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Turismo

Las aves que convierten la provincia de Cáceres en uno de los grandes santuarios ornitológicos de Europa

La provincia cacereña se consolida como destino ornitológico europeo gracias a sus dehesas, sierras y llanuras que albergan más de 250 especies de aves

Ejemplar de buitre leonado

Ejemplar de buitre leonado / David Osta/Pixabay

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Cáceres

Pocos lugares hay en Europa donde resulte tan sencillo observar un águila imperial ibérica, escuchar el reclamo de una cigüeña negra, contemplar el vuelo de un buitre negro o cruzarse con una avutarda en libertad. La provincia de Cáceres reúne, en apenas 20.000 kilómetros cuadrados, algunos de los ecosistemas mejor conservados del continente: dehesas, sierras, ríos, embalses, llanuras cerealistas, gargantas de montaña y bosques mediterráneos que sirven de refugio a más de 250 especies de aves.

No es casualidad que miles de aficionados viajen cada año desde Reino Unido, Alemania, Países Bajos o Estados Unidos únicamente para pasar unos días con prismáticos y telescopio. La provincia se ha convertido en uno de los principales destinos europeos para el turismo ornitológico, hasta el punto de que muchas especies consideradas extremadamente difíciles de localizar en otros países aquí pueden observarse en apenas una jornada.

Pero detrás de ese éxito hay mucho más que aves espectaculares. Cada especie cuenta una historia sobre el paisaje que habita, el equilibrio de los ecosistemas y la propia identidad del territorio.

La dehesa: el mayor hotel para las aves

Si existe un ecosistema que define la riqueza ornitológica cacereña es la dehesa. Las extensas fincas salpicadas de encinas y alcornoques ofrecen exactamente lo que muchas especies necesitan: árboles centenarios para anidar, grandes espacios abiertos para cazar y abundancia de alimento durante prácticamente todo el año.

En estos paisajes conviven algunas de las aves más amenazadas de Europa. El águila imperial ibérica, una de las rapaces más escasas del planeta, mantiene en Extremadura una de sus principales poblaciones reproductoras. Hace solo medio siglo apenas sobrevivían unas decenas de parejas en toda España; hoy la especie se recupera lentamente y buena parte de ese éxito se debe a los territorios extremeños.

Águila imperial, especie en peligro

Águila imperial, especie en peligro / Shutterstock/J. Giraldo

En esas mismas dehesas también vive el buitre negro, el ave rapaz de mayor tamaño de Europa. Puede superar los tres metros de envergadura y pesar más de diez kilos. A diferencia del buitre leonado, mucho más abundante, el negro construye enormes nidos sobre encinas y alcornoques que reutiliza durante años, llegando a alcanzar dimensiones sorprendentes. Las colonias de Monfragüe y la Sierra de San Pedro figuran entre las más importantes del continente.

Monfragüe: donde el cielo nunca está vacío

Hablar de aves en Cáceres obliga a detenerse en el Parque Nacional de Monfragüe, pues pocos espacios europeos concentran tal cantidad de grandes rapaces. Desde el Salto del Gitano resulta habitual contemplar simultáneamente buitres leonados, buitres negros, alimoches, águilas reales, águilas imperiales y halcones peregrinos aprovechando las corrientes térmicas que ascienden desde el Tajo.

El parque alberga además una de las mayores colonias mundiales de buitre negro y constituye uno de los últimos refugios de la cigüeña negra, mucho más esquiva que su popular pariente blanca.

Buitre negro en Extremadura.

Buitre negro en Extremadura. / El Periódico

Mientras la cigüeña común ha aprendido incluso a vivir en campanarios y tejados urbanos, la negra mantiene un comportamiento totalmente opuesto: busca cortados inaccesibles, bosques tranquilos y ríos poco alterados por el ser humano.

Cada primavera llegan desde África tras recorrer miles de kilómetros para criar únicamente en lugares donde el silencio sigue formando parte del paisaje.

El ave que vive escondida

Si hubiera que elegir el ave más difícil de observar en Cáceres probablemente muchos ornitólogos mencionarían al roquero solitario. Su plumaje azul intenso destaca sobre las cuarcitas de Villuercas, Monfragüe o Gata, pero su extraordinaria discreción hace que muchas personas pasen años recorriendo la provincia sin llegar a verlo.

Roquero solitario.

Roquero solitario. / SEO Birdlife

Algo parecido ocurre con el elanio azul, una pequeña rapaz africana que desde hace unas décadas ha encontrado en Extremadura uno de sus mejores territorios europeos.

Cuando permanece inmóvil cerniéndose en el aire recuerda a un diminuto cernícalo, aunque sus ojos rojizos y su plumaje grisáceo lo convierten en una de las rapaces más elegantes de la península.

Las grandes corredoras de las llanuras

Sin embargo, no todo ocurre en montañas y bosques. Las inmensas llanuras cerealistas de Los Llanos de Cáceres albergan algunas de las especies esteparias más amenazadas de Europa. La avutarda común, considerada el ave voladora más pesada del mundo, alcanza fácilmente los 16 kilos en los machos adultos.

Durante la primavera protagoniza uno de los espectáculos naturales más llamativos de la fauna ibérica: el cortejo conocido como 'rueda'. Los machos inflan su plumaje blanco hasta convertirse prácticamente en enormes bolas de plumas mientras compiten por atraer a las hembras.

Abutarda común.

Abutarda común. / E.P

En esos mismos campos también sobreviven sisones, gangas ibéricas, ortegas, alcaravanes y aguiluchos cenizos, especies cuya conservación depende directamente del mantenimiento de la agricultura tradicional.

La cigüeña que eligió quedarse

Si existe un ave inseparable de la imagen de Cáceres esa es la mencionada cigüeña blanca. Durante siglos fue considerada una visitante exclusivamente estival. Sin embargo, desde hace apenas unas décadas muchas han dejado de emigrar.

El motivo resulta curioso. Los inviernos son hoy más suaves y la disponibilidad de alimento es constante gracias, entre otros factores, a vertederos, regadíos y zonas húmedas artificiales. Para muchas resulta más rentable permanecer en Extremadura durante todo el año que recorrer los más de 4.000 kilómetros hasta el África subsahariana.

Humedal de la cigueña, en Malpartida de Cáceres.

Humedal de la cigueña, en Malpartida de Cáceres. / AYUNTAMIENTO DE MALPARTIDA DE CÁCERES

La provincia alberga miles de parejas reproductoras distribuidas sobre todo en pueblos. En Cáceres capital sus nidos formaban parte del propio paisaje monumental hasta que dejaron de conservarse sus nidos por temas de estética, entre otras razones. Sin embargo, los cacereños que tengan una edad siguen recordando a sus célebres vecinas y cómo se convivía con ellas.

Los embalses, un refugio inesperado

Las grandes masas de agua artificiales construidas durante el siglo XX terminaron creando nuevos ecosistemas. Embalses como el de Alcántara, Gabriel y Galán, Valdecañas o Borbollón se han convertido en auténticos hoteles para miles de aves acuáticas.

La grulla común es un ave muy afectada por la enfermedad

La grulla común. / SEO/Birdlife

Por ejemplo, en invierno llegan grullas procedentes del norte de Europa, y su llegada constituye uno de los grandes acontecimientos naturales extremeños. Cada atardecer cientos —y en ocasiones miles— de ejemplares regresan en formación para dormir en zonas inundadas donde permanecen protegidas frente a depredadores. Su característico trompeteo puede escucharse a varios kilómetros de distancia.

Los ríos donde todavía pesca el martín pescador

Mientras las grandes rapaces dominan el cielo, algunos de los habitantes más llamativos apenas superan los 40 gramos de peso. El martín pescador recorre ríos como el Jerte, el Tiétar, el Alagón o la Ribera del Marco de Cáceres lanzándose como una flecha sobre pequeños peces. Su plumaje azul eléctrico parece casi irreal bajo el sol.

Martín pescador con una presa en su pico

Martín pescador con una presa en su pico / Panu Ruangjan/shutterstock

No muy lejos aparece el mirlo acuático, una rareza capaz de caminar literalmente bajo el agua para capturar insectos entre las piedras de los arroyos serranos. Es una de las pocas aves del mundo adaptadas a ese comportamiento.

Un viaje de miles de kilómetros

Cada primavera miles de aves llegan a Cáceres tras completar algunos de los viajes migratorios más impresionantes del planeta. Por ejemplo, el vencejo común pasa prácticamente toda su vida en el aire. Come, duerme e incluso llega a aparearse mientras vuela. Solo toca tierra para criar. Cuando abandona Extremadura en verano inicia un viaje que puede llevarlo hasta el África austral.

Vencejo en vuelo.

Vencejo en vuelo. / Shutterstock

La golondrina común también repite cada año una migración de miles de kilómetros para regresar, con una precisión sorprendente, al mismo nido donde nació.

Un patrimonio que va mucho más allá de la fotografía

La riqueza ornitológica de Cáceres ha impulsado un sector económico ligado al turismo de naturaleza que mueve cada año miles de visitantes y beneficia especialmente a pequeños municipios próximos a Monfragüe, la Sierra de San Pedro, Los Llanos de Cáceres, el Valle del Jerte, La Vera o el embalse de Arrocampo.

Guías especializados, alojamientos rurales, observatorios, centros de interpretación y festivales de naturaleza forman parte ya de una oferta turística que encuentra en las aves uno de sus principales reclamos.

Pero ese patrimonio depende de un delicado equilibrio. La conservación de las dehesas, la agricultura extensiva, los bosques mediterráneos o las zonas húmedas resulta imprescindible para que especies tan emblemáticas como la cigüeña negra, el águila imperial, la avutarda o el buitre negro continúen encontrando en la provincia uno de sus últimos grandes refugios.

Porque, mientras buena parte de Europa ha visto desaparecer estos paisajes, Cáceres sigue siendo uno de esos lugares donde basta levantar la vista para comprobar que el cielo continúa lleno de vida.

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