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Infraestructura indispensable

La presa de Villar de Plasencia, clave para el suministro de agua de dos municipios cacereños

La presa, construida en 1988, garantiza el abastecimiento de agua potable para Villar y Oliva de Plasencia y su capacidad es de 55 millones de litros

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Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Plasencia

La presa de Villar de Plasencia es una infraestructura pequeña en tamaño pero decisiva para la vida diaria tanto de este municipio de la provincia de Cáceres como de su vecino Oliva de Plasencia. De hecho, su papel en el abastecimiento de agua volvió a situarse en primer plano tras el incendio de Jarilla del verano del año pasado, cuando las administraciones activaron medidas para evitar problemas de suministro por el arrastre de cenizas hacia las captaciones.

Una presa modesta con un papel esencial

Según la información de la Confederación Hidrográfica del Tajo, la presa se sitúa sobre la Garganta de la Oliva, en el término municipal de Villar de Plasencia, y fue construida con el objetivo principal de garantizar el abastecimiento de agua potable. La obra terminó en el año 1988 y se trata de una presa de tipo gravedad, lo que significa que es su propio peso el que se encarga de resistir el empuje del agua.

Este tipo de presas están construidas normalmente en hormigón y, en el caso de la de Villar, alcanza una altura sobre cimientos de 19,85 metros y presenta una capacidad de desagüe de 24,62 metros cúbicos por segundo.

Por otro lado, el embalse asociado a la presa tiene una superficie total de 0,93 hectáreas y una capacidad a nivel máximo normal de unos 55 millones de litros, con uso específico de abastecimiento. La propia Confederación subraya que están prohibidos el baño y la navegación y, aunque se trata de una infraestructura de pequeña escala, su función es esencial para el equilibrio hídrico de Villar de Plasencia y su entorno.

El sistema que comparten Villar y Oliva

La importancia comarcal de esta presa no se limita a Villar. El Plan Hidrológico de la Demarcación del Tajo 2022-2027 incluye entre las zonas de abastecimiento superficial la identificada como E. Villar de Plasencia - La Oliva, una denominación oficial que vincula el embalse con el suministro de ambos municipios.

A esa conexión se suma la infraestructura de tratamiento de Oliva de Plasencia. Respecto a esta, la Diputación de Cáceres ya informó en julio de 2021 de la finalización de obras de mejora en la Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP) de la localidad, con una inversión conjunta de 66.162,15 euros. Entre las actuaciones realizadas entonces, figuró la instalación de un nuevo sistema de decantación y la mejora del rendimiento de la estación, precisamente para reforzar la capacidad de tratamiento del agua recibida desde el embalse.

El incendio de Jarilla puso a prueba el abastecimiento

La vulnerabilidad del sistema quedó especialmente expuesta tras el gran incendio de Jarilla del verano pasado. La Junta de Extremadura explicó en noviembre de ese año que las actuaciones impulsadas por la administración regional, el Ministerio para la Transición Ecológica y la Confederación Hidrográfica del Tajo buscaban evitar el desabastecimiento provocado por los arrastres de cenizas y tierras hacia los azudes y captaciones. La Junta cifró entonces en más de 16.000 hectáreas la superficie arrasada por el fuego y en tres millones de euros la inversión movilizada en la zona afectada.

Vídeo | La huella de la tragedia: las imágenes de la 'zona cero' del incendio de Jarilla

Carlos Gil

Dentro de ese dispositivo, la administración regional detalló que la Confederación construyó 35 gaviones sobre la presa de Oliva de Plasencia y Villar de Plasencia para frenar el impacto de los arrastres. Además, el gobierno extremeño precisó que las obras permitían captar agua de gargantas no contaminadas por el incendio, bombearla mediante nuevas tuberías y conducirla hasta depósitos municipales previamente cerrados para evitar la entrada de agua afectada.

En cuanto a zona quemada, la Junta la cifró en 773,82 hectáreas en Villar de Plasencia, y 415,79 hectáreas en Oliva.

La Diputación de Cáceres, por su parte, informó en octubre de que el consorcio MásMedio ponía a disposición de los ayuntamientos afectados equipo técnico y camiones cisterna en caso de que el agua se viera alterada por el arrastre de cenizas en episodios de lluvia. Esa respuesta institucional da una medida bastante precisa de hasta qué punto el abastecimiento de estos municipios podía verse comprometido por la contaminación de las captaciones.

Una infraestructura pequeña, pero estratégica

En suma, la presa de Villar de Plasencia no es una grandiosa infraestructura y no se encuentra entre los grandes embalses extremeños, pero su peso real no se mide en hectómetros cúbicos sino en servicio público. ¿El motivo? Que sostiene el abastecimiento cotidiano de dos pueblos del norte cacereño; alimenta una red que requiere un tratamiento posterior en Oliva y forma parte de un sistema que, como se vio en el otoño de 2025, puede resentirse con rapidez cuando el monte arde y las lluvias arrastran cenizas hasta el agua de consumo.

Por eso, la historia de esta presa es también la de una infraestructura discreta que condiciona la vida diaria de dos municipios. Su construcción hace más de treinta años respondió a una necesidad básica que sigue vigente hoy día, la de garantizar que Villar de Plasencia y Oliva de Plasencia tengan un suministro estable y seguro, incluso cuando el territorio de alrededor afronta una situación extrema como fue la del incendio.

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