Despoblación
Entre curvas, montañas y silencio: los pueblos más escondidos y lejanos de la provincia de Cáceres
Robledillo de Gata, Ovejuela o El Gasco son ejemplos de localidades que exigen un esfuerzo para llegar, pero cuya belleza y singularidad justifican el viaje

Pablo Parra
La provincia de Cáceres está llena de rincones que merecen ser visitados al menos una vez en la vida. Sin embargo, no todos son igual de accesibles y, en algunos casos, se encuentran prácticamente aislados.
Ya sea en el fondo de un valle, en lo alto de un cerro o tras una larga carretera llena de curvas. En otros casos ocurre que el aislamiento no es físico, sino más bien mental. Pueblos que se encuentran a casi dos horas de la capital provincial y que parecen pertenecer a otro territorio distinto, mucho más conectado con Salamanca, Portugal o incluso con la vieja memoria de la España rural que con la propia ciudad de Cáceres.
Robledillo de Gata: la recompensa al final del camino
Robledillo de Gata, en la comarca de Sierra de Gata, es uno de los pueblos más singulares de Extremadura y uno de los más bonitos de España. Sin embargo, llegar hasta él obliga a recorrer la CC-115, una carretera estrecha y serpenteante que atraviesa el valle del Árrago entre montañas cubiertas de vegetación.
El trayecto pasa junto a localidades como Cadalso o Descargamaría, donde el verano gira alrededor de las piscinas naturales y el río. Pero Robledillo aparece casi de repente, encajado entre montañas y conservando intacta una arquitectura tradicional donde predominan la pizarra, el adobe y las piedras de río.

Carretera de acceso a Robledillo de Gata, en Google Maps. / E.P
Allí, el aislamiento se convierte también en parte de su encanto. El silencio, el sonido constante del agua y las calles estrechas hacen sentir al visitante que ha retrocedido varias décadas.
El caso de Las Hurdes: pueblos escondidos entre montañas
Si existe una comarca ligada históricamente al aislamiento en Cáceres, esas son Las Hurdes. Sus montañas, valles y carreteras imposibles hicieron que durante siglos muchos de sus pueblos permanecieran prácticamente desconectados del resto de España.
Uno de los ejemplos más llamativos es Ovejuela. El pequeño pueblo hurdano, de poco más de un centenar de habitantes, solo tiene un acceso por carretera: la CC-120. No hay alternativa. Si esa vía quedara cortada por un incendio forestal, un desprendimiento o cualquier emergencia, el pueblo quedaría completamente aislado.

Carretera de acceso a Ovejuela. / E.P
La carretera atraviesa un inmenso pinar durante más de 6 kilómetros donde apenas existen cruces, viviendas o cobertura telefónica. Sin embargo, al final del recorrido espera uno de los rincones más verdes y espectaculares de la provincia. Muy cerca se encuentra además el Chorrito de Ovejuela, una pequeña cascada accesible a través de una sencilla ruta senderista.
Más al norte aparece El Gasco, otro de esos pueblos que parecen terminar donde acaba el asfalto. El acceso por la CC-137 atraviesa Martilandrán y Fragosa antes de llegar a este núcleo hurdano rodeado de montañas. Allí, además de la arquitectura negra típica de la comarca, se encuentra uno de los fenómenos geológicos más curiosos de Extremadura: el conocido como Volcán de El Gasco, que en realidad sería el resultado del impacto de un meteorito hace millones de años.
Y todavía más extremo resulta el caso de Avellanar. Este diminuto núcleo hurdano llegó a contar con apenas un habitante censado y representa como pocos la imagen de la España vaciada en la provincia de Cáceres.
Los más alejados de la capital
En el oeste de la provincia aparece otro tipo de aislamiento: el de la distancia. Cedillo se encuentra en el extremo fronterizo con Portugal, prácticamente rodeado por el río Tajo y lejos de cualquier gran núcleo urbano.
Desde Cáceres capital hay cerca de dos horas de carretera mientras que de Portugal se encuentra a solo 5 minutos. El trayecto transcurre por la N-521 y la EX-374 atravesando dehesas y rectas interminables hasta llegar a uno de los lugares más periféricos de Extremadura. Una vez pasado Salorino, no hay más pueblos en los 40 minutos de trayecto restante. Solo pura naturaleza extremeña.

Frontera de España y Portugal de Cedillo. / Blog Fronteras
Allí, el paisaje cambia completamente. El Parque Internacional Tajo Internacional domina el entorno y Portugal aparece al otro lado del agua. Durante décadas, la sensación de frontera y lejanía marcó la vida cotidiana del municipio.
En el extremo norte de Las Hurdes se encuentra Las Mestas, una pequeña alquería situada prácticamente en el límite entre Extremadura y Castilla y León, junto a su vecina y también lejana Ladrillar. Su ubicación hace que muchos vecinos tengan más relación histórica y comercial con la provincia de Salamanca que con la propia capital cacereña. Rodeado por montañas y por el entorno natural de Las Batuecas, el pueblo mantiene esa sensación de territorio apartado donde todo sucede más despacio.
Las carreteras estrechas y el relieve montañoso convierten cualquier desplazamiento en un trayecto largo, especialmente durante el invierno o los días de niebla. Desde Cáceres ciudad son prácticamente 2 horas, más de lo que lo separa de Salamanca capital.
Por su parte, en el este provincial Alía representa otro de esos enclaves donde el aislamiento forma parte del paisaje. Situado en plena comarca de Villuercas-Ibores-Jara, este pequeño núcleo, a también casi dos horas de Cáceres, es vecino de otro de los pueblos más especiales de la región: Guadalupe.

Recorrido a Alía. / E.P
El acceso discurre entre zonas de baja densidad poblacional, lo que prolonga los tiempos de viaje y refuerza la sensación de lejanía. A pesar de ello, el entorno natural que lo rodea forma parte de uno de los espacios más valiosos y menos alterados de toda Extremadura.
Piornal: el pueblo más alto de Extremadura
El caso de Piornal no destaca tanto por su lejanía como por su ubicación. Situado a más de 1.100 metros de altitud, es el pueblo más alto de Extremadura y uno de los más singulares de la provincia. Subir hasta él implica abandonar el Valle del Jerte y ascender por una carretera de montaña que, especialmente en invierno, puede quedar marcada por la niebla, el hielo o incluso la nieve. Su pueblo más cercano es Barrado, a 10 minutos.
Desde arriba, las vistas son espectaculares. El Jerte queda varios cientos de metros más abajo y la sensación es la de vivir literalmente sobre las montañas. Ese aislamiento geográfico ha contribuido también a conservar tradiciones únicas como Jarramplas, una de las fiestas más conocidas de Extremadura.

Nieve en Piornal. / Juan Pedro Recio Cuesta / Cedidas
En la provincia de Cáceres el aislamiento rara vez es solo una cuestión de kilómetros. Es también de curvas interminables, de carreteras que se estrechan como si quisieran desaparecer, de silencios que empiezan mucho antes de llegar al destino. Y, sin embargo, en ese aislamiento que a veces parece olvido, los pueblos no se apagan: se defienden, se reinventan y siguen latiendo con una intensidad que solo se entiende cuando uno llega hasta ellos.
Al final, en estos rincones donde el mapa se vuelve más difuso y el viaje pesa más que la distancia, uno descubre que la lejanía no resta vida: la concentra. Y, sobre todo, que cuanto más difícil es llegar a un lugar, mayor termina siendo la recompensa.
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