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Opinión | Grosso modo

Cáceres

Mi grupo preferido de whatsapp

Uno de mis ‘clanes wasaperos’ preferidos es el que nos aglutina a más de cien abogados extremeños, mayoritariamente de Badajoz

Con mi grupo.

Con mi grupo. / EL PERIÓDICO

En la era digital actual, los grupos de WhatsApp son una herramienta indispensable para la comunicación y la creación de comunidades. En mi caso, y como casi todo el mundo, pertenezco a varios y, aunque de reconocer que continúo en algunos ciertamente por obligación -ya que un abandono podría tildarse de desconsideración-, cada uno tiene una razón de existir, un propósito y una dinámica.

Imagen creada por Inteligencia Artificial.

Imagen creada por Inteligencia Artificial. / Juan Ramón Corvillo

Uno de mis ‘clanes wasaperos’ preferidos es el que nos aglutina a más de cien abogados extremeños, mayoritariamente de Badajoz; una invaluable fuente de recursos, donde compartimos experiencias, sentencias relevantes y dudas jurídicas, eso sí, siempre con una buena dosis de sarcasmo.

Otro que forma parte de mi rutina diaria es el de los vecinos de mi edificio. En él discutimos asuntos de la comunidad. También nos sirve para finalidades mucho más prosaicas, como las de preparar viajes y comidas juntos o colaborar en la búsqueda de alguna que otra llave extraviada.

Sin embargo, el más entrañable para mí es el que creamos hace más de una década unos cuantos compañeros tras la celebración de los 25 años de la licenciatura de la X Promoción de Derecho. Aquellos años de estudio (1982-1987) en el Palacio de la Generala, ahora parte del Vicerrectorado de la Universidad de Extremadura, forjaron amistades y camaraderías que han resistido el paso del tiempo. Hoy, nuestro grupo, compuesto por unos 70 miembros, todos extremeños, muy conocidos en nuestra región y relacionados profesionalmente con el Derecho (Abogacía, Judicatura, Procura, Fiscalía, Registro de la Propiedad, Gestoría Administrativa, Administración Tributaria, Autonómica, Local, etc.), se ha convertido en un auténtico santuario virtual.

No sólo compartimos recuerdos y celebramos nuestros logros y los de nuestros hijos; también es lugar de apoyo en los momentos difíciles y refugio, donde nuestras penas se alivian y nuestras ilusiones se fomentan. Las reuniones presenciales, que organizamos varias veces al año en lugares mágicos como Almoharín, Cáceres y Mérida, son momentos muy esperados, en los que la virtualidad da paso a abrazos reales, risas compartidas, bailes ochenteros y semidesafinados cánticos.

Cada miembro aporta una chispa única que aviva nuestro fuego común. Manolo, gestor administrativo emeritense, comparte su pasión por Raphael; hace un par de años llegamos a disfrutar con él de un concierto del divo linarense en el Teatro Romano, una experiencia inolvidable donde el cantante derrochó como siempre arte, piruetas y entusiasmo a raudales.

Chema tiene una desmesurada afición a los ‘memes’, añadiendo alegría y carcajadas a cada conversación. Sole, cuya dulce voz adorna la Coral de Mérida, y su pareja Iñaki (el único no extremeño, un expolicía donostiarra que es la prosopopeya de la amabilidad) complementan el grupo con arte y sensibilidad. Pero si hablamos de quién verdaderamente representa a esta comunidad ‘jurídico-amistosa’, ese es sin duda Ñito, un amante de la Sierra San Cristóbal de Almoharín, conocido, además de por su derrochante empatía con todos, por sus dotes como recolector de espárragos, setas silvestres y criadillas, y también por ser un maestro en el aderezo de aceitunas. Su esposa, Isa, no se queda atrás: sus tortillas de espárragos son legendarias y sumamente apreciadas en los ansiados encuentros almoharinenses.

La lista de miembros distinguidos continúa con Marisa, Mari Carmen, María José, Juan Antonio, Blanca-Sonia, Mari Cruz, Inma y Ana Domínguez -una abogada morala cuyo hijo Carlos combina la abogacía con su facetacomo cantante en ‘Wistimber’, sí, los del éxito, entre otros, de ‘Aceitunitas rajás’-. Aurora, apasionada de perros y aves, y Luis Fernando, fanático de la caza y la naturaleza, añaden más aliciente aún a nuestras charlas. Ángel Luis -abogado y escritor-, Ana Paz -funcionaria y pintora-, Jesús María -magistrado y poeta-, Pilar, Juan Carlos, Diego, Carolina, Faustino, Lourdes, Mario, Guadalupe, Mari Ángeles, Lola y Gracia, entre otros, son también pilares fundamentales de este mosaico humano.

Cada grupo de WhatsApp, con sus peculiaridades, puede desempeñar un papel importante en nuestras vidas. Son espacios de intercambio que demuestran cómo la tecnología, lejos de aislar, tiene el poder de unirnos y enriquecer nuestro espíritu. Sinceramente, esta aplicación de mensajería instantánea es responsable no sólo del reencuentro físico y periódico de nuestra X Promoción, sino de que hayamos llegado a ser más amigos de lo que éramos cuarenta años atrás.

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