Testimonio de la víctima
Maricarmen Rebollo cierra una etapa tras su accidente en el socavón entre Berzocana y Logrosán: "No creía en los milagros hasta ahora"
Maricarmen Rebollo, tras casi dos meses del accidente en la CC-428, ha visto salir su coche del socavón, un gesto que simboliza el final de una etapa marcada por el miedo y la ansiedad

La grúa se lleva, 52 días después, el coche que cayó por el socavón originado entre Berzocana y Logrosán. / CEDIDA

Han pasado 52 días desde aquel fatídico 12 de febrero en el que Maricarmen Rebollo caía con su coche por un socavón que se había originado en la carretera CC-428 cuando se dirigía desde Berzocana, donde reside, hasta Logrosán, donde trabaja como profesora de una formación. Desde aquel día, ha pasado por un duelo en el que ha sufrido todas y cada una de sus etapas. Incluso su voz es totalmente distinta a la de aquella mujer que, dolorida, relataba lo que le había ocurrido con lágrimas en los ojos. Este jueves, cuando ha visto las fotos en las que su coche salía definitivamente de ese socavón casi dos meses después gracias a los trabajos de Grúas Borrego, solo le salió llorar. Para ella, ha sido el gesto que simboliza el final de una etapa marcada por el miedo, la ansiedad y una recuperación emocional que va a ser mucho más larga que la física.
El coche
Para Rebollo, el coche "eran mis pies y mis manos" y ahora se despide de "una parte de mi vida". También de una rutina que quedó rota de golpe por ese accidente. Con él, ha recorrido todas Las Villuercas, se desplazaba a trabajar y afrontaba sus necesidades familiares más cercanas. Por eso, ver cómo salía del lugar en el que quedó atrapado desde aquel amanecer de febrero le provocó una mezcla de tristeza y alivio. Eso sí, también le agradece "haberme salvado la vida", ya que considera que gracias al vehículo no murió en el accidente.

DIPUTACIÓN DE CÁCERES
La mujer, que cayó con su vehículo al socavón provocado por el desprendimiento del terreno tras semanas de intensas lluvias, sostiene que ver de nuevo el coche le ha hecho revivir la magnitud de lo ocurrido. Recuerda que, al contemplarlo tiempo después del accidente, pudo comprobar con claridad que había dado vueltas de campana y que terminó varios metros más abajo, en una posición que todavía hoy le resulta impactante. De hecho, insiste en que fue un "milagro" haber salido con vida de aquel lugar. Este jueves, para ella, ha sido una especie de punto y final simbólico.
Una etapa dura
Rebollo reconoce que este tiempo ha estado marcado por la tristeza, la soledad y el miedo. Asegura que lo ocurrido no solo interrumpió su rutina, sino que alteró por completo su día a día y su forma de afrontar algo tan cotidiano como desplazarse. El accidente le obligó a rehacer su vida desde cero en muchos aspectos y le dejó una sensación de vulnerabilidad que hasta entonces no había conocido. Pese a todo, ha intentado mantenerse ocupada para no quedarse atrapada en lo sucedido. Estudiar y centrarse en sus tareas le ha servido en parte como vía de escape. Aun así, admite que emocionalmente el golpe ha sido muy profundo y que el proceso de recuperación ha sido mucho más complejo de lo que podía imaginar en los primeros días, cuando aún no era plenamente consciente de la gravedad de lo ocurrido.

Guardia Civil
Además, le ha llegado otra gran alegría: el próximo lunes tiene previsto reincorporarse al trabajo, otro paso importante dentro de ese camino de vuelta a la normalidad. Pero para llegar hasta ahí, ha tenido que pasar mucho. Sufrió ansiedad, un fuerte dolor en la espalda que le impedía hacer vida normal, un golpe en el pecho, un esguince en la rodilla, muchas visitas a fisioterapeutas y traumatólogos e, incluso, acudir a un psicólogo: "Nunca pensé que tendría que recurrir a ello, pero lo pasé fatal. Lo necesitaba porque mi autoestima estaba por los suelos", sentencia.
Que la situación no se repita
Junto a ese cierre emocional, Rebollo mantiene intacta la reclamación que ya expresó tras el accidente: que la obra en la carretera se haga bien y que nadie vuelva a pasar por una situación similar. Insiste en que lo sucedido pudo tener consecuencias todavía mucho más graves y en que esa vía, aunque comarcal, es utilizada por numerosos trabajadores y vecinos de la zona.
Por eso, pide que la actuación que se lleve a cabo sea rigurosa y segura. No lo plantea ya solo desde su experiencia personal, sino desde la convicción de que lo ocurrido no puede repetirse. Después de casi dos meses de recuperación y de un día tan cargado de simbolismo como este jueves, su mensaje sigue siendo el mismo: cerrar su propia herida, sí, pero también evitar que otra persona tenga que abrir la suya en ese mismo lugar.
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