Opinión | Aventuras y desventuras
El esgrafiado, asignatura pendiente

Palacio de Ovando. / EL PERIÓDICO
Ya en la segunda mitad del pasado siglo, en varias ocasiones nos referimos públicamente a la necesidad de que nuestras autoridades locales se preocupasen por proteger y restaurar lo que quedaba en Cáceres del esgrafiado, tipo de decoración en el revestimiento de los muros de los edificios tanto en el exterior como en el interior. Tal y como hoy podemos observar la respuesta fue nula.
En la primera mitad del pasado siglo, se podían apreciar numerosos y variados trabajos de esgrafiado aquí en nuestra ciudad, se encontraban en un elevado número de edificios de la zona monumental, tanto en sus fachadas como en sus patios y en las estancias de mencionados edificios. En la actualidad esta cantidad ha desaparecido casi por completo.
Según los historiadores el origen del esgrafiado es muy antiguo, se han encontrado edificios así adornados en tiempos antes de Cristo, adaptándose en siglos posteriores según las circunstancias de las zonas geográficas de Oriente y Occidente. Cuando realmente alcanza su auge es en plena Edad Media, cuando se produce en prácticamente todo el mundo conocido, una proliferación de esta técnica de decoración para todo tipo de construcciones.
A lo largo del siglo XV está en pleno desarrollo en Italia, donde cada edificio es por sí solo un catálogo de esgrafiado, tanto en su exterior, como interior, en chimeneas y en los propios escudos nobiliarios y demás detalles. De allí pasaría a España, ello como consecuencia de la estrecha relación de la nobleza y la realeza de ambos países, produciéndose una interesante colaboración entre los artesanos de estas partes de Europa.
Así llega a Castilla, Extremadura y Andalucía, además del resto de nuestro país, desde donde se traslada a la vecina Portugal, en pleno siglo XVI está extendido este tipo de decoración por toda Europa. Lo que se triplica a lo largo de los siglos XVII y XVIII principalmente.
La temática es muy variada, aquí en nuestra ciudad hemos encontrado tanto signos, como seres mitológicos, escudos heráldicos, o remates de zócalos, además de figuras humanas, o adornos florales. La técnica consiste en cubrir los paramentos del tapial o mampostería con una serie sucesiva de capas de mortero de cal, a partir de una primera y muy floja con el resto cada vez más fuertes, aplicada directamente sobre la fábrica de barro y piedra, y así asegurar el agarre. Y es sobre este prolongado tratamiento cuando se extienden las capas de revoque coloreado. En este paramento se aplica la plantilla con el dibujo que se decida reproducir. Plantilla que unas veces era de madera y otras de metal. Seguidamente y utilizando una espátula, se levanta la primera capa de revoque, operación que debe realizarse cuando el mortero está seco al tacto.
En los últimos años hemos podido ver una decena de curiosos esgrafiados que se conservan en algunos de nuestros edificios históricos de la ciudad, pero en su interior. Mientras que en el exterior apenas quedan unos pocos y la mayoría en muy lamentable estado.
Un ejemplo claro lo tenemos en la titulada Cuesta del Marqués, una más que pronunciada pendiente que se desliza desde el lateral del palacio de los Golfines de Abajo y la casa de los Durán de la Rocha, y que desde la Plaza de San Jorge llega hasta el Arco del Cristo. En la esquina de la Casa de los Duran, a unos dos metros y medio sobre el suelo, puede apreciarse un curioso esgrafiado, que nosotros hemos ido siguiendo su deterioro de los últimos treinta años, ahora difícilmente identificable. Mencionado esgrafiado representa a don Pedro Cayetano Golfín y Colón (1765-1822), Conde de Torres Arias. Este noble solía utilizar el titulo nobiliario de su esposa, doña María de la Asunción Casa y Mendoza, Marquesa de Santa Marta. Tras el fallecimiento de don Pedro, mencionada cuesta fue así titulada, con anterioridad a esta calle se le conocía como Cuesta del Río.
Otro ejemplo claro lo tenemos en la fachada principal del Palacio de Hernando de Ovando, en la plaza de Santa María, en un original escudo esgrafiado.
Desgraciadamente pocos ejemplos más tenemos para admirar este tipo de decoración, que durante siglos embelleció la mayoría de nuestros edificios históricos.
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