Arqueología
Los lagares rupestres de Cabezabellosa: el gran misterio arqueológico que puede cambiar la historia del vino en Extremadura
El proyecto Lagaris ha documentado 37 estructuras en Cabezabellosa, multiplicando por siete los registros previos y situando la zona entre las mayores concentraciones de este patrimonio

Imagen de la intervención arqueológica. / JP Recio Cuesta
¿Qué son realmente los lagares rupestres? ¿Sirvieron únicamente para elaborar vino o escondieron otras actividades productivas hoy olvidadas? ¿Por qué Cabezabellosa concentra tantos ejemplos? Y, sobre todo, ¿qué pueden contarnos estas estructuras excavadas en la roca sobre la historia de las comunidades que habitaron el norte de Extremadura?
Estas son algunas de las preguntas que trata de responder el proyecto Lagaris, una iniciativa científica financiada con fondos Feder que ha convertido a Cabezabellosa en uno de los principales laboratorios arqueológicos para el estudio de los lagares rupestres de toda la península ibérica.
La campaña desarrollada durante el pasado mes de mayo ha permitido documentar 37 estructuras en el término municipal, una cifra que multiplica por más de siete los registros que hasta ahora figuraban en la Carta Arqueológica de Extremadura y que sitúa a los Montes de Tras la Sierra entre las mayores concentraciones conocidas de este tipo de patrimonio.
¿Cómo son los lagares rupestres de Cabezabellosa?
Aunque presentan diferencias entre sí, los investigadores han identificado una serie de características comunes. Se trata de estructuras excavadas directamente sobre afloramientos graníticos, generalmente compuestas por superficies de trabajo ligeramente inclinadas que conducen los líquidos hacia pequeñas cubetas o depósitos tallados en la propia roca. Algunas presentan canales de evacuación, zonas de prensado y espacios claramente diferenciados para distintas fases del proceso productivo.

Las partes de un lagar. / Ayuntamiento de San Esteban de la Sierra
El estudio detallado de sus dimensiones, formas y orientación constituye una de las claves para determinar cuál fue su función original. Además de documentar cada estructura, los investigadores han analizado su relación con elementos del paisaje como caminos históricos, cursos de agua, zonas de cultivo o pendientes del terreno, con el objetivo de comprender mejor por qué fueron construidas precisamente en esos lugares.
Más allá del vino: ¿para qué pudieron utilizarse?
Durante décadas, la mayoría de los especialistas asumieron que los lagares rupestres estaban vinculados exclusivamente a la producción de vino. Sin embargo, esa interpretación está siendo cada vez más cuestionada.
El proyecto Lagaris parte precisamente de esa hipótesis crítica. Los investigadores consideran que algunas de estas estructuras pudieron tener otros usos productivos relacionados con actividades hoy prácticamente desaparecidas.
Entre las posibilidades que se estudian figura la obtención de taninos vegetales empleados en curtidos, la producción de breas y resinas, determinados procesos metalúrgicos o incluso otras transformaciones agrícolas.
La respuesta definitiva llegará cuando concluyan los análisis científicos actualmente en marcha, aunque los expertos advierten de que probablemente no todos los lagares tuvieron la misma función ni fueron utilizados durante la misma época.
¿Cómo se localizaron los nuevos enclaves?
Uno de los aspectos más llamativos de la investigación es que gran parte de los nuevos hallazgos no proceden únicamente del trabajo arqueológico convencional. La selección de las zonas de prospección combinó el análisis del territorio con el conocimiento acumulado por los propios vecinos de Cabezabellosa.
Los investigadores estudiaron áreas donde la geología favorecía la existencia de afloramientos rocosos aptos para ser trabajados, revisaron referencias históricas y analizaron la distribución de los lagares ya conocidos.
Pero fue la memoria colectiva del municipio la que permitió ampliar considerablemente el número de estructuras documentadas. Numerosos vecinos señalaron emplazamientos conservados en la tradición oral o conocidos desde generaciones atrás, facilitando el acceso a lugares que difícilmente habrían sido identificados únicamente mediante prospección arqueológica.
La química como herramienta para descifrar el pasado
Una de las investigaciones más esperadas se está desarrollando actualmente en laboratorio. Los especialistas han recogido muestras superficiales de los lagares para someterlas a análisis químicos capaces de detectar restos microscópicos conservados durante siglos.
La principal búsqueda se centra en el ácido tartárico, una sustancia presente de forma natural en la uva y considerada uno de los marcadores más fiables para identificar antiguas actividades vinícolas.

Imagen de la intervención arqueológica. / JP Recio Cuesta
Si aparece este compuesto, los investigadores dispondrán de una evidencia sólida de que determinadas estructuras fueron utilizadas para producir vino.
Pero los estudios no terminan ahí. El proyecto incorpora también análisis de microdesgaste mediante moldes de silicona de alta precisión y observación microscópica de las superficies.
Estas técnicas permiten identificar marcas invisibles a simple vista asociadas al pisado, la trituración, el machacado o la fricción continuada de materiales, aportando información sobre cómo se utilizaron realmente estos espacios.
El papel clave de la tecnología 3D
Cada uno de los lagares identificados ha sido documentado mediante fotogrametría digital. A partir de cientos de fotografías tomadas desde distintos ángulos, los investigadores generan modelos tridimensionales exactos de las estructuras.
Estas recreaciones digitales cumplen varias funciones. Por un lado, garantizan la conservación virtual del patrimonio, creando una copia exacta que permanecerá disponible incluso si las estructuras sufren deterioros futuros.
Por otro, permiten realizar mediciones precisas, comparar tipologías y desarrollar nuevas investigaciones sin necesidad de intervenir físicamente sobre los yacimientos.
Además, estos modelos pueden incorporarse posteriormente a aplicaciones educativas, exposiciones virtuales, rutas turísticas o materiales divulgativos.
Un patrimonio que genera identidad
Más allá de su interés científico, los lagares rupestres forman parte de la identidad cultural de Cabezabellosa. Muchos vecinos han convivido durante generaciones con estas estructuras, integradas en fincas, caminos y paisajes cotidianos. Sin embargo, la investigación está contribuyendo a reforzar la percepción de su valor patrimonial.
La importante concentración de lagares identificada en el municipio ha despertado un creciente interés social y una notable implicación ciudadana.
La jornada participativa celebrada durante la campaña arqueológica permitió compartir recuerdos, topónimos, historias locales y conocimientos transmitidos entre generaciones, recuperando así parte del patrimonio inmaterial asociado a estos espacios.
Educación, divulgación y turismo cultural
Uno de los objetivos centrales del proyecto es trasladar el conocimiento científico más allá del ámbito académico. Durante la campaña ya se desarrollaron actividades educativas con alumnado del CRA Tras la Sierra, así como encuentros abiertos con vecinos y presentaciones públicas de resultados.
A partir de la información obtenida se prevé elaborar recursos didácticos adaptados a distintos niveles educativos, materiales de divulgación, exposiciones y contenidos digitales que faciliten el conocimiento de este patrimonio.
La digitalización de los enclaves permitirá además diseñar experiencias interactivas y nuevas herramientas pedagógicas basadas en los modelos tridimensionales obtenidos durante la investigación.
Una investigación abierta a la comunidad
La participación vecinal no se considera un elemento puntual, sino una parte fundamental del proyecto. Los investigadores pretenden seguir incorporando a la población local en futuras campañas, tanto en la localización de nuevos enclaves como en la recuperación de información histórica y etnográfica relacionada con los lagares.

Imagen de la intervención arqueológica. / JP Recio Cuesta
Además, los encuentros celebrados durante el workshop de Cabezabellosa han sentado las bases para futuras iniciativas de divulgación, educación patrimonial y turismo cultural sostenible.
La intención es que el conocimiento generado revierta directamente en el territorio y contribuya a crear nuevas oportunidades culturales y económicas para la comarca.
Mientras los laboratorios continúan analizando muestras y los especialistas procesan los datos obtenidos sobre el terreno, una cosa parece clara: los lagares rupestres de Cabezabellosa todavía guardan muchos secretos. Y cada nueva investigación acerca un poco más a los arqueólogos a comprender qué papel desempeñaron estas enigmáticas estructuras en la historia del oeste peninsular.
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