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Opinión

La Siberia Extremeña clama por dignidad: un territorio que pide ser tomado en serio

En Extremadura, la despoblación es una realidad palpable, con ayuntamientos convertidos en agencias de empleo y la iniciativa privada ahogada, mientras la región se siente relegada y olvidada por las políticas nacionales

Dos personas observan aves en La Siberia extremeña.

Dos personas observan aves en La Siberia extremeña.

Provengo de un lugar al que llamo «mi tierra». Un lugar de Extremadura donde la densidad de población roza la del desierto de los Monegros, donde hay más cabezas de ganado que personas, donde los pantanos anegaron las mejores tierras con un agua de la que otros se benefician; en el lugar con menor índice de infraestructuras por kilómetro cuadrado de España. Mi tierra, donde la despoblación es observable en tiempo real y los ayuntamientos se han convertido en agencias de contratación que ahogan la poca iniciativa privada que existe. Donde la problemática del tren extremeño no nos afecta porque nunca ha habido tren, ni se le espera. Ese lugar es La Siberia Extremeña.

Mi tierra es Reserva de la Biosfera y lleva formando parte de la Red Natura 2000 desde hace veinte años. La comarca con más hectáreas de Zona de Especial Protección de Aves de España y con más kilómetros de costa, si contamos las costas fluviales. Pero, a pesar de ello, mi tierra no cuenta con un plan de dinamización económica o turística de largo recorrido y con inversiones coordinadas que sumen un todo. No hay infraestructura eficiente con la que poder transportar mercancías o acercar turistas de forma rápida y cómoda. No hay sellos de calidad, denominaciones, o IGP´s que den un valor añadido a unos productos criados o fabricados en una de las zonas de menor contaminación o afección antrópica del mundo…

Pienso en si mi municipio y los de alrededor están condenados a morir mientras me pregunto de quién es la culpa. Posiblemente propia, por no saber crear fortalezas de nuestras debilidades; pero, cuando reflexiono sobre ello, me invade un fuerte sentimiento de abandono. Y es que, en estos días de cesiones de competencias, condonaciones de deuda y delitos borrados, me siento un ciudadano de tercera

Pienso en si mi municipio y los de alrededor están condenados a morir mientras me pregunto de quién es la culpa. Posiblemente propia, por no saber crear fortalezas de nuestras debilidades; pero, cuando reflexiono sobre ello, me invade un fuerte sentimiento de abandono. Y es que, en estos días de cesiones de competencias, condonaciones de deuda y delitos borrados, me siento un ciudadano de tercera.

Embalsamos un agua que enriquece otros campos de cultivo y genera una electricidad que viaja a cientos de kilómetros. Cedemos nuestros jóvenes que abandonan los pueblos en busca de un futuro que aquí no existe... ¿Solidaridad? Creo que sabemos bien el significado de esa palabra. Y también sabemos el papel que jugamos en el conjunto de este país cuando nuestras cartas son la naturaleza y el sector primario.

En estos tiempos en los que el país entero mira hacia Cataluña preguntándose qué va a pasar; la Siberia Extremeña y Extremadura entera tiene muy claro que sucederá consigo misma porque lo lleva sufriendo muchas legislaturas. Aquí, donde se trabaja igual de duro que en el resto de lugares, no pretendemos que nos cedan competencias ni nos condonen las deudas. Lo que sí pedimos es dignidad y que algún día se nos tome en serio. Aunque nunca seamos llave de ningún gobierno.

Francisco Chacón

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