Opinión | Grosso Modo
La abogacía cacereña en tiempos de algoritmos
Las herramientas informáticas permiten automatizar tareas, analizar datos y predecir resultados legales con precisión

La abogacía cacereña en tiempos de algoritmos. / Juan Ramón Corvillo
«Juanra, cuando yo empecé -que no hace tanto- la profesión era con mesa camilla y brasero de picón; esto ha cambiado mucho», me comentaba en 1998 mi querido amigo Manolo Domínguez Lucero (q.e.p.d.), en aquel momento Decano del Colegio de Abogados de Cáceres. En esa época la abogacía en nuestra provincia, al igual que en el resto de España, comenzaba a adentrarse tímidamente en el entonces nuevo mundo de las tecnologías informáticas (algo en Internet y también algo en el uso del incipiente correo electrónico), pero en buena medida continuábamos dependiendo del papel, del lápiz y, sobre todo, de la paciencia. Las bibliotecas y las tareas administrativas consumían gran parte de nuestro tiempo y de nuestro esfuerzo manual.
La introducción de los algoritmos ha venido a transformar por completo la profesión de abogado, condenando a todo lo anterior a la más absoluta obsolescencia. Las actuales herramientas informáticas permiten automatizar tareas repetitivas, analizar datos masivos y predecir resultados legales con precisión. El software de gestión documental organiza innumerables documentos, ayudando a acceder eficientemente a los más relevantes, reduciendo el tiempo en quehaceres tediosos y minimizando errores humanos, lo que permite al abogado ofrecer un servicio de mayor calidad a sus clientes.
El análisis predictivo de datos evalúa la probabilidad de éxito en los asuntos de un despacho, basándose en datos históricos y tendencias actuales, proporcionando una ventaja significativa en la toma de decisiones estratégicas, aumentando las posibilidades de éxito y ofreciendo así un asesoramiento preciso y confiable, y la investigación legal ha sido transformada por plataformas de búsqueda avanzada que permiten acceder a bases de datos jurídicas extensas y actualizadas, presentando en segundos información relevante.
Para aprovechar esas oportunidades, los despachos de abogados debemos invertir día tras día en medios, formación y desarrollo profesional. Aquellos que no se actualicen corren el riesgo de quedarse atrás.
La colaboración -más imaginativa que económica- entre despachos, Colegio de Abogados, Universidades y empresas tecnológicas en nuestra provincia puede acelerar la adopción de esas nuevas herramientas y prácticas. Continuar creando comunidades para compartir experiencias y conocimientos sobre el uso de tecnología resultaría sin duda sumamente beneficioso. La abogacía cacereña, al igual que en el resto del planeta, se encuentra inmersa en una auténtica y continua revolución tecnológica. Los algoritmos y la inteligencia artificial ofrecen oportunidades sin precedentes para mejorar la eficiencia y precisión en nuestra práctica y, aunque plantean desafíos éticos de privacidad y responsabilidad, siempre debemos apostar por el futuro.
Un ejemplo de lo anterior es la firma digital de los abogados. Un año después del jocoso comentario de Domínguez Lucero, un grupo de abogados de todo el territorio nacional -yo tuve el honor de ser el representante de Extremadura a través del Colegio de Abogados de Cáceres- fue reclutado por el Consejo General de la Abogacía Española para trabajar en la implantación de aquélla. Tan peregrina idea fue objeto incluso de sorna por parte de algún compañero desaprensivo y sin visión de todo lo que se avecinaba. Aquel grupo fue el germen para que el referido Consejo se constituyera cuatro años después como prestador de servicios de certificación y, gracias a ello, desde hace casi veinte años todos los abogados disponemos de una firma digital individual, exclusiva e intransferible; una herramienta imprescindible para la presentación de todos los escritos procesales en cuantos juicios se celebran en España.
Para navegar con éxito en esta nueva era, hemos de estar dispuestos a aprender y adaptarnos, asegurándonos de que las tecnologías mejoren nuestro trabajo y respeten los principios de justicia y equidad. Con la actitud correcta y disposición para abrazar el cambio, podremos mirar hacia adelante con optimismo y confianza. Los despachos debemos caminar al ritmo de las ciencias aplicadas, adoptándolas y adaptándolas para prestar un servicio excepcional en un mundo digitalizado. Invertir en ellas es invertir en nuestro futuro y en la calidad de la defensa de los intereses que nos sea encomendada. Los cacereños confían en nosotros sus problemas y sus esperanzas; por ello, si la abogacía cacereña pretende continuar prestando servicios de primera calidad, ha de adquirir, aprender y hacer uso de las mejores herramientas posibles en cada momento, so pena de seguir removiendo el picón con la badila…
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