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Patrimonio

Puentes en el norte de Cáceres: del legado romano de Cáparra a los caminos rurales de Malpartida de Plasencia

Tres municipios cacereños, Oliva, Villar y Malpartida de Plasencia, exhiben puentes que narran la evolución del territorio, desde la antigüedad hasta las rutas ganaderas

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Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Plasencia

El norte de Cáceres conserva puentes que explican mucho más que un paso sobre un río o un arroyo. Entre Oliva de Plasencia, Villar de Plasencia y Malpartida de Plasencia, estas construcciones enlazan patrimonio romano, vías pecuarias, caminos tradicionales y paisaje.

Cáparra, el puente romano de la Vía de la Plata

El más reconocido de los tres ámbitos es el puente romano de Cáparra, situado en el entorno de Oliva de Plasencia y vinculado al antiguo trazado de la Vía de la Plata. Se levanta sobre el río Ambroz y forma parte del conjunto arqueológico de la ciudad romana de Cáparra, uno de los grandes referentes patrimoniales del norte extremeño.

La Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura destaca de esta infraestructura su origen romano, del siglo I, que servía a la ciudad de la que toma el nombre. También subraya que se mantiene en pie y en condiciones de uso gracias a las remodelaciones y modificaciones que ha sufrido a lo largo de los siglos.

Monumento histórico desde 1931

Pero su importancia no es solo turística. El puente forma parte de un enclave protegido desde hace casi un siglo. Como curiosidad, La Gaceta de Madrid publicó el 4 de junio de 1931 la declaración del arco, las ruinas y el puente de la ciudad romana de Cáparra como Monumento Histórico-Artístico, integrado en el Tesoro Artístico Nacional. La documentación actual del Ministerio de Cultura y de la Junta de Extremadura lo mantiene dentro del ámbito de protección de la ciudad romana de Cáparra.

La resolución publicada en el BOE este mismo año para incoar la declaración de Bien de Interés Cultural de la Ciudad romana de Cáparra y su territorio señala que el conjunto está vinculado a los términos municipales de Oliva de Plasencia, Guijo de Granadilla, Jarilla y Casas del Monte. En el núcleo principal, incluye expresamente el puente romano sobre el río Ambroz, además del anfiteatro, las necrópolis, la presa, los alfares y otros elementos asociados.

Un paso de 1792 en Villar de Plasencia

Villar de Plasencia conserva otro puente de interés, aunque de naturaleza distinta. La web municipal lo sitúa junto a la ermita de San Antonio de Padua y lo fecha en 1792, construido por mandato del obispo de Plasencia Gonzalo Laso Santos de San Pedro. Forma parte del inicio del camino real a Plasencia y de una vía pecuaria.

No es un puente romano ni tiene la proyección monumental de Cáparra, pero su valor reside precisamente en esa escala local. Es una pieza vinculada al tránsito cotidiano, a los caminos históricos y a la organización del territorio en torno a Plasencia. En pueblos como Villar, estos pasos explican la conexión entre ermitas, rutas ganaderas y comunicaciones tradicionales.

La información municipal lo incorpora dentro del apartado de patrimonio local, junto a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y las ermitas barrocas de San Bartolomé y San Antonio de Padua. No se trata, por tanto, de un elemento aislado, sino parte de un pequeño conjunto de arquitectura religiosa y popular.

Malpartida, caminos y arroyos en el entorno de Monfragüe

En Malpartida de Plasencia se encuentra el puente Camino la Herrera, un paso ligado a caminos rurales y al paisaje del término municipal.

La web patrimonial de Malpartida de Plasencia señala que el municipio tiene una extensa superficie, 36.667 hectáreas, y que se enclava entre el valle del Tiétar y la comarca de Monfragüe. También subraya su relación histórica con las cañadas ganaderas, un dato clave para comprender la importancia de los pasos sobre arroyos como el Barbaón en un término marcado por rutas, dehesas y comunicaciones tradicionales.

A esa red de caminos se suma el entorno de Monfragüe. La información del Parque Nacional recoge varias rutas que parten o pasan por Villarreal de San Carlos y conectan con Malpartida de Plasencia, Serradilla o Torrejón el Rubio. En esos itinerarios aparecen pasos como el pequeño puente sobre el arroyo Malvecino, el Puente del Horquillo sobre el río Barbaón o el Puente Viejo del arroyo de la Vid, no todos en el término de Malpartida.

Tres escalas de una misma historia

En suma, Oliva, Villar y Malpartida ofrecen tres tipos diferentes de puentes. Cáparra representa la gran infraestructura romana y la memoria de la Vía de la Plata. Villar conserva un paso dieciochesco vinculado al camino real, a la ermita y a la vía pecuaria. Malpartida cuenta con una red más dispersa de arroyos, cordeles y rutas rurales, donde el puente funciona como pieza de conexión en un paisaje amplio.

Desde el Ambroz hasta el Barbaón, pasando por los accesos tradicionales de Villar, los puentes no solo salvaron cauces. También ordenaron el movimiento de personas, ganado y mercancías en una zona que siempre ha vivido entre la montaña, la dehesa, los ríos y la ciudad de Plasencia.

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