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La Raya hispanoportuguesa

Valencia de Alcántara y Marvão: 800 años de historia compartida que unen España y Portugal

La Raya hispanoportuguesa entre Valencia de Alcántara y Marvão se ha transformado en un espacio de encuentro y desarrollo conjunto, ejemplificando la cooperación transfronteriza

A la izquierda, Valencia de Alcántara, y a la derecha, Marvao.

A la izquierda, Valencia de Alcántara, y a la derecha, Marvao. / E.P

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Cáceres

Hay fronteras que separan y fronteras que unen. La que divide España y Portugal entre Valencia de Alcántara y Marvão pertenece claramente al segundo grupo. Apenas 26 kilómetros separan ambas localidades, pero para muchos de sus vecinos la distancia real es mucho menor. Comparten paisaje, costumbres, relaciones familiares, proyectos comunes e incluso una memoria colectiva que se remonta siglos atrás.

Cada vez que ambas localidades celebran juntas el Día de Portugal, la Boda Regia o cualquier iniciativa transfronteriza, vuelven a recordar una realidad histórica singular: durante buena parte de la Edad Media, Valencia de Alcántara y Marvão no eran simplemente dos municipios vecinos, sino territorios estrechamente vinculados dentro de una misma realidad fronteriza.

Una tierra compartida antes de existir la frontera

Para entender la relación actual entre Valencia de Alcántara y Marvão es necesario viajar al siglo XII, cuando la frontera entre los reinos cristianos de la Península Ibérica todavía estaba en construcción.

La Sierra de San Mamede, las dehesas y los caminos que hoy unen ambas localidades constituían entonces un territorio estratégico disputado entre las coronas de León, Castilla y Portugal. La población era escasa y el control efectivo del territorio dependía de fortalezas, órdenes militares y privilegios otorgados por los monarcas para atraer habitantes.

En aquel contexto surgió Marvão como plaza fuerte portuguesa. Situada sobre un impresionante promontorio rocoso, la localidad dominaba visualmente buena parte de La Raya actual y desempeñaba una función militar fundamental para la defensa del joven Reino de Portugal.

Sin embargo, la realidad cotidiana de los habitantes de ambos lados era mucho más compleja que una simple división política. Los intercambios comerciales, ganaderos y humanos eran constantes en una zona donde las fronteras todavía resultaban difusas y donde los vínculos familiares y económicos superaban a menudo las diferencias entre coronas.

El fuero que cambió la historia

Uno de los momentos decisivos en la evolución de este territorio llegó en 1226, cuando el rey Alfonso II de Portugal concedió a Marvão su primer fuero. Aquel documento, cuya conmemoración cumple ahora ocho siglos, permitió organizar administrativa y jurídicamente el territorio, favorecer su poblamiento y consolidar la presencia portuguesa en una zona especialmente sensible desde el punto de vista estratégico.

Valencia de Alcántara.

Valencia de Alcántara. / EL PERIÓDICO

La concesión del fuero supuso el inicio de una evolución diferenciada para ambos territorios. Mientras Marvão quedaba definitivamente integrada en la estructura del Reino de Portugal, Valencia de Alcántara continuaría desarrollándose bajo la órbita de los reinos hispánicos.

Los caminos institucionales comenzaron entonces a separarse, pero la población siguió compartiendo una misma realidad geográfica y cultural. La frontera política existía sobre los mapas, aunque en la práctica la vida diaria continuaba tejiéndose a ambos lados de la raya.

Siglos de guerras y convivencia

La historia posterior estuvo marcada por la condición fronteriza de ambas localidades. Durante siglos, Valencia de Alcántara y Marvão vivieron episodios de conflicto vinculados a las frecuentes guerras entre España y Portugal. Sus castillos, murallas y sistemas defensivos son todavía hoy testigos de aquel pasado militar.

La Guerra de Restauración portuguesa en el siglo XVII convirtió esta zona en uno de los principales escenarios bélicos de la península. Las incursiones, asedios y enfrentamientos fueron frecuentes, dejando una profunda huella en ambos municipios.

Paradójicamente, aquellos mismos siglos de enfrentamiento político no lograron romper los vínculos humanos entre las poblaciones. La cercanía geográfica favoreció que continuaran los intercambios comerciales, las relaciones familiares y la colaboración cotidiana entre vecinos de ambos lados de la frontera.

La Raya desarrolló así una identidad propia, distinta tanto de la española como de la portuguesa. Surgió una cultura fronteriza basada en la convivencia, el conocimiento mutuo y la adaptación a una realidad compartida.

De frontera militar a espacio de encuentro

La transformación definitiva llegó durante las últimas décadas del siglo XX. La entrada de España y Portugal en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) en 1986 eliminó progresivamente muchas de las barreras que aún persistían. Las fronteras dejaron de ser puestos de control para convertirse en simples líneas administrativas.

La creación del espacio Schengen terminó de consolidar este proceso. Los controles desaparecieron y la movilidad entre ambos países pasó a ser prácticamente libre.

Para Valencia de Alcántara y Marvão aquello supuso una auténtica revolución. Lo que durante siglos había sido una frontera estratégica se convirtió en una oportunidad para el desarrollo conjunto.

Marvão.

Marvão. / Portugal Travel Guide

Los proyectos europeos de cooperación transfronteriza comenzaron a multiplicarse. Las administraciones locales descubrieron que compartían desafíos similares: despoblación, envejecimiento, desarrollo turístico, conservación del patrimonio o mejora de las comunicaciones.

Una alianza que se fortalece cada año

Hoy la relación entre Valencia de Alcántara y Marvão atraviesa uno de sus momentos más estrechos. Ambos ayuntamientos mantienen reuniones periódicas para coordinar iniciativas comunes y trabajan conjuntamente en proyectos financiados por la Unión Europea. La colaboración abarca ámbitos tan diversos como la cultura, el turismo, el patrimonio histórico o el desarrollo económico.

Uno de los ejemplos más visibles es la Boda Regia, la gran recreación histórica que cada verano convierte Valencia de Alcántara en escenario del enlace entre la infanta Isabel de Portugal y Manuel I. Marvão participa activamente en una celebración que recuerda precisamente los lazos históricos entre ambos territorios.

Escenificación de la Boda Regia en la explanada de Rocamador.

Escenificación de la Boda Regia en la explanada de Rocamador. / EL PERIÓDICO

También colaboran en la promoción turística conjunta de La Raya, en iniciativas relacionadas con el Camino de Santiago y en actividades culturales que buscan reforzar una identidad compartida.

La pertenencia de ambas localidades a la Red de Villas y Ciudades Medievales ha contribuido igualmente a fortalecer esta estrategia común basada en la puesta en valor de un patrimonio histórico excepcional.

Más que vecinos

La relación entre Valencia de Alcántara y Marvão va mucho más allá de los convenios institucionales. Son numerosos los vecinos que cruzan habitualmente la frontera para trabajar, comprar, visitar a familiares o participar en actividades culturales. Las relaciones personales continúan siendo uno de los principales puentes entre ambas comunidades.

Por eso, cuando cada año se celebra conjuntamente el Día de Portugal, el acto trasciende el carácter protocolario. Se convierte en la expresión pública de una realidad construida durante siglos.

Ochocientos años después de que el primer fuero de Marvão marcara el inicio de caminos administrativos distintos, Valencia de Alcántara y Marvão siguen demostrando que comparten mucho más que un pasado común. Comparten una forma de entender la frontera, no como una línea que separa, sino como un espacio de encuentro donde dos pueblos han aprendido a crecer juntos sin renunciar a su identidad.

En tiempos en los que las fronteras vuelven a ocupar el debate político en buena parte de Europa, La Raya hipsanoportuguesa ofrece una lección singular: la de dos comunidades que, después de siglos de historia compartida, han convertido la vecindad en una auténtica alianza.

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