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La cereza en el Jerte: un cultivo familiar con un gran arraigo histórico en la comarca

Aunque fue a partir de la década de 1960 del pasado siglo XX cuando el cerezo comenzó a ser el cultivo predominante en el Valle del Jerte, este árbol lleva siglos presente en esta comarca del norte extremeño

Picota del Jerte (variedad Ambrunés)

Picota del Jerte (variedad Ambrunés) / Cedida

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Juan Pedro Recio Cuesta

Juan Pedro Recio Cuesta

El cerezo es, a día de hoy, el motor económico indiscutible del Valle del Jerte. Prácticamente todo gira en torno a él y centenares de familias, de manera directa o indirecta, viven de su fruto: la cereza.

En el Jerte se sigue practicando un tipo de agricultura en la que el núcleo familiar es esencial no solamente en la época de la recolección sino en la realización de las diferentes labores que requiere el campo a lo largo del año –que no son pocas–. En el Jerte, como se suele decir, ningún agricultor se hace millonario con la cereza, no, pues su cultivo y recolección, laboriosa y que requiere de muchos cuidados y esmeros, se realiza en miles de pequeñas parcelas (minifundios) que, en muchos de los casos, los jerteños han heredado de sus mayores. Cada campaña es una odisea, pues la cereza es un fruto extremadamente delicado, a la que no le viene bien ni las temperaturas excesivamente altas,ni la lluvia, ni mucho menos fenómenos extremos como el granizo o el viento fuerte. Y tampoco se libra de los avatares propios del mercado cuando existe una abundancia de cosecha, como así está sucediendo en esta campaña. Es una economía fundamentalmente familiar, una agricultura que requiere de un trabajo casi artesanal pese a los adelantos técnicos y tecnológicos introducidos en las últimas décadas, que supone el sustento principal de miles de habitantes de este fértil espacio del norte cacereño.

No siendo nuestra intención, ni mucho menos,analizar la realidad actual del sector cerecero –que daría para mucho–, en la crónica de hoy viajamos a la historia de este árbol que ya lleva siglos presente en el valle regado por el Jerte y que su fruta es, actualmente, una de susseñas de identidad mundialmente conocida. El Jerte ha sido, históricamente, un lugar en el que se ha practicado una agricultura de policultivo, en la cual han destacado, entre otros, el castaño, la vid o el olivo. Y la ganadería, además, ha sido una actividad fundamental en el contexto de la economía doméstica.No obstante, el cerezo, como un cultivo más, ya lleva cientos de años presente en estas tierras. Aunque hayindicios que nos conducen a tiempos bastanteremotos en lo referente a suintroducciónen el Jerte, ya enlos siglosde la Edad Media y la Edad Modernahay registros documentalesincuestionables que acreditan la presencia de este árbol frutal en lacomarca. Sabemos de referencias fehacientes que proceden de los siglos XIV, XV o XVI, pero veamos tan solo unos ejemplos que nos llevan al siglo XVIII, una centuria en la que el valle experimentó tiempos de bonanza, pero en la que también sufrió una fuerte crisis económica debido, entre otras razones, a la enfermedad de la tinta, la cual acabó con muchos de los árboles que entonces eran su principal fuente de riqueza: los castaños. Producida la quiebra de buena parte del castañar del valle, en la segunda mitad de este siglo XVIII encontramos numerosas referencias a la cereza.Así, en las respuestas enviadas para la elaboración del conocido comocatastro del Marqués de la Ensenada, desde Tornavacasse decía, en el año de 1753, que entre los frutos que se recolectaban, entre otros muchos, ya se encontraba esta.

Referencia a las cerezas en Tornavacas. Año de 1753

Referencia a las cerezas en Tornavacas. Año de 1753 / Cedida

Imagen 2 titulada: Referencia a las cerezas en Tornavacas. Año de 1753.

Por otra parte, en las informaciones enviadas para la confección del magnoDiccionario de Tomás López, en la descripción de Cabezuela y su término, redactada en 1785, se alude también a ellas (“las cerezas abundan”) y a las “guindas garrafales”. Desde El Torno, cuyo informe se escribió en diciembre de 1786, se mencionaba a las cerezas como fruta que allí se recogía. Y yaen 1791, en las respuestas alInterrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, la presencia del cerezo se menciona en varias poblaciones. Así, desde El Torno se decía que se recogían “noventa y cinco arrobas de cerezas”; desde Vadillo –actual despoblado cercano a Cabezuela–, se indicaba que allí se criaban cerezos; y desde la población de Jerte los informantes señalaban que la cereza era la fruta “que más abunda”. Por tanto, estos testimonios escritos no dejan lugar a dudas de que la cereza era un frutoya reseñable, hace casi tres siglos, en el contexto de la economía doméstica.

Cerezas El Torno, 1786. Respuestas a Tomás López

Cerezas El Torno, 1786. Respuestas a Tomás López / Cedida

Imagen 3 titulada: Cerezas en El Torno, 1786. Respuestas a Tomás López.

El cerezo,muy poco a poco, fue ganando en importanciadurante el siglo XIX, una centuria que fue poco favorable en el Jerte, que sufrió el efecto de las guerras (la de la Independencia y la Primera Guerra carlista) y de enfermedades que nuevamente afectaron a algunos de sus cultivos predominantes (vides y castaños). Y fue ya en el pasado siglo XX cuando su protagonismo comenzó a ser cada vez mayor. Así, ya en el año de 1904, en una interesante crónica escrita desde el pueblo de Jerte, se nos señala que en esta localidad y en las vecinas de Tornavacas, Cabezuela y Navaconcejo, se producían ya unas 120.000 arrobas de cerezas, una cantidad que equivaldría a, aproximadamente, 1.380.000 kg. Décadas después, en los años 30 (cuando ya estaba construida la carretera de Plasencia a El Barco de Ávila –actual N-110–, una vía adecuada para el transporte de este fruto hacia los mercados más cercanos), la cerezaseguía ganando en importancia, a nivel general, en la economía comarcal y, de manera específica, en algunos de sus pueblos como Cabezuela o Navaconcejo. En 1931 ya se decía, desde Valdastillas, que la cereza era una “fruta que produce, en años normales, muchos miles de duros al vecindario”. En 1937, en plena Guerra Civil, en Navaconcejo, y por iniciativa de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos, se puso en marcha la primera experiencia cooperativa para comercializar la cereza. Y en 1939, año en el que finalizó la guerra, ya hay referencias a las variedadesque se cultivaban hace casi 90 años en el valle: petreras, mollares o las picotas, entre otras.

Variedades y precios de cerezas en la campaña de 1939

Variedades y precios de cerezas en la campaña de 1939 / Cedida

Tras superarse los años más difíciles de la posguerra, la importancia de la cereza en la economía familiarsiguió creciendo hasta llegar así a la década de 1960, en la cual se produjo la apuestadecidida por intensificar su cultivo. En aquella década sobresalían variedades aún muy presentes en la memoria colectiva como las garrafales, las jarandillanas, las mollares… Y, por supuesto, las picotas no faltaban en cada uno de sus pueblos, recolectándose ya cientos de miles de kilos de variedades autóctonas, emblemáticas y genuinas, aunque hoy ya desgraciadamente en retroceso, como laAmbrunés, la Pico Colorado o la Pico Negro, entre otras.Pero lo sucedido en aquellos momentos, cuando el valle comenzó una profunda transformación a muchos niveles (en lo económico, en lo paisajístico o en la fisionomía de sus pueblos), ya será objeto de análisis en próximas crónicas.

Variedades de cerezas cultivadas en Cabezuela del Valle en el año de 1967.

Variedades de cerezas cultivadas en Cabezuela del Valle en el año de 1967. / Publicación del Ministerio de Agricultura.

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