Tesoro fronterizo
Descubre Piedras Albas, el municipio cacereño con menos de cinco kilómetros cuadrados y un puente entre dos países
A pesar de su reducida superficie, Piedras Albas ofrece un legado que incluye arte rupestre, un puente romano de gran valor histórico y una naturaleza con especies emblemáticas

Sofía Pérez Ramiro

Con apenas 4,53 kilómetros cuadrados de superficie, Piedras Albas ostenta un curioso récord dentro de la provincia de Cáceres: es el municipio más pequeño en extensión territorial. Sin embargo, detrás de ese reducido tamaño se esconde una localidad con siglos de historia, un valioso patrimonio arqueológico y una estrecha vinculación con la frontera portuguesa.
Situado en el oeste de la provincia, a unos 74 kilómetros de la capital cacereña y a tan solo siete de Portugal, este pequeño municipio de la Mancomunidad Tajo-Salor aparece completamente rodeado por el término municipal de Alcántara. Su ubicación estratégica ha marcado buena parte de su historia y explica la importancia que llegó a tener durante décadas como punto de paso entre España y Portugal.
Un pueblo marcado por la frontera
La condición fronteriza de Piedras Albas dejó una profunda huella en la localidad. Hasta la entrada de España y Portugal en la Unión Europea, el municipio acogió una aduana y distintos servicios de control fronterizo.
Además de la aduana con personal administrativo situada en el propio pueblo, este estuvo sometido a la presencia permanente de la Guardia Civil. Años después se construyó también una comisaría de la Policía Nacional encargada de las labores de vigilancia y control.
Aunque la frontera física desapareció con la libre circulación europea, varios de aquellos edificios continúan formando parte del paisaje urbano y recuerdan la relevancia que tuvo este pequeño municipio durante buena parte del siglo XX.
Un nombre ligado a la piedra
Piedras Albas se asienta a unos 363 metros de altitud sobre la falda de un cerro. Su nombre, que puede traducirse como "piedras blancas", parece estar relacionado con los crestones de cuarcita que dominan parte del término municipal y que reflejan un tono blanquecino cuando reciben la luz del sol.
Precisamente sobre una de estas elevaciones se encuentran los restos del antiguo castillo que dio origen al núcleo urbano. Aunque apenas se conservan algunas estructuras, la fortaleza constituye uno de los testimonios históricos más importantes del pasado defensivo de la localidad.
Del arte rupestre a las iglesias históricas
A pesar de su reducido tamaño, Piedras Albas concentra varios enclaves de gran interés patrimonial.
Uno de los más destacados es Peña Buraca o el Canchal de los Dos Ojos, un espectacular santuario rupestre de origen prehistórico situado a unos dos kilómetros del casco urbano. En sus inmediaciones se conservan además tumbas antropomorfas excavadas directamente en la roca, lo que convierte el lugar en uno de los espacios arqueológicos más singulares del entorno.

Otro de los edificios más representativos es la Iglesia de Nuestra Señora de la Romana, construida durante el siglo XVI y caracterizada por sus influencias góticas. En su interior alberga diferentes piezas de interés religioso y artístico, entre ellas una imagen de la Dolorosa datada en el siglo XIX.
El puente romano que une dos países
Si existe un monumento que resume la historia de Piedras Albas, ese es el Puente Romano de Segura, levantado sobre el río Erjas.
Conocido popularmente como "Puente Chico", esta construcción formaba parte de la antigua calzada romana que comunicaba Corduba, la actual Córdoba, con Portus Cale, origen de la ciudad portuguesa de Oporto.
La tradición atribuye su construcción al ingeniero romano Cayo Julio Lacer, responsable también del cercano puente de Alcántara. El puente cuenta con cinco arcos de diferente tamaño apoyados sobre pilares con tajamares y posee una singularidad única: justo en el centro de la estructura se encuentra la frontera entre España y Portugal.
Además de su valor histórico, forma parte de la conocida Ruta de la Lana y continúa siendo uno de los principales símbolos patrimoniales del municipio.
Naturaleza, senderismo y arte urbano
El entorno natural constituye otro de los grandes atractivos de Piedras Albas. Las dehesas que rodean el municipio permiten realizar rutas senderistas y recorridos en bicicleta de montaña mientras se observa una importante riqueza faunística.
Entre las especies más emblemáticas que pueden verse en la zona destacan la cigüeña negra y el águila imperial, dos aves ligadas a los ecosistemas mejor conservados del oeste peninsular.
A ello se suma la presencia de diversas intervenciones de arte mural urbano integradas en las calles del municipio, una iniciativa que combina patrimonio tradicional y expresiones artísticas contemporáneas.
Entre los elementos más curiosos del término municipal también figura la Mesa Mostrencona, una construcción levantada en 1916 sobre un gran bolo granítico y concebida como mirador y cenador, así como varios pozos históricos restaurados por la Mancomunidad Tajo-Salor, entre ellos el Pozo Rojo, El Pocito y el Pozo de la Dehesa.
Las fiestas que mantienen vivo al pueblo
La vida social de Piedras Albas gira en buena medida alrededor de sus dos grandes celebraciones.
La primera de ellas es la festividad de San Gregorio, patrón de la localidad. Cada año, coincidiendo con las fechas más próximas al 9 de mayo, vecinos y visitantes participan en una romería que se desarrolla en la Dehesa Boyal. La jornada combina tradición religiosa, gastronomía popular, actividades para todas las edades y música hasta bien entrada la noche.
La segunda gran cita llega cada verano con las fiestas de Nuestra Señora de la Romana, patrona del municipio. Durante varios días, la localidad se llena de procesiones, verbenas, competiciones deportivas, representaciones teatrales, comidas populares y actividades dirigidas a vecinos de todas las edades.
Son celebraciones que reflejan el fuerte sentimiento de pertenencia de una localidad que, pese a ser la más pequeña de la provincia en extensión, conserva una identidad marcada por la historia, la frontera y un patrimonio que supera con creces las dimensiones de su término municipal.
Pequeña en tamaño pero con un enorme valor
Como ocurre con muchos pequeños municipios del mundo rural, el verdadero valor de Piedras Albas no se mide en kilómetros cuadrados. Entre puentes romanos que unen países, santuarios prehistóricos, castillos fronterizos y tradiciones que siguen reuniendo a varias generaciones, la localidad demuestra que el tamaño no siempre determina la importancia de un lugar.
En este rincón del Tajo-Salor, la historia aparece en cada camino y el patrimonio se ha convertido en la mejor carta de presentación de un pueblo que, pese a ser el más pequeño de Cáceres en extensión, guarda algunos de los tesoros más sorprendentes de la provincia.
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