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Artesanía en la calle

Un 'gancho' para los turistas en Oliva de Plasencia de la mano de las mujeres del pueblo

El proyecto 'Tejiendo Vida' mantiene activas durante el invierno a las mujeres de Cuarzo Rosa, que transforman sus labores de ganchillo en piezas que decoran el pueblo en verano

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Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Oliva de Plasencia

Matilde, Beatriz, Julia y otra decena de mujeres se afanan como las hormigas en hacer una labor durante el curso que se hace plenamente visible en verano. Pertenecen a la asociación Cuarzo Rosa de Oliva de Plasencia y, gracias a ellas, las calles de este municipio del norte de Cáceres están ya engalanadas con verdaderas obras de arte tejidas a ganchillo.

Lo que comienza como una actividad para reunirse, mantenerse activas y sobrellevar los largos meses de invierno acaba cada año convertido en un auténtico reclamo turístico, un gancho para vecinos y visitantes, que se detienen ante las piezas, las fotografían y descubren el pueblo a través del proyecto Tejiendo Vida.

Un invierno juntas

Hace unos diez años, un 8 de marzo, se creó el proyecto. Julia Gutiérrez, concejala de Bienestar Social, Recursos Humanos y Relaciones con los Ciudadanos del Ayuntamiento de Oliva de Plasencia y vicepresidenta de la asociación, explica que la iniciativa mantiene el objetivo con el que nació, favorecer las relaciones sociales entre las mujeres del municipio. De hecho hay quien ha salido de una depresión gracias a esta iniciativa.

La asociación ronda el centenar de socias, aunque muchas residen durante buena parte del año en ciudades como Madrid, Barcelona o Bilbao y son alrededor de quince quienes participan de manera habitual en la elaboración de las piezas, mientras que el resto contribuye con sus cuotas a comprar la lana y contribuyen a seguir manteniendo el proyecto.

"En un pueblo de pocos habitantes, en invierno no nos vemos", señala Gutiérrez. Por eso, el proyecto supone un punto de encuentro porque las mujeres se reúnen normalmente una tarde a la semana, a veces dos, cuando se acerca la fecha de colocar una decoración y todavía queda trabajo pendiente.

De casa a la calle

Durante esas reuniones ponen en común las ideas, diseñan las composiciones y distribuyen las tareas. Después, cada una se lleva una parte a casa y continúa tejiendo durante la semana. En el siguiente encuentro, comprueban el resultado, unen las piezas y, cuando algo no encaja, deshacen los puntos y vuelven a empezar.

Matilde y Beatriz forman parte de ese grupo y Julia destaca que comparten una actividad que exige concentración, coordinación y destreza manual porque el ganchillo obliga a contar puntos, sumar, restar, detectar errores y corregirlos. "Es una manera de tener destreza en las manos y en la mente", afirma, por lo que es beneficiosa frente "al deterioro cognitivo". La actividad ayuda así a las mujeres a mantenerse activas física y mentalmente, especialmente a las participantes de mayor edad.

Mantener la tradición

El proyecto también reivindica una labor que, hasta la creación del proyecto, estaba confinada en las casas porque las mujeres hacían piezas como tapetes y otras que colaban sobre una mesa o un sofá y, ahora, han sacado a las fachadas, calles y otros espacios públicos para que el trabajo de las mujeres se reconozca.

"La idea es sacar a la calle la habilidad que tienen las mujeres con el ganchillo, para que sea visible y valorada", explica Gutiérrez. Tejiendo Vida recupera además el aprendizaje transmitido por madres y abuelas, que enseñaban esta técnica a las generaciones más jóvenes cuando todavía son niñas.

Ahora, aprenden las unas de las otras, pero el proyecto es también un homenaje a aquellas abuelas y permite conservar una tradición que las mujeres de Cuarzo Rosa han reinterpretado con obras de grandes dimensiones.

El arco de Cáparra

Precisamente, una de las principales novedades de este verano es una reproducción tejida del arco de Cáparra. La pieza ha mantenido ocupadas a las mujeres durante buena parte del invierno y han necesitado varios intentos hasta que la composición, elaborada a partir de fotografías, ha llegado a ser lo que ellas querían.

Las montañas, el cielo y los distintos volúmenes les han planteado dificultades porque todo el trabajo se ha realizado sobre una superficie plana. "Hemos hecho y deshecho mucho porque era un trabajo muy particular y tenía que quedar bien", reconoce Julia.

A esta creación se suman los toldos de ganchillo que cubren una calle completa; dos abuelos con su vestimenta antigua, un cuadro de los girasoles de Van Gogh, un árbol de la vida, flores y otras piezas.

Las letras del pueblo

Solo hay una que todavía no se ha colocado y esperan que se haga en breve, las letras con el nombre de Oliva de Plasencia en grandes dimensiones, que irán en la entrada al pueblo desde Plasencia, junto al aparcamiento de la piscina. Los trabajadores municipales se encargarán del montaje.

Julia señala que el ayuntamiento apoya el proyecto con una subvención anual de 1.600 euros y aporta el personal, los andamios y los medios necesarios para colocar las piezas. Las mujeres solicitan, además, permiso a los propietarios cuando utilizan fachadas, balcones o inmuebles particulares.

El objetivo es que las letras estén instaladas ya en agosto, cuando aumenta la llegada de visitantes y regresan muchas personas vinculadas al municipio. "Viene muchísima gente a verlo", asegura Julia que, junto a Matilde y Beatriz, invitan a descubrir las decoraciones y recorrer los espacios del pueblo transformados por el trabajo de la asociación.

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