Blog del cronista
Descubriendo Albalá (II): las estudiantinas y las carreras de gallos, tradiciones carnavaleras que evolucionan
La localidad extremeña conserva sus festividades como las Fiestas de San Joaquín, la singular tradición de Las Tablas y la emblemática Hoguera de Nochebuena
Carmen Calderón
Las celebraciones tradicionales de Albalá constituyen uno de los principales elementos de su patrimonio cultural inmaterial. A través de ellas se conservan costumbres, manifestaciones religiosas y expresiones festivas transmitidas de generación en generación, muchas de las cuales están estrechamente vinculadas al calendario litúrgico y a la organización social tradicional del municipio.
Fiestas patronales de San Joaquín. Las fiestas patronales se celebran el domingo siguiente al 15 de agosto en honor de san Joaquín, patrón de la localidad. Durante estos días tienen lugar los actos religiosos, procesiones, actividades culturales, conciertos y diferentes eventos populares que reúnen tanto a los vecinos como a numerosos visitantes y emigrantes que regresan al municipio con motivo de estas celebraciones.
Las Tablas de Albalá. Entre las manifestaciones festivas más singulares destaca la celebración de Las Tablas, declarada de interés etnográfico por su originalidad y por el importante valor simbólico que conserva dentro de la Navidad extremeña. Esta tradición constituye un homenaje al Niño Jesús y rememora las ofrendas realizadas por los Reyes Magos y los pastores en el portal de Belén.

Tablas. / C. Calderón
En la actualidad, el protagonismo corresponde a los quintos, es decir, los jóvenes que cumplen diecinueve años durante el año de la celebración. Los quintos eran antaño los muchachos que al cumplir la edad reglamentaria tenían que realizar el servicio militar, así, muchos de estos muchachos entran en el Ejército y hacen carrera en el mismo o, habiendo tenido servicio en varias guerras, deciden después optar por otras vías, Guardia Civil, empresas, etc.
Sin embargo, antiguamente la organización recaía sobre seis jóvenes conocidas como pedidoras o pidioras, elegidas el día de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre). Su misión consistía en recorrer el pueblo recogiendo donativos, alimentos y diversos materiales destinados tanto a sufragar los gastos de la fiesta como a preparar los característicos tableros.
Las Tablas son estructuras de madera cuidadosamente decoradas con pañuelos de seda, rosarios, medallas, cintas de colores y diversos adornos, sobre las que se disponen rosquillas, panes, naranjas, dulces y otros productos ofrecidos posteriormente mediante pujas o subastas celebradas a la salida de la iglesia parroquial.
La preparación de estos tableros era tradicionalmente una tarea familiar. Una vez terminados, permanecían en las viviendas de las pedidoras hasta el momento de ser trasladados en procesión al templo parroquial. Tras la celebración de la misa, el recorrido incluía distintos puntos simbólicos del municipio, como las conocidas «Tres Cruces», la dehesa del Médico y la Hoguera, antes de regresar nuevamente a la iglesia.
Durante los días 25, 26 y 27 de diciembre las celebraciones continuaban con rondas musicales por las calles del pueblo, acompañadas de bailes tradicionales. Los vecinos correspondían ofreciendo comida y bebida a los participantes, fortaleciendo así el carácter comunitario de la festividad.
La Hoguera de Nochebuena
La Hoguera constituye el acto que inaugura oficialmente las celebraciones navideñas de Albalá y representa una de sus tradiciones más antiguas y emblemáticas. Como ocurre en numerosas localidades españolas, el fuego posee un profundo simbolismo purificador y renovador, asociado en la tradición cristiana a la fe, la unión y la fraternidad.
La preparación comienza durante el otoño, cuando los quintos seleccionan antiguas encinas destinadas a alimentar la gran hoguera. Según la costumbre, el 7 de diciembre los jóvenes salen al campo con carros y carretas para transportar la leña hasta el Llano de las Escuelas, donde queda cuidadosamente apilada.
El día 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción —popularmente conocida como “La Pura”—, antiguamente eran designadas las seis pedidoras, responsabilidad que recaía en jóvenes pertenecientes a la asociación de las Hijas de María. En la actualidad, su nombramiento corresponde al párroco de la localidad, con el consentimiento previo de las interesadas.
Durante la mañana del 24 de diciembre los quintos recorren las calles cantando y solicitando leña, escobas y otros materiales para completar la construcción de la hoguera. Al anochecer, con todo el pueblo congregado en torno al Llano de las Escuelas, se procede al encendido del gran fuego, acompañado por música, bailes y manifestaciones de alegría colectiva. La hoguera permanece ardiendo hasta consumirse completamente, simbolizando la llegada de la Navidad y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios.
La Jira
El Domingo de Resurrección se celebra la tradicional Jira, jornada festiva en la que vecinos y familias se trasladan al campo para compartir comidas al aire libre, recuperando una costumbre muy arraigada en numerosos municipios extremeños.
Romería de la Virgen del Salor
La Romería de la Virgen del Salor tiene lugar el primer domingo de mayo y reúne a numerosos participantes que acompañan la imagen mariana hasta su santuario, combinando los actos religiosos con la convivencia popular y las actividades recreativas propias de este tipo de celebraciones.
Las estudiantinas
El Carnaval de Albalá conserva una tradición propia representada por las estudiantinas, agrupaciones comparables a las murgas carnavalescas de otras localidades. Sus integrantes recorren las calles disfrazados e interpretan canciones satíricas, humorísticas y de crítica social inspiradas en los acontecimientos del año.
Estas agrupaciones visitan las viviendas del pueblo, donde son recibidas por los vecinos con productos típicos de la matanza, dulces tradicionales y otras elaboraciones propias del periodo invernal, reforzando así el carácter participativo de la fiesta.
Las carreras de gallos
Otra de las celebraciones más representativas del Carnaval eran las tradicionales carreras de gallos, práctica documentada desde antiguo y estrechamente relacionada con el antiguo rito de paso de los quintos.
Cada participante aportaba un gallo criado por su familia durante meses, mientras que las cabalgaduras eran preparadas cuidadosamente para la competición. Los jinetes vestían el traje tradicional masculino, compuesto por pantalón negro, chaleco del mismo color, camisa blanca, fajín rojo y el característico pañuelo gallero, colocado sobre la espalda para proteger el chaleco. También era habitual el uso de un pañuelo ricamente decorado con encajes y cintas de colores, elemento distintivo compartido con otras localidades próximas como Torre de Santa María.
Los caballos se engalanaban con vistosas monturas y con la denominada manta gallera o manta de madroños, tradicionalmente tejida por las mujeres de la familia y decorada con abundantes flecos y pompones de vivos colores.

Traje típico de la villa de Albalá. / C. Calderón
Las carreras se celebraban durante los días de Carnaval, incluido el denominado Domingo de Piñata. Antiguamente consistían en intentar decapitar un gallo suspendido boca abajo entre dos carros mediante el paso al galope de los jinetes, primero utilizando espadas y posteriormente porras. Esta práctica respondía a una tradición festiva extendida en diferentes regiones españolas. La crueldad de la práctica ha hecho separar la crueldad de la “fiesta”, al no entenderse que en una fiesta haya crueldad de ningún tipo. Así, desde 2003, la celebración fue modificada para adaptarse a la normativa de protección animal, sustituyendo los gallos vivos por ejemplares ya sacrificados, eliminando así el sufrimiento de los animales y preservando únicamente la costumbre popular, que como otras costumbres sangrientas, terminará desapareciendo completamente, cosa que agradecerán los vecinos.
Indumentaria tradicional
La indumentaria tradicional constituye otro de los elementos más representativos del patrimonio etnográfico de Albalá. El traje femenino se caracteriza por el uso del refajo ricamente bordado y confeccionado con vivos colores, combinado con camisa blanca o negra, corpiño y pañuelo. En el caso del traje masculino, la vestimenta está formada por pantalón y chaleco negros, camisa blanca y fajín rojo, completándose con un pañuelo triangular bordado que cae sobre la espalda y suele llevar bordadas las iniciales del quinto, símbolo de pertenencia al grupo de jóvenes protagonistas de las celebraciones festivas.
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