Identidad rural
Valencia de Alcántara abre un espacio para recordar a quienes se vieron obligados a buscar futuro lejos de casa
La cita 'Emigrantes de Valencia de Alcántara' busca poner en valor las vivencias de quienes abandonaron sus hogares en busca de un futuro mejor

Durante los años 60 y 70, la situación en muchas zonas rurales de Extremadura llegó a ser tan límite que numerosos vecinos se vieron obligados a abandonar sus hogares y buscar fuera las oportunidades que no encontraban en su tierra.
Aquella salida masiva dejó pueblos más vacíos, familias partidas por la distancia y generaciones enteras marcadas por una experiencia que, durante mucho tiempo, se vivió más como necesidad que como elección. Ahora, Valencia de Alcántara quiere volver la vista hacia esa parte de su memoria colectiva con un encuentro previsto para este mes de julio en el municipio.
La cita, titulada 'Emigrantes de Valencia de Alcántara', se celebrará el 15 de julio, a las 12:00 horas, en la Asociación de Pensionistas San Bartolomé.
Impulsada por la Asociación Extremeña de Sociología (Acise), tiene como objetivo reunir a quienes emigraron en los años 60 y 70 a países de Europa central como Alemania, Francia, Suiza u Holanda, para escuchar sus historias y poner en valor unas vivencias que durante décadas formaron parte silenciosa del pasado de muchos municipios extremeños.
Un viaje obligado en busca de futuro
La emigración extremeña de aquellas décadas no puede entenderse sin el contexto económico y social del momento. En amplias comarcas rurales, la falta de empleo estable, los bajos salarios y una pobreza muy extendida empujaron a miles de personas a marcharse.
Ese gran movimiento migratorio tuvo como destinos principales los países más industrializados de Europa occidental, muy especialmente Alemania, Suiza y Francia, que absorbieron buena parte de la mano de obra que salía de regiones como Extremadura.
A diferencia de corrientes migratorias anteriores, más ligadas a América Latina, esta etapa estuvo marcada por la proximidad geográfica y por la búsqueda inmediata de trabajo. La salida se convirtió en una especie de solución de supervivencia para muchas familias.
También el propio régimen franquista favoreció ese proceso a través del entonces Instituto Español de Emigración, entendiendo esa marcha masiva como una válvula de escape para aliviar el desempleo interno y reducir tensiones sociales.
La huella que dejó en el mundo rural
Aquel fenómeno tuvo, además, un peso económico enorme. Las remesas enviadas por los emigrantes a sus familias acabaron convirtiéndose en una de las principales fuentes de entrada de divisas en España y ayudaron a sostener la economía de muchas casas, pueblos y comarcas enteras.
Pero junto a ese alivio económico, quedó también una huella emocional profunda: hijos criados a distancia, matrimonios separados durante largos periodos, padres y madres que envejecieron esperando retornos y pueblos que aprendieron a convivir con la ausencia.
La gran salida se frenó de manera brusca con la crisis del petróleo de 1973, cuando muchos países europeos comenzaron a cerrar el paso a nueva mano de obra extranjera. A partir de entonces, parte de aquella emigración regresó, aunque otra parte permaneció fuera y acabó echando raíces lejos del lugar del que había salido.
Un encuentro para rescatar la memoria
Precisamente por todo eso, el encuentro de Valencia de Alcántara no se plantea como una simple reunión nostálgica, sino como un ejercicio de memoria social. La sesión estará dirigida por José Antonio Pérez Rubio, catedrático de la Universidad de Extremadura, y por Marcelo Sánchez-Oro Sánchez, profesor de Sociología de la misma universidad.
La intención de fondo es recuperar testimonios directos, reconstruir la experiencia de la emigración desde la voz de sus protagonistas y devolver visibilidad a una parte de la historia local que a menudo quedó diluida entre cifras generales.
La iniciativa cuenta con el apoyo de la Diputación de Cáceres y la colaboración del grupo de investigación Delsos UEx. El requisito para participar es sencillo y directo: haber sido emigrante en aquellos años.
Lo que un pueblo no debería olvidar
Valencia de Alcántara propone así una pausa para escuchar a quienes se vieron obligados a vivir lejos de casa durante mucho tiempo por pura necesidad. En pueblos como este, donde la emigración fue durante décadas una experiencia compartida por muchísimas familias, recuperar esas voces equivale también a reconstruir una parte esencial de la identidad colectiva.
Antes de que la despoblación rural se instalara en el debate público hubo generaciones enteras que deseaban cada día volver a esos núcleos rurales que ahora se vacían cada vez con más rapidez. Y tal vez este tipo de encuentros, además de ser un recuerdo de todos aquellos que lucharon por volver alguna vez a su hogar con unas mejores condiciones de vida, también sirva para transmitir el valor del mundo rural a través de las voces de quienes nunca quisieron marcharse.
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