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Historia

Cáparra, la ciudad romana olvidada: un viaje por sus ruinas y su papel clave en la Hispania antigua

Enclavada en la antigua Lusitania, Cáparra, con su trazado ortogonal y foro central, fue un importante municipio romano que alcanzó su apogeo en época flavia, como muestran sus ruinas. Aunque menos conocida que Mérida, ofrece la experiencia única de recorrer una ciudad romana sin masificaciones, revelando su importancia histórica y arquitectónica

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P. P.

Cáceres

En el norte de la provincia de Cáceres, entre suaves dehesas y antiguos caminos, yacen las ruinas de Cáparra, una ciudad romana que, sin alcanzar la fama de grandes urbes como Mérida o Tarraco, desempeñó un papel esencial como núcleo de comunicación, comercio y organización territorial en la Hispania antigua.

Situada entre los actuales términos de Guijo de Granadilla y Oliva de Plasencia, Cáparra formaba parte de la provincia romana de Lusitania, integrada en el Convento Emeritense cuya capital era Mérida. Su posición era privilegiada: se encontraba en plena Vía de la Plata, una de las principales rutas que vertebraban la península ibérica de sur a norte.

Este carácter de cruce de caminos no solo explica su desarrollo, sino también su propio nombre, de origen prerromano -probablemente vetón-, que podría significar “lugar de intercambio” o mercado. Y es que desde Cáparra partían rutas hacia el valle del Jerte, así como conexiones hacia distintos puntos mediante puentes sobre los ríos Ambroz y Alagón.

Una ciudad romana de trazado ejemplar

Cáparra fue una ciudad de tamaño medio, de unas 14-16 hectáreas intramuros, pero perfectamente organizada según el modelo urbano romano. Su trazado seguía un esquema ortogonal o hipodámico, estructurado en torno a dos grandes ejes: el cardo maximus (norte-sur) y el decumanus maximus (este-oeste), coincidente con la propia Vía de la Plata.

En la intersección de ambas vías se encontraba el corazón urbano: el foro, centro político, religioso y económico. A su alrededor se distribuían los principales edificios públicos, como la basílica judicial, la curia y templos religiosos.

Las calles, pavimentadas con losas de granito, contaban con sistemas de drenaje y estaban flanqueadas por pórticos bajo los que se alineaban las tabernae, pequeñas tiendas que reflejan la intensa actividad comercial de la ciudad.

El origen de Cáparra parece estar ligado a su función como mansio, es decir, una estación de descanso y abastecimiento para viajeros y comerciantes. Pero, con el tiempo, la ciudad fue creciendo en importancia.

Inicialmente considerada ciudad estipendiaria -obligada a tributar a Roma-, experimentó su gran transformación a partir del Edicto de Latinidad promulgado por Vespasiano en el año 74 d.C. Desde entonces pasó a ser un municipium latino, lo que permitió a sus élites acceder a la ciudadanía romana.

Durante este periodo, especialmente en época flavia, Cáparra vivió su mayor esplendor, adoptando plenamente la arquitectura y organización propias de las ciudades romanas.

El símbolo de Cáparra: un arco único en España

El elemento más emblemático del yacimiento es su impresionante arco cuadrifronte o tetrapylon, una estructura monumental única en la península ibérica. Situado en el centro de la ciudad, marcando el cruce de sus principales calles, este arco de más de 13 metros de altura no era solo decorativo: simbolizaba el poder, la organización urbana y el prestigio de la ciudad. Fue erigido probablemente a finales del siglo I por el magistrado Marcus Fidius Macer.

Hoy, sigue siendo la imagen más reconocible de Cáparra y uno de los vestigios romanos mejor conservados de Extremadura.

Arco cuadrifonte de Cáparra.

Arco cuadrifonte de Cáparra. / Reserva Extremadura

La ciudad contaba con todos los elementos característicos de una urbe romana: termas públicas, situadas junto al decumanus, que combinaban funciones higiénicas y sociales; un anfiteatro, destinado a espectáculos; las domus o viviendas privadas; y una necrópolis en el exterior.

El abastecimiento de agua, fundamental para las termas y la vida urbana, procedía probablemente de un embalse cercano, distribuido mediante canalizaciones cerámicas. Todo ello refleja una ciudad activa, organizada y plenamente integrada en la cultura romana.

Declive y abandono

A partir de la Alta Edad Media, Cáparra inició un lento proceso de despoblación. Factores como la inestabilidad, las invasiones y los cambios en las rutas de comunicación contribuyeron a su abandono definitivo tras la invasión musulmana.

Durante siglos, el lugar quedó prácticamente desierto. Las escasas menciones medievales hablan ya de una ciudad en ruinas. Incluso en época moderna, los restos fueron expoliados: uno de sus arcos llegó a ser parcialmente desmontado en el siglo XVIII.

Ruinas de Cáparra.

Ruinas de Cáparra. / Guías de Rutas y Viajes

El aislamiento aumentó con la construcción de nuevas infraestructuras, como la carretera N-630 en el siglo XIX y el ferrocarril en el XX, que dejaron de lado el antiguo trazado de la Vía de la Plata.

Redescubrimiento arqueológico

Las primeras excavaciones modernas comenzaron en 1929, sacando a la luz templos, necrópolis y el trazado urbano. Desde finales del siglo XX, nuevas campañas han permitido descubrir las mencionadas termas, el foro o los tramos originales de la calzada romana.

Hoy, el yacimiento está bien señalizado y cuenta con un centro de interpretación que ayuda a comprender la vida en la antigua ciudad.

Aunque menos conocida que otras ciudades romanas, Cáparra ofrece una experiencia única como es la posibilidad de recorrer una ciudad antigua sin masificaciones, en un entorno natural de encinas y alcornoques. Su importancia no radica solo en sus monumentos, sino en lo que representa: un modelo de ciudad de tránsito, nacida del camino y para el camino, que articuló el territorio entre el valle del Tajo y la sierra de Gredos.

Hoy, su nombre sobrevive incluso en el lenguaje popular -“y así se despobló Cáparra”- recordando cómo, poco a poco, un lugar lleno de vida puede quedar en silencio.

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