Opinión | Soliloquios
Juan Jiménez Parra
El músico de calle
Te preguntaste por qué un intérprete tan genial cantaba en la calle y no en una sala de conciertos, como cualquier músico...

Músico de calles. / JJP
Le viste una mañana, sobre las once, caminando delante de ti por una calle muy transitada. Iba cargado con una guitarra enfundada y una pequeña silla plegable. Enseguida se detuvo, desplegó la silla y la posó en el suelo. Tú seguiste tu camino hasta llegar a una tienda cercana en la que tenías que hacer un encargo. Al volver sobre tus pasos él ya estaba sentado en la silla, tocando la guitarra y cantado unas bonitas canciones que tú no habías oído nunca. Estuviste casi media hora escuchándole por el módico precio de dos euros, que dejaste caer en la funda de su guitarra, ahora abierta delante suyo.
Te preguntaste por qué un intérprete tan genial cantaba en la calle y no en una sala de conciertos, como cualquier músico de sus características. Te dijiste que es de agradecer pasear por las calles y topar con músicos que se ganan la vida ofreciendo sus habilidades artísticas, sea interpretando creaciones propias o ajenas. Sin embargo, la mayoría de los transeúntes pasaban de largo, pocos se detenían a escuchar o dejar alguna moneda. Hacer música en la calle es un trabajo peculiar, por ser espontáneo e independiente, pero un trabajo al fin al cabo. Quizá muchas personas consideran a los músicos de calle pedigüeños sin oficio ni beneficio, gente que no quiere trabajar.
Entrada la tarde estabas sentado a una mesa de una terraza tomando un café y casualmente el músico al que habías escuchado por la mañana se sentó a la mesa contigua. Te atreviste a dirigirte a él y decirle que te había sorprendido gratamente su interpretación. Que la música y la letra de las canciones eran muy buenas, pero que no las habías escuchado nunca. Te respondió que las había compuesto él. Tuvisteis una amena y larga conversación durante la cual te comentó que sus canciones de cantautor ya no tenían tanto reconocimiento como antaño, pero sacaba algo de dinero cantándolas en la calle.
Han transcurrido doce años desde aquel día. Esta mañana has escuchado una bonita canción que suelen poner mucho en la radio, pero tú la oíste por primera vez a un músico en una calle por la que transitaba mucha gente, aunque casi nadie se paraba a escucharle. Ahora estás parado en una larga cola, vas a entrar en una gran sala de conciertos para ver al mismo músico de entonces. Tuvo un justo golpe de buena suerte y un agente musical se interesó por su trabajo. Has pagado sesenta euros por la entrada, igual que las otras diez mil personas que disfrutarán con sus canciones.
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