Opinión | El bombo

No nos representan

Es muy difícil encontrar entre nuestra clase política a personas que provengan de la vida civil con un currículo brillante

Una urna electoral.

Una urna electoral. / CEDIDA

Los espectáculos que organizan los partidos políticos en los órganos de representación es pañoles y la palabrería con la que nos confunden diariamente me llevan a preguntarme en nombre de quienes y en beneficio de quienes obran de tal manera. 

No sé si se trata de añoranza o es pura realidad pero me parece que el nivel intelectual y educativo de muchos de nuestros políticos deja mucho que desear y esa sea probablemente una de la causas de la proliferación de insultos y descalificaciones, chabacanerías y barbaridades con las que nos obsequian diariamente pues demuestran una inanidad intelectual e instruida muy grave que conduce a la incapacidad para argumentar acuerdos y disensiones y por lo tanto han de refugiarse en los insultos, las descalificaciones y los mantras seleccionados por expertos en comunicación que se repiten insistentemente. 

Afortunadamente, estas actitudes no se han trasladado masivamente a la población aunque algunas minorías siempre estén dispuestas a la agresión verbal o incluso física, pero si el grado de agresividad que demuestran nuestros pretendidos representantes continúa en aumento, como es de temer, no nos extrañaría que el enfrentamiento entre ciudadanos esté a la orden del día. 

Y si la mayoría de los españoles no estamos por la bronca y el insulto diario y gratuito habrá que preguntarse a quién beneficia esta actitud y a cuantos representa. No creo que en estos momentos existan muchos españoles satisfechos con el comportamiento de sus políticos ni se sientan orgullosos de ellos. Más bien todo lo contrario. 

Es muy difícil encontrar entre nuestra clase política a personas que provengan de la vida civil con un currículo brillante o, al menos, no muy diferente de lo que es la media de los españoles porque el acceso a cargos de representación y o de responsabilidad de gestión en la mayoría de las ocasiones se debe actualmente a las fidelidades a determinadas personas, lo que en su vulgar idioma se denomina ‘lameculismo’. No debe extrañar que la desafección política aumente y se traduzca en un desinterés por la participación electoral.