

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Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Oliva/Villar de Plasencia

La asistencia sanitaria, tanto a nivel de atención médica, como farmacéutica, es un servicio y derecho fundamental que, en las poblaciones pequeñas, se convierte en algo más que una mera dispensación. En las zonas rurales, el farmacéutico tiene nombre y apellidos, familia por la que preguntar y es uno más del pueblo, aunque no resida en él.

Es el caso de Carmen Urbano, titular de la farmacia del municipio de Oliva de Plasencia, en la provincia de Cáceres, y también responsable de un botiquín, que funciona a modo de sucursal de la farmacia, en Villar de Plasencia.

Las ventajas de la farmacia rural

Carmen lleva en este segundo espacio seis años y medio y, en la farmacia de Oliva, nada menos que 24 años, prácticamente desde que salió de la facultad con 23. Por eso, sabe bien lo que es desarrollar su profesión en un municipio pequeño y las ventajas que conlleva.

En su opinión, priman sin ninguna duda los beneficios y aboga por no "estigmatizar la farmacia rural" porque, aunque no sea el destino preferido de los jóvenes, la unión del desarrollo profesional con el aspecto humano es "muy bonita".

Sus dos destinos

Para explicar la diferencia entre la farmacia y el botiquín señala que, según la legislación, a cada titulado en Farmacia le corresponde una, pero cuando existe una población pequeña cercana "se abre un botiquín para que sus vecinos tengan también asistencia sanitaria". La principal diferencia es el horario de apertura.

La alcaldesa de Villar, María José Pérez, destaca que Carmen ha transformado el espacio, dotándolo de productos que hasta su llegada no había, más allá de los medicamentos.

La farmacia de la que es titular Carmen Urbano en Oliva de Plasencia.

La farmacia de la que es titular Carmen Urbano en Oliva de Plasencia. / CEDIDA

A Madrid a estudiar y vuelta a casa

Carmen estudió la carrera en Madrid y, a pesar de conocer de primera mano las oportunidades de trabajar en la capital, no dudó en ningún momento que quería regresar a Plasencia, la ciudad donde nació. Señala que lo que menos le gusta de Madrid es que "vas siempre corriendo, aun cuando no tienes prisa y eso yo no lo quería".

Por eso, tuvo claro qué debía hacer cuando surgió la oportunidad de ocupar la plaza de farmacéutica en Oliva de Plasencia. "Sabía que no quería quedarme en Madrid y Oliva estaba cerca de casa, así que probé a ver qué tal y aquí sigo, 24 años después".

Los inicios de una veinteañera en Oliva

Lo dice sonriente, aunque echando la vista atrás afirma que, al incorporarse muy joven a la farmacia de Oliva, con unos 23 años, y marcar unas condiciones, como la de no dispensar antibióticos sin receta médica, al principio sorprendió un poco a los vecinos, pero, "al poco tiempo, ya me preguntaban casi más a mí que al médico" cuando tenían algún problema de salud.

Precisamente, destaca que, en una farmacia rural "la gente te valora muchísimo y puedes dar una atención farmacéutica de calidad, mucho mayor que en una de una gran ciudad".

Carmen Urbano, farmacéutica, en el botiquín de Villar de Plasencia.

Carmen Urbano, farmacéutica, en el botiquín de Villar de Plasencia. / Toni Gudiel

La gran ciudad frente al pueblo

Lo dice con conocimiento de causa porque estuvo seis meses de prácticas tuteladas en una oficina de farmacia de Madrid "con tres hospitales al lado", por lo que había mucha actividad.

Sin embargo, en un municipio pequeño "conoces a todo el mundo, su vida, hay mucha cercanía y te valoran mucho". Además, destaca el "desarrollo profesional que tienes" porque "realizas también una labor asistencial, de ayuda, de dar indicaciones al paciente... Más allá de la mera dispensación de medicamentos. Eso te lo da una farmacia rural porque en una de una ciudad no tienes tiempo".

Mayores, pero con gran calidad de vida

Por eso, cuando un vecino entra por la puerta, Carmen le saluda por su nombre y conoce sus dolencias, a su familia, y viceversa. En el caso de Oliva y Villar, la mayoría de sus pacientes son personas jubiladas, mayores de 65 años, pero destaca que tienen una gran "calidad de vida. A lo mejor les echas 67 o 70 años y te dicen que tienen más de 80 o están cerca de los 90, es increíble".

En cuanto a las enfermedades más comunes, explica que Oliva es un pueblo con mucha Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y muchos vecinos diabéticos, por lo que un porcentaje elevado de lo que dispensa son inhaladores, aerosoles y también medicamentos para la diabetes.

Esta enfermedad también se da en Villar, pero no hay tantas personas con EPOC.

La faceta humana

Por otro lado, aunque la dispensación la tiene que hacer sí o sí en la farmacia o el consultorio por mandato legal, sí puede acudir a algún domicilio para "explicarle algo a algún paciente o revisarle. Por su puesto, van el médico y la enfermera pero, si ellos no pueden ir, voy yo".

Es otro ejemplo más de la faceta humana que tiene ser farmacéutica en una zona rural, que unida a la profesional, son los dos aspectos que más le gustan y por los que no duda de que la decisión que tomó en su día fue la acertada.

El mejor sitio para aprender y desarrollarse

De hecho, a la hora de dirigirse a los jóvenes que acaban de terminar sus estudios de Farmacia, subraya que una farmacia rural "es el mejor sitio para aprender y desarrollarte profesionalmente. Los errores son más fácilmente absorbibles por la cercanía con la persona y con el médico".

Y destaca que también se aprende "a nivel económico, la gestión de una farmacia porque en una pequeña aprendes muy bien a gestionar qué es y a resolver la parte fea de ser autónomo".

En definitiva, hace hincapié en que trabajar en una farmacia rural tiene múltiples beneficios, el más importante, el de contar con vecinos que te hacen sentir una más, que ven cuándo estás contenta y cuándo tienes un mal día y "se preocupan" por su farmacéutica.

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