Ocio estival
Descubre los mejores miradores de Trujillo para disfrutar de la mágica hora dorada del verano
La ciudad cacereña ofrece múltiples puntos estratégicos, desde su castillo hasta rincones urbanos, para disfrutar del espectáculo lumínico del atardecer estival

Imagen del atardecer en Trujillo. / Cedida a El Periódico Extremadura

Sin duda alguna, uno de los mejores regalos que deja el verano son los atardeceres. En la provincia de Cáceres, aunque el horizonte no se funda con el mar, la naturaleza ofrece un espectáculo diferente, donde las montañas, las dehesas y los perfiles monumentales sustituyen a las olas como telón de fondo.
Trujillo esconde algunos de los enclaves más especiales para contemplar ese instante en el que el día se despide y el cielo se llena de tonos dorados, naranjas y rosados.
La ciudad monumental, conocida por su imponente patrimonio histórico, también ofrece algunos de los mejores miradores para disfrutar de la caída del sol. Desde las murallas de su castillo hasta rincones mucho más tranquilos, Trujillo invita a detener el paso y contemplar cómo la luz transforma por completo la piedra centenaria que caracteriza su casco histórico.
El castillo, el gran balcón de Trujillo
Si hay un lugar que sobresale por encima del resto, ese es el Mirador del Castillo. Situado en el punto más elevado de la ciudad, permite contemplar una panorámica prácticamente completa del casco histórico, la Plaza Mayor, las iglesias y la inmensa penillanura que rodea el municipio.
Cuando el sol comienza a esconderse, el granito adquiere un tono dorado que poco a poco evoluciona hacia los rosas y anaranjados, ofreciendo una de las imágenes más reconocibles de Trujillo. No es casualidad que sea uno de los lugares preferidos por fotógrafos y visitantes que buscan inmortalizar el final del día.
Muy cerca se encuentra la propia Alcazaba de Trujillo, donde el recorrido por las murallas se convierte en una experiencia en sí misma. Desde sus distintos puntos de observación es posible disfrutar de vistas de 360 grados sobre toda la comarca, mientras el paisaje cambia de color con el paso de los minutos. Llegar con algo de antelación permite recorrer el recinto con calma antes de que aparezca la conocida hora dorada.
El encanto de perderse por sus calles
No todos los atardeceres necesitan un gran mirador. El centro histórico de Trujillo ofrece una experiencia completamente distinta.
A medida que baja el sol, la luz cálida resalta las fachadas de los palacios renacentistas, las iglesias y las calles empedradas, creando una atmósfera especialmente fotogénica. Pasear sin prisas por la Plaza Mayor mientras las terrazas comienzan a llenarse o terminar la tarde con un helado frente a la estatua ecuestre de Francisco Pizarro se convierte en uno de los planes más sencillos y agradables del verano.
Naturaleza para disfrutar del silencio
Quienes prefieran un ambiente más tranquilo pueden acercarse a La Alberca, uno de los espacios verdes más conocidos de la ciudad.
La vegetación, el reflejo del cielo sobre el agua y la temperatura algo más agradable cuando cae la tarde convierten este rincón en una opción perfecta para pasear, descansar o simplemente contemplar cómo cambia la luz antes de la noche.
También algunos tramos de la muralla permiten descubrir perspectivas diferentes del paisaje que rodea Trujillo, con vistas abiertas sobre el entorno natural y el perfil monumental de la ciudad.
Una escapada muy cerca de la ciudad
Para quienes no les importe recorrer unos pocos kilómetros, existe una opción que muchos consideran imprescindible: el Mirador de La Techada, situado a apenas 20 minutos de Trujillo.
Desde este enclave natural se obtiene una amplia panorámica de la penillanura cacereña, convirtiéndose en uno de los lugares más recomendables para contemplar la puesta de sol en toda la comarca. Su tranquilidad y la amplitud del paisaje hacen que sea una alternativa perfecta para quienes buscan un entorno más natural.
El momento perfecto para hacer la fotografía
Los aficionados a la fotografía tienen un pequeño aliado durante los meses de verano: la denominada "hora dorada". Los especialistas recomiendan llegar entre 30 y 45 antes de la puesta de sol. Es durante ese intervalo cuando la luz resulta más cálida y suave, permitiendo capturar el característico color anaranjado que adquieren la piedra y los monumentos de Trujillo.
Después llega el llamado "instante azul", cuando las primeras luces de la ciudad comienzan a encenderse mientras el cielo conserva todavía los últimos tonos del crepúsculo.
Cuando el mejor espectáculo es gratuito
Cada verano miles de personas buscan el mejor lugar para contemplar cómo termina el día. En Trujillo no hace falta comprar una entrada ni recorrer grandes distancias para disfrutar de ese momento.
Basta con subir a una muralla, detenerse en un mirador o pasear sin prisa por sus calles para comprobar que, cuando el sol empieza a esconderse, la ciudad ofrece uno de esos espectáculos que cambian cada tarde y que, precisamente por eso, nunca dejan de sorprender.
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