Fiestas regionales
“¡San Jorge, mira pa’ lo mío!”: Navaconcejo se prepara para festejar a su patrón
Con la vista ya puesta en la próxima campaña cerecera, Navaconcejo se prepara para vivir uno de sus días más grandes del año: la fiesta de San Jorge, su patrón

Traslado de San Jorge en 2023. / E.P.
Juan Pedro Recio Cuesta
Los quintos del 2008 ya están rondando por las calles de Navaconcejo y eso es señal de que se aproxima el 23 de abril, uno de los días más grandes del año para este pueblo enclavado en el Valle del Jerte en el que celebra a su patrón, San Jorge.
Navaconcejo es una población que puede presumir –y con razón– de estar situada en un entorno natural extraordinario, ubicándose dentro de su término municipal auténticos tesoros naturales como, por ejemplo, la famosa garganta de las “Nogaleas”, visitada por decenas de miles de personas a lo largo de todo el año. Navaconcejo también conserva testimonios históricos y patrimoniales que hablan de su rico pasado: la antigua fábrica de sayales vinculada al ya extinto convento de Santa Cruz de Tabladilla, la casa de la Inquisición, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la ermita del Santísimo Cristo del Valle o el propio nombre de una de sus calles principales, la Cañada Real, son, entre otros, una buena muestra de ello.

Quintos y familiares montando el ramo. / E.P
Navaconcejo, en su pasado más reciente, fue una de las primeras poblaciones del valle que apostó decididamente por el monocultivo del cerezo, siendo pionera también en el cooperativismo; en el presente, cuenta con múltiples servicios que lo convierten en un pueblo próspero. Y Navaconcejo también tiene costumbres y tradiciones muy arraigadas. Cada 20 de enero, el Taraballo, una botarga de invierno que conserva rasgos de rituales propios de tiempos ancestrales, recorre las calles de la localidad. Ahora, cuando el valle se viste de un verde intenso y ya se prepara para iniciar, en pocos días, la campaña de la recolección de la cereza, Navaconcejo ultima los detalles para vivir uno de sus días más grandes.
23 de abril
Y ese día es el 23 de abril, una fecha señalada para Navaconcejo desde hace siglos, pues en la información que se proporciona en las respuestas enviadas desde esta población, en 1791, para confeccionar el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, ya se indicaba que, en la entonces villa, este era ya un día destacado en el que se celebraba “función de yglesia [sic] a San Jorge”. Aunque, ya en la actualidad, es habitual que haya festejos los días previos –especialmente en la víspera–, esta jornada, declarada como festivo local, comienza temprano, pues a media mañana el pueblo acude en masa a la ermita de San Jorge, la cual acoge la talla del santo del mismo nombre, patrón de la localidad.

San Jorge con cerezas. / E.P
El componente de romería está presente en este festejo, pues tanto en la ermita como en sus alrededores, es donde se desarrollan –si el tiempo lo permite– los actos matinales de este día tan señalado. La actual ermita, un sobrio pero bello edificio barroco de cantería y mampostería de una sola nave que cuenta con un pórtico de madera en su entrada principal, se ubica en un extraordinario mirador natural hacia la población y hacia la parte norte del valle. De ella sale la imagen de San Jorge y, a partir de este momento, los quintos son uno de los principales protagonistas en la celebración.
Ellos –que van ataviados con un pañuelo que llevan bajo los hombros–y ellas– con mantilla y peineta–, participan de manera activa en la ceremonia que se realiza cada mañana del día 23, pues son los encargados de portar una de las principales ofrendas que se realizan a San Jorge –que no la única–: un ramo repleto de roscas, que suelen ser elaboradas por sus familias.
"¡Mira pa’ lo mío!"
Tras celebrarse la misa en su honor en un singular paraje natural cercano a la ermita y ya ejecutados todos los pormenores de esta tradición (la ofrenda del bizcochón, la sacudida del ramo para que caigan las roscas o el canto de las coplas), antes de que su patrón regrese de nuevo a su lugar habitual, los habitantes de Navaconcejo, en un ritual propio que nos recuerda a los realizados por diferentes civilizaciones a lo largo de los siglos, suelen dirigirle, mientras se le da tres vueltas alrededor de la ermita, la ya tradicional petición: “¡San Jorge, mira pa’ lo mío!”, en referencia a que este propicie una buena cosecha de cerezas, un fruto que el propio San Jorge suele habitualmente llevar –en forma de piña– este día.
Al finalizar el acto y ya con el santo de vuelta en su ermita, los asistentes regresan en masa al pueblo, en donde se degusta, principalmente, ponche, dulces, pan y queso. Y allí ya continúan los festejos hasta bien entrada la noche.

Misa en el paraje cercano a la ermita. / E.P
En estos días previos a la fiesta, Navaconcejo se prepara para vivir uno de sus días más esperados y especiales del año. Confiemos en que las peticiones a San Jorge se cumplan y que sus habitantes, los del conjunto del valle, así como los de las comarcas vecinas, tengan una buena campaña de cereza, fruta que es el motor económico de este vergel del norte cacereño. Y que, por supuesto, reciban un precio justo acorde al trabajo que realizan durante todo el año, que es mucho.
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