Patrimonio ferroviario en Malpartida de Plasencia
Monfragüe, el poblado ferroviario que nació en mitad de la dehesa y acabó olvidado
Javier Cano reconstruye en la revista digital Trazos del Salón la historia de Plasencia-Empalme, un enclave creado por el ferrocarril que llegó a tener viviendas, escuela, capilla y calles con nombres de directivos de la compañía

Antes de llamarse Monfragüe, fue Plasencia-Empalme y también Palazuelo-Empalme. El poblado ferroviario situado en Malpartida de Plasencia, a doce kilómetros de Plasencia, nació en mitad de la dehesa por una razón, que allí se cruzaban los caminos del tren. Hoy, es vital para la circulación ferroviaria en el norte, sobre todo par su conexión con Madrid y el sur.
Su historia la ha reconstruido Javier Cano Ramos en el artículo El poblado ferroviario de Monfragüe. Un patrimonio olvidado, publicado en junio en la revista digital Trazos del Salón. El texto, dedicado a la memoria de Juan Jesús Pérez Rodríguez, cuenta cómo aquel lugar pasó de ser un paraje de encinas a convertirse en un pequeño núcleo de vida ligado al ferrocarril.
El tren que cambió la dehesa
El origen del poblado se remonta a 1880, con la construcción de la línea ferroviaria entre Madrid y la frontera portuguesa. La ubicación era estratégica, porque allí debía formarse una encrucijada de líneas con la llamada Vía de la Plata.
Hasta entonces, el paraje de Parazuelo era un espacio de dehesa. Cano Ramos explica que el primer asentamiento estable nació precisamente por la llegada del ferrocarril, que modificó de forma abrupta, aunque parcial, aquel paisaje de encinas.
La idea de llevar el tren hacia el oeste peninsular venía de antes. Los primeros estudios se remontan a 1856, aunque los proyectos quedaron bloqueados por cambios políticos y por las dificultades del trazado. En aquellos años, la población tampoco veía del todo claras las ventajas del nuevo medio de transporte, según explica Cano.
La promesa del progreso
Ya en 1869, un informe firmado por Lorenzana y Molina apuntaba que "el ferrocarril podría traer a la zona animación y beneficios", pero las obras entre Madrid y Malpartida de Plasencia no comenzaron hasta finales de 1871.
Malpartida acabó siendo el punto final de aquel tramo por las dificultades para llevar la línea hasta la propia ciudad de Plasencia. Según recoge el artículo, las condiciones del valle hicieron imposible acercar el trazado hasta sus inmediaciones, pese al peso económico que tenía la ciudad en la comarca.
Así, el tramo desde Madrid hasta la estación de Malpartida de Plasencia quedó concluido en 1879. Poco después, en 1880, se abrió la línea de Cáceres a la frontera portuguesa y, el 20 de noviembre de 1881, entró en servicio la conexión directa entre Madrid y Lisboa por Valencia de Alcántara.
Nace Plasencia-Empalme
El año clave para el poblado fue 1896. Cano señala que fue entonces cuando quedó formalmente establecido el empalme entre las líneas y cuando puede fijarse el nacimiento de la segunda estación del término municipal de Malpartida de Plasencia, llamada en origen Plasencia-Empalme y hoy Monfragüe.
La estación se situó a siete kilómetros del casco urbano. La elección del punto respondió a criterios técnicos porque el paraje de Parazuelo ofrecía mejores condiciones para trazar el descenso hacia el valle de Plasencia.
Aquel recinto ferroviario no era una simple parada. Desde el primer momento, contó con instalaciones para el transbordo de viajeros y mercancías; la clasificación de vagones; la composición de trenes y el mantenimiento y relevo del material motor. Todo eso exigía trabajadores. Y esos trabajadores necesitaban vivir cerca.
Casas junto a las vías
La distancia con los núcleos de población hizo que la compañía empezara a construir viviendas para empleados y familias. Así comenzó a tomar forma el poblado ferroviario, no como un barrio planificado desde una ciudad, sino como una respuesta a la vida diaria de quienes trabajaban junto a las vías.
A comienzos del siglo XX, el enclave fue ganando servicios. En 1908 se inició la construcción de un dormitorio para maquinistas, terminado en 1909. En 1910, se concluyó el edificio que albergaba capilla y escuela. En 1912, se aprobó un nuevo depósito de carbón, concluido en 1913, año en el que también se levantó la vivienda del médico y comenzaron tres pabellones para alojar a 18 familias.
Cano relata que, ya en 1920, Plasencia-Empalme tenía 32 viviendas y una población censada de 266 habitantes. Sin embargo, muchos trabajadores seguían viviendo en Malpartida de Plasencia o en la propia Plasencia y tenían que desplazarse a diario hasta la estación.
La gran ampliación
La necesidad de más viviendas llevó a aprobar en 1922 un modelo de pabellón para los poblados ferroviarios de la compañía. Cuatro años después, en 1926, se proyectó la mayor ampliación residencial que conoció este núcleo.
El motivo era que la estación estaba "lejos de las zonas habitadas, aumentaban los tráficos y la jornada de ocho horas obligaba a una mayor rotación de personal". Por lo tanto, hacían falta alojamientos para empleados itinerantes y para las familias de quienes estaban destinados allí.
El proyecto preveía la construcción de siete pabellones con 42 viviendas. La compañía quería que estuvieran alineados para "darles aspecto urbanizado que tan agradable resulta para el viajero". Las obras empezaron ese mismo año y los edificios fueron recepcionados por la compañía en agosto de 1928.
Un pueblo con nombres de directivos
La intención de ordenar aquel espacio también se notó en las calles. La empresa bautizó las nuevas vías con nombres de directivos de la compañía, y algunos todavía pueden verse en los rótulos que se conservan.
Entre ellos figuran Antonio Núñez, Salvador Peña y Alfredo Loewy y Porgés, este último tío por línea materna del escritor Franz Kafka, según recuerda Cano Ramos en su artículo.
Un patrimonio olvidado
El declive llegó después, cuando cambiaron las formas de explotación ferroviaria y se redujo progresivamente la plantilla de trabajadores. Esa pérdida de actividad provocó la crisis y el despoblamiento del enclave.
Cano Ramos presenta este legado como un ejemplo de asentamiento humano ligado a uno de los grandes procesos de la Revolución Industrial: el ferrocarril. Un patrimonio que nació en mitad de la dehesa, que llegó a convertirse en hogar para decenas de familias ferroviarias y que ahora permanece como un salvavidas para el tráfico ferroviario con destino a Plasencia.
Ya lo dijo el fallecido Guillermo Fernández Vara en su día para destacar la importancia de la nueva estación de tren en Plasencia, si el "apeadero de Monfragüe" desaparece antes de su construcción, la capital del Jerte se quedaría fuera de la alta velocidad.
- La Policía Local de Malpartida de Plasencia lanza un llamamiento a la colaboración ciudadana contra la oleada de robos
- En estado crítico una joven de 22 años tras un accidente en Tejeda de Tiétar con tres heridos más
- Muere María Fernández Garrido, concejal de Deportes e Igualdad de Navaconcejo, tras una larga lucha contra el cáncer
- La gran verbena gallega aterriza este verano en Malpartida de Cáceres
- La Terrona, la encina más grande del mundo, ultima un nuevo acceso renovado para atraer más turismo a Zarza de Montánchez
- King África suspende su actuación en Logrosán tras mojarse la mesa de sonido
- Mariam, la niña saharaui que renunció a su último verano en Cáceres para cuidar de su padre enfermo
- Un pueblo de Cáceres de 200 habitantes se convierte en el epicentro de la música de Robe Iniesta
