Patrimonio cultural
Leyendas que se pueden tocar: la nueva ruta que recorre la historia mitológica de Cañamero
El municipio de Cañamero inaugura una ruta cultural al aire libre con esculturas que evocan relatos populares, ofreciendo a vecinos y visitantes una nueva forma de explorar su identidad

Algunas de las esculturas de la ruta en Cañamero. / Cedida a El Periódico Extremadura

Cañamero ha convertido sus calles y alrededores en un itinerario cultural al aire libre. Esta transformación viene de la mano de la ruta 'Cañamero: de la mitología a la historia', una iniciativa que busca compartir con los visitantes todas aquellas historias que desde hace mucho tiempo forman parte del patrimonio cultural del municipio. El proyecto sigue distintos relatos de la memoria popular a través de un conjunto de esculturas inspiradas en relatos, personajes y leyendas del municipio.
La propuesta, fraguada durante años por el ayuntamiento del municipio, ha echado a andar como una nueva forma de leer el pueblo desde sus historias más conocidas, esas que han pasado de boca en boca y que ahora encuentran una traducción visible en piedra y metal. Además, el proyecto cuenta con la financiación de la Asociación para la Promoción y el Desarrollo Rural del Geoparque Mundial de la Unesco de Villuercas Ibores Jara (Aprodervi).
Una ruta para contar el pueblo desde sus relatos
La idea de fondo no es solo embellecer calles y rincones, sino ofrecer a vecinos y visitantes un paseo narrativo por la identidad de Cañamero. Cada una de las esculturas remite a una historia concreta, unas veces apoyada en hechos reales y otras sostenida por la tradición oral, de modo que el recorrido funciona como un puente entre la mitología popular y la historia local. La intención es que quien haga la ruta no vea solo una sucesión de piezas artísticas, sino un relato abierto sobre el pasado del municipio y sobre la forma en que ese pasado ha sido recordado por generaciones.
Entre las esculturas que articulan el recorrido sobresalen algunas vinculadas a episodios muy reconocibles en la memoria de la localidad. Una de ellas se inspira en la cueva de la Chiquita o de Álvarez, uno de los enclaves culturales más singulares del entorno de Cañamero, conocido tanto por su valor arqueológico como por el halo legendario que lo rodea. Este abrigo con pinturas rupestres, situado en el valle del río Ruecas, fue además la primera cueva con arte rupestre descubierta para la ciencia en la provincia de Cáceres, y su historia ha quedado envuelta con el tiempo en relatos populares que forman parte del imaginario local.
Otra de las piezas remite a la figura de la partera del castillo, una mujer que, según la tradición, ayudó en un parto complicado a la hija de un rey moro. Es precisamente esa convivencia entre hechos recordados, escenarios históricos y leyendas lo que da personalidad a la ruta. En Cañamero, donde el paisaje y la historia siempre han ido muy unidos, este nuevo itinerario busca fijar también una memoria que hasta ahora vivía sobre todo en el relato oral.
Además, otras figuras que forman parte del itinerario son las brujas, el maquis, el tío Camuñas y su chozo, el pintor de rocas, la gallina de los huevos de oro, el cuervo de la peste, la Cruz Rica de Sevilla, el oso que mató a Sancho Fernández, las lápidas funerarias o la nutria. Todas ellas remiten a un episodio, un personaje o una narración arraigada en la memoria del municipio y en su paisaje.
Textos para explicar la memoria del pueblo
Uno de los pilares del proyecto está en el contenido que acompaña a las piezas. Los textos informativos de la ruta han sido escritos por Pedro Alfonso Diosdado, que ha dado forma narrativa y contextual a cada una de las estaciones del recorrido. Esa aportación resulta clave para que la propuesta no se limite a una sucesión de esculturas, sino que funcione como una lectura cultural de Cañamero, capaz de explicar al visitante qué historia hay detrás de cada figura y por qué sigue formando parte de la memoria colectiva.
Ese trabajo de interpretación encaja además con el propio espíritu del proyecto. No se trata únicamente de mostrar obras, sino de ordenar un relato sobre el pueblo, de manera que quien haga la ruta pueda reconocer que detrás de cada pieza hay una voz antigua, una tradición conservada o un episodio que durante años se ha seguido contando de generación en generación.
La mirada artística de Lupe Arévalo
La fuerza visual del recorrido se sostiene en las obras de Lupe Arévalo, autora de las esculturas de madera que dan forma a la ruta. La artista, nacida en Zafra en 1984, se presenta como una escultora en madera especializada en motosierra, una disciplina en la que ha encontrado una herramienta para expresar una conexión muy estrecha con la naturaleza y con la nobleza del material. Su trabajo parte de troncos y árboles caídos o dañados, que recupera no solo por su forma física, sino también por el simbolismo que encuentra en ellos.
Esa forma de entender la escultura encaja de lleno con el proyecto de Cañamero. Arévalo no impone una figura sobre la madera, sino que trata de dialogar con ella, aprovechando sus vetas, su estructura y su huella previa para construir personajes que parecen surgir del propio árbol. Esa sensibilidad se percibe en las piezas repartidas por la ruta, donde la materia conserva un fuerte vínculo con el entorno y con la historia que representa. Su trabajo aporta al itinerario un lenguaje visual reconocible, muy orgánico y especialmente adecuado para un proyecto que quería fundir arte, leyenda y paisaje.
Una inauguración pendiente y un domingo con guiño festivo
La ruta cobra aún más sentido en un municipio que ya contaba con una fuerte base patrimonial y paisajística. Cañamero, en pleno Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, está rodeado de recursos históricos y naturales muy reconocibles, desde la propia Cueva de la Chiquita hasta los senderos que conducen al castillo, al desfiladero del Ruecas o a otros puntos del término donde se mezclan restos arqueológicos, miradores y parajes serranos. La nueva propuesta no sustituye esa oferta, sino que la complementa desde otra mirada, la del símbolo, la leyenda y el relato popular convertido en experiencia cultural.

Aunque la ruta ya puede recorrerse, el proyecto aún espera una inauguración oficial que el municipio confía en celebrar después de la Semana Santa con un acto específico en el propio pueblo. Mientras tanto, este Domingo de Resurrección sirve también para darle un primer impulso social con una actividad paralela ligada a una de las leyendas representadas. La gallina de los huevos de oro, presente también en el conjunto escultórico, ha bajado hoy simbólicamente al casco urbano para esconder trece huevos dorados con premios y cheques regalo, en una propuesta pensada más como acompañamiento festivo que como eje central del proyecto.
Más allá del juego de este domingo, la importancia de la ruta está en otra parte. Cañamero ha apostado por un modelo de arte público que no se limita a decorar, sino que interpreta el pueblo y lo cuenta. En un momento en el que las zonas rurales buscan nuevas formas de atraer visitantes sin perder autenticidad, esta propuesta se apoya en un material especialmente sólido: la memoria local. Convertir las leyendas en esculturas y las esculturas en recorrido significa, en el fondo, fijar una identidad y ofrecerla al visitante de una forma comprensible, paseable y reconocible.
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