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Fauna estival

Los "invasores" que protegen tu verano: por qué deberías pensarlo dos veces antes de echarlos

Estos animales, a menudo rechazados por la población, cumplen una función ecológica esencial para reducir la dependencia de insecticidas y mantener el equilibrio natural

Los "invasores" que protegen tu verano: por qué deberías pensarlo dos veces antes de echarlos

Sofía Pérez Ramiro

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Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Provincia de Cáceres

Con la llegada del calor aparecen también algunos de los visitantes menos deseados del verano: los mosquitos, las moscas o las cucarachas. Frente a ellos, la mayoría recurre a insecticidas, repelentes o trampas, sin reparar en que la naturaleza lleva siglos utilizando un sistema mucho más eficaz y completamente gratuito.

En jardines, fachadas, parques e incluso dentro de las propias viviendas habitan especies que realizan un trabajo silencioso pero fundamental. Murciélagos, golondrinas, salamanquesas o arañas forman parte de un auténtico ejército natural que ayuda a mantener bajo control muchas de las plagas que proliferan durante los meses más calurosos. Paradójicamente, son también algunos de los animales que más rechazo generan entre la población.

Cuando un murciélago vale más que un repelente

Pocas personas imaginan que, mientras pasean en una noche de verano, los murciélagos sobrevuelan los pueblos y ciudades cazando miles de insectos. Su actividad comienza al anochecer y convierte a estos mamíferos en uno de los principales aliados contra los mosquitos.

Dependiendo de la especie, un solo ejemplar puede ingerir varios cientos de insectos en apenas una hora, reduciendo de forma natural las poblaciones de mosquitos y de otras especies nocturnas como polillas que, además de resultar molestas, pueden afectar a cultivos agrícolas. Su labor disminuye la necesidad de utilizar productos químicos y favorece el equilibrio ecológico de los entornos rurales.

Los cazadores que trabajan mientras nadie los mira

Cuando amanece, otros animales toman el relevo. Golondrinas y vencejos pasan el día recorriendo el cielo en busca de pequeños insectos voladores. Su extraordinaria capacidad para capturarlos mientras vuelan convierte cada jornada en una auténtica limpieza aérea que pasa completamente desapercibida para la mayoría.

Algo parecido ocurre a ras de suelo. Las salamanquesas, tan habituales en las noches de verano extremeñas, aprovechan la luz de farolas y ventanas para alimentarse de mosquitos, moscas, polillas o pequeñas cucarachas. Son completamente inofensivas para las personas y, sin embargo, desempeñan una función esencial para evitar que estos insectos se multipliquen.

Incluso las arañas, tan poco apreciadas en muchas casas, actúan como un eficaz sistema de control biológico. Sus telas retienen numerosos insectos voladores antes de que lleguen a convertirse en una molestia.

Pequeños animales con un papel mucho mayor del que parece

La lista de aliados naturales va mucho más allá. Las libélulas destacan por su voracidad frente a los mosquitos tanto en el agua como en el aire. Las ranas y los sapos ayudan a mantener bajo control los insectos en charcas, riberas y zonas húmedas, mientras que las lechuzas reducen las poblaciones de pequeños roedores e insectos en el entorno agrícola.

En huertos y jardines, las mariquitas se convierten en una herramienta natural contra los pulgones, protegiendo numerosas plantas sin necesidad de tratamientos químicos.

Incluso las hormigas, tan habituales durante el verano, desempeñan funciones fundamentales. Airean el terreno, eliminan restos orgánicos y favorecen la dispersión de semillas, contribuyendo al buen funcionamiento del suelo y de los ecosistemas.

Las responsables de que muchos alimentos lleguen a la mesa

No todos estos animales combaten plagas, también hay un extenso grupo que garantiza la producción de los alimentos.

Abejas y mariposas desempeñan un papel imprescindible en la polinización de numerosos cultivos propios del verano. Gracias a ellas es posible obtener frutas y hortalizas como tomates, melones, sandías, cerezas o melocotones, además de mantener la biodiversidad de numerosos espacios naturales.

Aprender a convivir con quienes también cuidan del verano

La presencia de muchos de estos animales suele pasar inadvertida o provocar rechazo inmediato. Sin embargo, detrás de cada vuelo nocturno, de cada pequeño reptil que se asoma a una pared o de cada nido instalado bajo un tejado existe una función ecológica que beneficia directamente a las personas.

El verano no solo depende del buen tiempo o de las vacaciones, también se caracteriza por ese equilibrio natural que mantienen especies discretas, muchas veces incomprendidas, pero indispensables para que las noches tengan menos mosquitos, los cultivos sufran menos plagas y los ecosistemas continúen funcionando con la eficacia que la naturaleza ha perfeccionado durante miles de años.

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