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Obituario

La historia de Ange: una travesía en patera desde Costa de Marfil y una muerte trágica en Talayuela a los 25 años

La localidad despide entre lágrimas al joven hallado en el campo de golf y decreta tres días de luto oficial por su fallecimiento

Imagen de Ange.

Imagen de Ange. / Real Federación Extremeña de Fútbol

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Cáceres

N’Gandi Beni Ange Uriel tenía 25 años. Había cruzado desiertos, sobrevivido a una travesía migratoria extrema y encontrado en Extremadura una segunda oportunidad. Este jueves, sin embargo, su historia terminó de forma trágica tras ser hallado ahogado en el lago del campo de golf de Talayuela, donde trabajaba y era una persona muy conocida y apreciada por vecinos, compañeros y amigos.

La conmoción por su fallecimiento ha llevado al Ayuntamiento de Talayuela a decretar tres días de luto oficial, del 5 al 7 de junio. Durante este periodo, las banderas ondearán a media asta en los edificios municipales y quedarán suspendidos los actos oficiales programados.

A través de las redes sociales, el Consistorio expresó su pesar con un mensaje cargado de emoción: "Como testimonio del dolor del pueblo de Talayuela, ocasionado por el triste fallecimiento de Ange, vecino de nuestro pueblo y trabajador en el Campo de Golf, el Alcalde Roberto Baños resuelve declarar tres días de luto oficial".

La Odisea hacia España

Nacido en Costa de Marfil en 2001, Ange creció junto a sus padres y tres hermanos. Desde niño soñaba con estudiar y convertirse en futbolista. La falta de recursos económicos y las dificultades que atravesaba su familia le empujaron a tomar una decisión que cambiaría su vida para siempre: emprender el camino hacia Europa.

Buena parte de esa historia la contó él mismo en una entrevista concedida a la Federación Extremeña de Fútbol en 2022 para un reportaje sobre integración y deporte. En ella relató con crudeza la odisea que vivió para llegar a España. Salió de Costa de Marfil en 2017 y atravesó Malí, Argelia y Marruecos. Durante más de una semana caminó por el desierto, enfrentándose al hambre, la sed y la violencia. Recordaba haber visto personas morir durante la ruta y describía el viaje como una experiencia "muy peligrosa, muy dolorosa y muy triste".

La travesía marítima fue aún más traumática. Cruzó el mar en una patera precaria durante una noche de tormenta. "Había un niño de siete años que perdió el conocimiento y todo el mundo estaba llorando porque sabía que íbamos a morir todos", recordaba. El agua comenzó a entrar en la embarcación y durante horas creyó que no sobrevivirían. "Nadie creía que íbamos a llegar aquí a España", confesó durante aquella entrevista.

Tras alcanzar Ceuta, permaneció varios meses en un centro de acogida hasta que la Fundación Cepaim facilitó su llegada a Extremadura. Allí encontró algo que siempre consideró decisivo para su integración: personas que le tendieron la mano y acabaron convirtiéndose en su familia de acogida.

"Es la segunda familia que la vida me ha regalado", decía agradecido. Aseguraba que aquellas personas le habían dado cariño, apoyo y confianza cuando más lo necesitaba. "Me han abierto un camino muy largo y creo que tendré un futuro gracias a esta persona y a este país que me está ofreciendo muchas cosas".

Su pasión: el fútbol

Ese futuro lo construyó alrededor del deporte. El fútbol era mucho más que una afición. Era el sueño que le había acompañado desde niño y también la herramienta que le ayudó a integrarse. Jugó en varios equipos de la región y defendió los colores del CP Talayuela, al tiempo que comenzaba a formarse como entrenador. Convencido de que el deporte podía transformar vidas, entrenaba a niños y cursaba los niveles formativos para dirigir equipos en el futuro.

Admirador de Leo Messi y Andrés Iniesta, disfrutaba hablando de fútbol y de la filosofía de juego española. Imaginaba un futuro en los banquillos cuando terminara su etapa como jugador. "Mi sueño un día es entrenar un equipo", afirmaba.

Quienes compartieron con él entrenamientos y proyectos deportivos destacaban su carácter alegre, su capacidad de adaptación y su permanente deseo de superación. A pesar de las barreras idiomáticas iniciales, logró integrarse rápidamente y convertirse en un referente para muchos jóvenes migrantes.

"Me considero español"

Ange también utilizó su experiencia para lanzar un mensaje de advertencia. Nunca recomendó a nadie seguir la ruta que él recorrió para llegar a Europa. "Nunca diría a un miembro de mi familia que pase por el camino que yo he pasado", repetía. Su objetivo era otro: ayudar algún día a sus seres queridos para que pudieran llegar de forma legal y tener oportunidades de estudio y trabajo.

"Me considero como un español", decía con orgullo. Su aspiración era seguir creciendo, ayudar a su familia y demostrar que el esfuerzo y la constancia pueden abrir puertas. "Todo el mundo que tiene ganas de cumplir sus sueños lo puede conseguir con mucho trabajo y sacrificio", aseguraba.

La historia de Ange fue la de un joven que escapó de la adversidad para construir una nueva vida en Extremadura. Un vecino querido, un trabajador comprometido, un futbolista apasionado y un ejemplo de resiliencia para quienes le rodeaban. Su fallecimiento deja una profunda huella en Talayuela, donde muchos recuerdan hoy al muchacho que atravesó medio continente persiguiendo un sueño y encontró en este rincón cacereño un hogar.

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