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Ocio estival

La competición donde perder el miedo al ridículo es casi obligatorio regresa este verano a Valverde del Fresno

La prueba, que se celebra en la avenida Santos Robledo, destaca por la originalidad de los vehículos construidos artesanalmente que descienden por inercia

Autos locos de Valverde del Fresno.

Autos locos de Valverde del Fresno. / Cedida a El Periódico Extremadura

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Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Valverde del Fresno

A lo largo de la provincia de Cáceres se pueden encontrar algunos de los festejos más singulares de la región y Valverde del Fresno presume de contar con uno de los más llamativos. Cada verano, sus calles se transforman en un circuito improvisado por el que descienden originales vehículos artesanales en la ya tradicional carrera de Autos Locos, una cita en la que la creatividad pesa tanto como la velocidad y que se ha convertido en uno de los eventos más esperados de las fiestas estivales.

La próxima edición ya tiene fecha. Será el 15 de agosto, a partir de las 18.30 horas, cuando decenas de participantes vuelvan a tomar la avenida Santos Robledo a los mandos de unos ingenios construidos por ellos mismos y diseñados para sorprender tanto al jurado como al público.

El Ayuntamiento ha abierto ya el plazo de inscripción para todas aquellas personas que deseen participar con su propio vehículo, un proceso que puede realizarse a través de la página web municipal.

Mucho más que una carrera

Aunque la competición tiene un componente deportivo, el verdadero atractivo de los Autos Locos reside en la imaginación de sus participantes. Cada equipo dedica semanas, e incluso meses, a construir vehículos completamente artesanales inspirados en personajes, películas, profesiones, animales o cualquier idea capaz de arrancar una sonrisa al público.

Durante el descenso, los pilotos deben completar el recorrido utilizando únicamente la fuerza de la gravedad, ya que estos vehículos carecen de motor. El espectáculo combina velocidad, habilidad y, sobre todo, originalidad, convirtiendo cada bajada en una representación donde los disfraces, la puesta en escena y el humor forman parte de la competición.

El ambiente festivo convierte la prueba en una de las actividades con mayor seguimiento del programa de verano, reuniendo cada año a cientos de vecinos y visitantes que llenan las calles para animar a los participantes.

Premios a la imaginación

La carrera premia diferentes aspectos del recorrido y de la construcción de los vehículos, aunque el ingenio suele convertirse en el gran protagonista de la jornada.

Los diseños más llamativos, la mejor ambientación o las puestas en escena más divertidas suelen despertar tantos aplausos como los descensos más rápidos. Esa combinación entre competición y espectáculo ha permitido consolidar el evento como una de las propuestas más originales del calendario festivo de la Sierra de Gata.

Además de atraer a numerosos visitantes, la cita fomenta el trabajo en equipo entre grupos de amigos, peñas y asociaciones que colaboran durante semanas en la construcción de sus particulares creaciones.

Una tradición consolidada en las fiestas de agosto

Los Autos Locos forman parte desde hace años de la programación de las fiestas patronales de agosto de Valverde del Fresno. La prueba está organizada con la colaboración del Ayuntamiento y del tejido asociativo del municipio, convirtiéndose en una de las actividades más participativas del verano.

La carrera ya se celebraba al menos en 2015, y en 2016 alcanzó su segunda edición, lo que refleja la rápida acogida que tuvo entre los vecinos y su consolidación dentro del calendario festivo.

El funcionamiento de la competición mantiene la esencia de las clásicas carreras de autos locos: vehículos construidos de forma artesanal, sin motor y propulsados únicamente por la inercia, donde la creatividad del diseño resulta tan importante como la destreza del piloto.

Originalidad y funcionamiento, las claves del éxito

El jurado suele valorar aspectos como la originalidad, la puesta en escena, el vestuario, el comportamiento del vehículo durante el descenso y el espectáculo ofrecido al público, haciendo que la diversión prime sobre el resultado deportivo.

Cada verano, las calles de Valverde del Fresno demuestran que no hacen falta grandes circuitos ni motores para reunir a cientos de personas alrededor de un mismo espectáculo. Basta un puñado de ruedas, mucha imaginación y las ganas de compartir una tradición que, edición tras edición, sigue recordando que las mejores carreras son aquellas en las que todos terminan cruzando la meta con una sonrisa.

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