Historia
Descubren en Cabezabellosa un tesoro de lagares rupestres con usos desconocidos
La colaboración ciudadana ha sido clave para localizar estructuras conocidas por tradición oral, ampliando significativamente el número de enclaves documentados

Imagen de la intervención arqueológica. / JP Recio Cuesta
Cabezabellosa se ha convertido en uno de los principales escenarios de investigación sobre los lagares rupestres de la península ibérica gracias al desarrollo del proyecto Lagaris, una iniciativa científica financiada con fondos Feder que busca estudiar, reinterpretar y valorizar estas estructuras excavadas en la roca cuya función histórica sigue siendo objeto de debate.
La campaña arqueológica desarrollada entre los días 18 y 22 de mayo ha permitido documentar un total de 37 lagares rupestres en el término municipal, una cifra que multiplica por más de siete el número de registros existentes hasta ahora en la Carta Arqueológica de la Junta de Extremadura, donde únicamente figuraban cinco ejemplos.
Los trabajos han sido dirigidos por los investigadores Pedro Trapero Fernández, de la Universidad de Cádiz, y David Sánchez Serrano, de la Universidad Rey Juan Carlos, dentro del proyecto 'Investigación y valorización de lagares rupestres para la dinamización cultural y turística mediante digitalización y nuevos usos' (Lagaris), financiado con 24.700 euros procedentes de fondos Feder.

Imagen de la intervención arqueológica. / JP Recio Cuesta
Los resultados preliminares refuerzan la importancia de los Montes de Tras la Sierra como una de las mayores concentraciones de lagares rupestres conocidas hasta el momento, consolidando a Cabezabellosa como uno de los principales casos de estudio del proyecto junto a la Sierra de Cádiz.
Más allá del vino
Uno de los principales objetivos de Lagaris es cuestionar la interpretación tradicional que ha vinculado históricamente estas estructuras exclusivamente con la producción de vino. Los investigadores plantean que muchos de estos espacios pudieron tener otros usos relacionados con actividades productivas hoy poco conocidas, como la obtención de taninos, la elaboración de breas vegetales o determinados procesos metalúrgicos. Para confirmar estas hipótesis será necesario completar los análisis científicos de las muestras recogidas durante la campaña, cuyos resultados aún están pendientes de laboratorio.
"La función de muchos lagares rupestres sigue sin estar plenamente definida", explican desde el equipo investigador, que busca determinar tanto su cronología como los usos reales que tuvieron estas estructuras a lo largo de la historia.
Tecnología para descifrar el pasado
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es la aplicación de una metodología multidisciplinar que combina arqueología, análisis químicos, digitalización avanzada y participación ciudadana.
Durante la prospección se emplearon sistemas GPS de alta precisión para geolocalizar cada uno de los lagares identificados. Además de registrar sus dimensiones y características morfológicas, los investigadores analizaron su relación con elementos del paisaje como cursos de agua, caminos históricos o pendientes del terreno.
Toda esta información se integrará posteriormente en una plataforma digital basada en sistemas de información geográfica (WebSIG), que permitirá estudiar la distribución de estas estructuras y facilitar su difusión pública.

Imagen de la intervención arqueológica. / JP Recio Cuesta
Paralelamente, cada lagar fue documentado mediante técnicas de fotogrametría digital. A través de cientos de fotografías tomadas desde diferentes ángulos, los especialistas generarán modelos tridimensionales que reproducen con exactitud las estructuras originales. Estas réplicas digitales facilitarán futuras investigaciones y podrán incorporarse a materiales educativos, rutas interpretativas o proyectos de divulgación patrimonial.
La búsqueda de las huellas químicas del vino
Uno de los análisis más esperados será el estudio químico de las muestras recogidas sobre la superficie de los lagares. Los investigadores buscan detectar la presencia de ácido tartárico, un compuesto característico de la uva que constituye uno de los principales indicadores de producción vinícola en contextos arqueológicos. Su identificación permitiría confirmar el uso de determinadas estructuras para la elaboración de vino.
Por el contrario, la ausencia de este marcador químico abriría la puerta a nuevas interpretaciones funcionales y reforzaría la hipótesis de que algunos lagares pudieron destinarse a otras actividades productivas.
Junto a estas pruebas, el equipo realizará estudios de microdesgaste mediante moldes de silicona de alta precisión y observación microscópica de las superficies de trabajo. Estas técnicas permiten identificar huellas asociadas a actividades como el pisado, la trituración, el machacado o la fricción continuada, aportando información clave sobre la forma en que fueron utilizadas las estructuras.
Los vecinos, protagonistas de la investigación
La implicación de la población local ha sido uno de los elementos más destacados de la campaña desarrollada en Cabezabellosa. Numerosos vecinos colaboraron activamente en la localización de estructuras conocidas por tradición oral o conservadas en la memoria colectiva del municipio. Esta participación permitió ampliar significativamente el número de enclaves documentados y acceder a información que difícilmente habría podido obtenerse únicamente mediante trabajo arqueológico convencional.

Imagen de la intervención arqueológica. / JP Recio Cuesta
Especial relevancia tuvo la jornada celebrada el 21 de mayo, durante la cual investigadores y vecinos compartieron testimonios, topónimos, recuerdos y conocimientos relacionados con estos espacios. La actividad permitió recuperar parte del patrimonio inmaterial asociado a los lagares y establecer un diálogo directo entre ciencia y comunidad local.
Patrimonio, educación y turismo cultural
Más allá de la investigación arqueológica, el proyecto Lagaris persigue convertir este patrimonio en un recurso para el desarrollo cultural y turístico sostenible del territorio.
Dentro de las actividades de transferencia desarrolladas durante la campaña se celebraron encuentros en el CRA Tras la Sierra, con participación de alumnado de El Torno y Rebollar, además de presentaciones públicas de resultados y mesas redondas abiertas a la ciudadanía.
El workshop organizado en Cabezabellosa se concibió como un espacio de colaboración entre investigadores y vecinos para contrastar información, enriquecer la investigación y sentar las bases de futuras iniciativas de divulgación y turismo cultural.
La creación de rutas patrimoniales, la digitalización de los enclaves y la elaboración de recursos divulgativos forman parte de una estrategia que busca transformar el conocimiento científico generado en oportunidades de valorización territorial.
Mientras los análisis de laboratorio continúan su curso, los resultados obtenidos hasta ahora ya sitúan a Cabezabellosa como uno de los enclaves de referencia para comprender el fenómeno de los lagares rupestres en el oeste peninsular y abren nuevas vías para interpretar un patrimonio cuya historia aún está lejos de haber sido completamente descifrada.
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