Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Centenario de la coronación

La misión del centenario

Ella nos ha enseñado el camino. Ella nos ha enseñado a no tener miedo. Y que a la soledad de la periferia también hay que llevar el consuelo y sobre todo la esperanza

Las bandas de música le tocan a la Virgen de la Montaña en Santa María

Las bandas de música le tocan a la Virgen de la Montaña en Santa María / Jorge Valiente

Hay frases que marcan tu vida. Hay palabras que llegan en el momento justo para dar sentido a lo que está ocurriendo, para motivarte o ayudarte a salir de un determinado momento emocional. A veces esas frases provienen de personas cercanas, otras veces salen de grandes pensadores y personas influyentes o de la pluma de grandes filósofos y escritores.

Sea cual sea su origen, generalmente llegan en el instante adecuado y provocan una resonancia emocional en nuestro mundo, para incitara un gran cambio. Al principio, ese cambio puede asustar un poco, es cierto, y preferimos quedarnos a salvo en nuestra burbuja, ya que las rutinas y los hábitos pueden llegar a ser muy reconfortantes al generarnos una agradable sensación de estabilidad y seguridad, pero lo cierto es que, con el paso del tiempo, esa burbuja puede volverse asfixiante y condenarnos a la parálisis de acción. Salir de la zona de confort puede ser aterrador, pero es precisamente entonces cuando se produce la magia.

¡No tengáis miedo! Esta expresión de Jesús, que San Juan Pablo II pronunció al comienzo mismo de su pontificado, sale al encuentro de nuestras vacilaciones. ¡Salid a los caminos! ¡Id a las periferias! Palabras del Papa Francisco que nos indican nuestra misión. Y así se ha hecho en el I Centenario de la Coronación Canónica de Nuestra Señora, la Santísima Virgen de la Montaña, Patrona de la Ciudad de Cáceres. Sin miedo, hemos salido con Ella a los caminos y hemos llegado junto a Ella a las periferias. Y, como decía, la magia ha hecho que, incluso las mejores previsiones, se hayan visto desbordadas.

Imposible describir tantas emociones, tantos sentimientos, tanto bien como el que se ha hecho. Había que estar allí, dónde se ha estado y junto a los que hemos estado, para saberlo.

Nuestra Patrona ha sido acogida, allá donde quiera que se ha hecho presente, con el mayor de los cariños. Indescriptibles las muestras de amor recibidas: desde el canto destemplado ya de nuestros mayores, hasta las lágrimas sinceras y llenas de esperanza de los privados de libertad. Desde el bullicio y algarabía de los niños, hasta el silencio piadoso y la oración sentida de las monjas de clausura y seminaristas. Desde la mirada de súplica de los enfermos, hasta el ruego de protección de los profesionales del ejército y de los cuerpos y fuerzas de seguridad. Desde la disposición de acogida en las distintas parroquias, hasta la implicación efectiva de todas las realidades de la Iglesia. Desde el respetuoso responso dirigido a nuestros antepasados y por todos los cacereños difuntos, hasta el despliegue organizado por las distintas asociaciones de vecinos. Desde el ilusionante trabajo y participación de las cofradías cacereñas, hasta la ayuda recibida por las distintas instituciones públicas y privadas, que supieron entender desde un principio la magnitud de lo proyectado.

Nuestra Virgen de la Montaña ha salido y ha sabido llegar donde nunca antes había llegado. Se ha puesto en camino, ha ido a las periferias, y nos ha invitado a salir de nuestra propia comodidad para llevar la ilusión, el consuelo, la alegría, el cariño, la reconciliación, la hermandad, la caridad y, por encima de todas ellas, la esperanza.

Con su gesto, Ella también nos invita a ponernos en camino, a visitar a nuestros hermanos enfermos; a no abandonar a nuestros mayores en la cuneta de la vida; a velar y respetar a quienes se juegan la vida por nosotros; a perdonar a los que han cometido errores en la vida y están pagando ya por ellos; a proteger la infancia de nuestros niños, para que puedan tener un futuro limpio de enfrentamientos; a ser tolerantes y respetuosos con nuestros semejantes, incluso con los intolerantes, venciendo al odio con amor; en definitiva, a remover nuestros cimientos acomodados, para ver con ello como se produce la magia. ¡No tengamos miedo!

Cuando la Virgen regrese a su Santuario, después de este camino de peregrinación que durante cuarenta días ha realizado, no entendamos que ya hemos terminado. Es ahora cuando debe de empezar todo. Ella nos ha dejado en cada uno de sus lugares de estancia su Luz. Ella nos ha enseñado el camino. Ella nos ha enseñado a no tener miedo. Y que, a la soledad de la periferia, dónde muchas veces se encuentran los alejados, los apartados de la vida, también hay que llevar el consuelo y sobre todo la esperanza, porque ellos también son hermanos nuestros.

Sentir lo que sienten tantos miles de cacereños cuando se acercan a Ella, debe merecer todo nuestro respeto y consideración. Por tanto, es nuestro deseo que la talla de nuestra Patrona, la Virgen de la Montaña, que para los creyentes una vez fue bendecida, es la imagen viva de María, siembre la paz, la concordia y el amor entre todos nosotros. ¡Viva la Virgen de la Montaña!

Tracking Pixel Contents