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Gastronomía

El Valle del Jerte se viste de rojo con la campaña de la cereza, motor económico y cultural cacereño

El Valle del Jerte alberga un millón y medio de cerezos, con la variedad ambrunés como reina de la picota más apreciada en mercados nacionales e internacionales

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Cáceres

Hablar de la primavera en el norte de Cáceres es hablar inevitablemente de la cereza del Jerte. Tras el espectáculo natural de la floración de los cerezos que cada año atrae a miles de visitantes al Valle del Jerte, la comarca entra ahora en otra de sus etapas más importantes: la campaña de recolección y celebración de la llamada Cerecera, una época en la que el fruto rojo se convierte en el centro de la vida económica, social y turística de toda la zona.

Entre mayo y julio, el paisaje del valle cambia por completo. Los bancales escalonados comienzan a llenarse de trabajadores, tractores y cajas de fruta mientras cooperativas, almacenes y empresas hortofrutícolas trabajan a pleno rendimiento para sacar adelante una de las campañas agrícolas más importantes de Extremadura.

La cereza no es únicamente un producto agrícola en el Jerte. Es el principal sustento económico de miles de familias, un símbolo de identidad comarcal y una de las imágenes más reconocibles de la región dentro y fuera de España.

La Cerecera: una fiesta en torno a la cereza

La llamada Cerecera es el conjunto de actividades culturales, gastronómicas, turísticas y festivas que se desarrollan cada año coincidiendo con la maduración y recogida de la cereza. Organizada por la Sociedad para la Promoción y el Desarrollo del Valle del Jerte (Soprodevaje) y distintos municipios del valle, la programación incluye mercados, jornadas gastronómicas, visitas guiadas, rutas senderistas, degustaciones, actividades deportivas y experiencias vinculadas al mundo agrícola.

La Cerecera se ha consolidado en los últimos años como uno de los grandes reclamos turísticos del norte extremeño, complementando la temporada de la floración del cerezo y permitiendo extender la llegada de visitantes durante buena parte de la primavera y el inicio del verano.

Galería | Así son las cerezas del Jerte

Galería | Así son las cerezas del Jerte / E.P.

Durante estas semanas, restaurantes y alojamientos rurales de localidades como Cabezuela del Valle, Navaconcejo, Jerte, Tornavacas o Rebollar registran un notable aumento de visitantes atraídos por el producto estrella de la comarca.

Un millón y medio de cerezos

El Valle del Jerte alberga alrededor de un millón y medio de cerezos distribuidos en pequeñas explotaciones familiares situadas en laderas de montaña y bancales construidos durante generaciones. La estructura minifundista del valle sigue marcando el modelo agrícola de la comarca. Muchas familias poseen pequeñas parcelas heredadas donde continúan cultivando cereza de manera tradicional.

La campaña de recolección moviliza cada año a miles de trabajadores y representa el momento económico más importante para numerosos municipios del norte cacereño.

Además del Jerte, la producción también se extiende a zonas cercanas de La Vera y el Valle del Ambroz, aunque la marca más reconocida sigue siendo la vinculada al Valle del Jerte y a su Denominación de Origen Protegida.

Cereza y picota: las diferencias

Aunque en muchas ocasiones se utilizan como sinónimos, la cereza y la picota no son exactamente lo mismo. La cereza convencional se recoge con rabito o pedúnculo, mientras que la picota se desprende directamente del árbol durante la recolección y se comercializa sin él.

La picota es además el producto más característico y exclusivo del valle. Solo determinadas variedades cultivadas en la comarca pueden comercializarse bajo el sello de la Denominación de Origen Protegida Cereza del Jerte.

Este distintivo garantiza el origen, la calidad y el cumplimiento de estrictos controles de producción y comercialización. Es visible también en otro productos muy típicos de la región como la Torta del Casar o el Pimentón de La Vera.

Las variedades más apreciadas

La campaña comienza normalmente con variedades tempranas de cereza y avanza progresivamente hacia las más tardías y valoradas, especialmente las picotas. Entre las variedades más conocidas destacan el ambrunés, considerada la reina de la picota por su sabor intenso, textura firme y gran capacidad de conservación.

Le siguen el Pico Negro, Pico Colorado o Pico Limón Negro. La variedad ambrunés concentra buena parte de la producción amparada por la denominación de origen y es una de las más demandadas tanto en España como en mercados internacionales.

Galería | Así son las cerezas del Jerte

Galería | Así son las cerezas del Jerte / E.P.

Las cerezas del Jerte se exportan cada año a numerosos países europeos y su calidad ha convertido al producto en uno de los referentes de la fruta española.

Una recogida artesanal

La recolección de la cereza sigue realizándose prácticamente de forma manual. La orografía del valle, marcada por fuertes pendientes y bancales estrechos, dificulta la mecanización. Los trabajadores recogen cuidadosamente el fruto directamente del árbol para evitar daños y garantizar su calidad comercial.

Las jornadas suelen comenzar a primeras horas de la mañana para evitar las altas temperaturas y preservar mejor la fruta. Una vez recogidas, las cerezas pasan a cooperativas y centrales hortofrutícolas donde se clasifican por tamaño, color, firmeza y calidad antes de su distribución.

En plena campaña, la actividad se multiplica en las carreteras y pueblos del valle, donde el movimiento constante de cajas, vehículos agrícolas y temporeros transforma completamente la rutina de la comarca.

El clima condiciona cada campaña

El sector vive pendiente cada año de la meteorología. Las lluvias intensas durante la maduración pueden provocar el agrietamiento del fruto, mientras que el exceso de calor acelera la recogida y reduce la vida útil de la cereza.

Las tormentas de primavera y el pedrisco representan algunas de las mayores amenazas para los productores. Precisamente este año ha hecho bastante daño las fuertes lluvias que ha vivido Extremadura en los meses invernales.

Galería | Así son las cerezas del Jerte

Galería | Así son las cerezas del Jerte / E.P.

En los últimos años, además, agricultores y cooperativas vienen alertando del impacto del cambio climático sobre los ciclos naturales del cerezo, especialmente por el adelanto de floraciones y la irregularidad de las temperaturas.

Gastronomía, turismo y economía

La cereza del Jerte ha logrado convertirse también en un potente motor turístico y gastronómico. Durante la Cerecera, muchos establecimientos incorporan menús y recetas elaboradas con cereza y picota: gazpachos, ensaladas, carnes con reducción de cereza, postres, mermeladas, licores e incluso cervezas artesanas.

Además, las rutas por los cerezales, las visitas a cooperativas y las actividades de agroturismo permiten a los visitantes conocer de cerca el proceso de producción.

La campaña supone igualmente uno de los principales motores económicos de la provincia de Cáceres y mantiene una importante red de cooperativas agrícolas y empresas exportadoras.

Mucho más que un fruto

Más allá de su valor comercial, la cereza del Jerte simboliza una forma de vida ligada a la agricultura de montaña, al trabajo familiar y al arraigo rural. Cada primavera, cuando los árboles dejan atrás la flor blanca y comienzan a teñirse de rojo, el valle entero vuelve a girar alrededor de una campaña que combina tradición, economía, paisaje y cultura popular.

Porque en el Jerte, la cereza no solo se cultiva: también define el ritmo de toda una comarca.

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