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Opinión | Centenario de la coronación

Una emoción compartida

A esa vida donde la incertidumbre es una constante e incluso valores antaño compartidos se comercializan e instrumentalizan alimentando el egoísmo. Es, si cabe, ahora cuando volver la mirada a nuestras emociones compartidas se vuelve más necesario que nunca como asidero al que aferrarse

La Virgen de la Montaña a su llegada a Fuente Concejo el pasado 5 de septiembre.

La Virgen de la Montaña a su llegada a Fuente Concejo el pasado 5 de septiembre. / Carlos Gil

La palabra emoción evoca una imagen, la instantánea de los rostros de las y los vecinos de Cáceres al paso de su Patrona, la Virgen de la Montaña. Una pasión compartida y sostenida en el tiempo que refleja el sentir de las cacereñas y de los cacereños.

La Bajada de la Virgen de su Santuario en la Sierra de la Mosca se ha convertido en un ritual, un rito que nos devuelve a la esencia de lo que somos, una comunidad de seres interdependientes, y nos aleja del individualismo creciente que nos arrebata la humanidad.

Su paso por las monumentales calles cacereñas aúna historia, arte y tradición componiendo un escenario único que nos conecta con una energía superior con la que afrontar la contingencia.

La Virgen de la Montaña es un símbolo de nuestro tiempo, un signo de reconocimiento en el que cada año, y son ya muchos, las cacereñas y los cacereños se reconocen. Un fervor también compartido por ciudadanas y ciudadanos de otros puntos de la geografía extremeña y nacional que veneran a la Cacereña Bonita.

Precisamente ahora, cuando se alerta de la carestía de lo simbólico, conviene recordar que son precisamente ritos como este nuestro el que, como señala Antoine de Saint-Exupéry en su novela Ciudadela, dan estabilidad a la vida.

A esa vida donde la incertidumbre es una constante e incluso valores antaño compartidos se comercializan e instrumentalizan alimentando el egoísmo. Es, si cabe, ahora cuando volver la mirada a nuestras emociones compartidas se vuelve más necesario que nunca como asidero al que aferrarse.

La conmemoración del centenario de la coronación de la Virgen de la Montaña nos permite reencontrarnos en mitad del bullicio cotidiano, nos invita a preservar esos rituales que dan sosiego a nuestras agitadas existencias.

Salvaguardar nuestra emoción compartida, nuestra memoria como pueblo, historia y tradición, es tarea también de un periodismo serio y comprometido. Una manera de entender el oficio que practican las y los profesionales que dan vida a El Periódico Extremadura.

Sus páginas se contagian de pasión y dibujan con la palabra el fervor de las cacereñas y de los cacereños. Eso solo puede hacerse si se pone el foco en esos muchos y muchas que no copan los grandes titulares, huyendo del periodismo utilitarista de consumo masivo y practicando la cercanía que conlleva el arte de la escucha. Desapareciendo para contar después esa emoción compartida.

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