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Opinión | Soliloquios

Juan Jiménez Parra

Cultura del esfuerzo

A veces el capital recibido no es directamente proporcional al trabajo realizado

Soliloquios.

Soliloquios. / JUAN JIMÉNEZ PARRA

La mayoría de los mortales considera que el trabajo es la actividad física o mental que se ejerce para ganar dinero. Y, en consecuencia, quien más trabaja recibe mayor compensación económica. Sin embargo, si nos ceñimos a la pura realidad, no siempre es así. A veces el capital recibido no es directamente proporcional al trabajo realizado. Una ecuación figurada que cuestiona lo que algunos llaman cultura del esfuerzo.

A menudo oyes hablar a políticos y políticas neoliberales de la cultura del esfuerzo, exaltando ese esfuerzo como algo imprescindible para conseguir un determinado estatus o a una favorable situación económica y social. Según ellos, solo quien se esfuerza puede llegar a la meta que se propone. Sin embargo, a algunos se les ofreció el suntuoso despacho que ocupan sin apenas mover un dedo, simplemente por estar en el lugar apropiado en el momento propicio.

Estos políticos neoliberales justifican a los humanos ricos argumentando que se han esforzado más que los demás para llegar a acumular su fortuna. Y en algunos casos es así, hay personas que empezando de la nada han logrado casi el todo con su esfuerzo y tesón, de manera totalmente lícita, sin abusar de nadie ni de nada, acatando leyes, sin hacer trampas. Otros, sin embargo, se han enriquecido aprovechándose de forma abusiva del trabajo ajeno, recurriendo a todo tipo de triquiñuelas, buscando la complicidad de terceros individuos influyentes que facilitaran sus trapicheos.

Ni qué decir tiene que el neoliberalismo, que aboga por el libre mercado y la política del sálvese quien pueda, allana el camino a estos avispados mercaderes sin escrúpulos. Por eso los neoliberales rechazan que el Estado regule y supervise todo tipo de actividad empresarial. De esa manera pueden beneficiarse del esfuerzo laboral ajeno sin estar obligados a remunerarlo como se merece.

Si siempre la compensación, tanto económica como de cualquier otro tipo, fuese directamente proporcional al esfuerzo realizado, con la ética y legalidad debida, varios políticos y políticas neoliberales importantes seguirían siendo esperanzados militantes de partidos persiguiendo un beneficioso cargo público; y algunos opulentos hombres de negocios serían ilusionados asalariados soñando con convertirse en empresarios de éxito.

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