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Opinión | Norbani

Cáceres

Uclés en Cáceres o cuando la literatura no dispara primero

Antes de convertirse en literato catódico por la polémica con Pérez-Reverte, David Uclés pasó por Cáceres, donde el Hilton de Godoy ejerció de salón noble de la Bienal Vargas Llosa

Uclés en el Hilto Palacio de Godoy de Cáceres.

Uclés en el Hilto Palacio de Godoy de Cáceres. / EDUARDO VILLANUEVA (EFE)

David Uclés pasó por Cáceres en octubre, mientras el Hotel Hilton Palacio de Godoy (foto) ejercía de salón noble de la Bienal Vargas Llosa, esa ceremonia del canon literario que por primera vez se celebraba fuera de América Latina. Allí, entre apellidos rotundos y trayectorias blindadas, Uclés representaba al autor popular; el de los ‘selfies’ con el público y las firmas de libros abarrotadas. Pero en aquella bienal no se mostró como un escritor que llega disparando frases (como con su reciente polémica con Pérez-Reverte), sino como el autor que había sobrevivido quince años escribiendo sin red.

Quince años tardó en levantar su novela sobre la Guerra Civil. Quince años llamando a puertas que no se abrían, enviando manuscritos que nadie confirmaba haber leído, sosteniendo una fe casi patológica en un libro «demasiado largo» para un mercado que prefiere la bala rápida. En Cáceres no llegó todavía como personaje catódico que está en boca de todos; llegó como prueba viviente de que la literatura aún puede ser resistencia. Aunque luego haya mucho de pose, como ha demostrado (jugando sabiamente con la polémica).

Ese detalle es clave para entender la fricción -más ideológica que personal- con Arturo Pérez-Reverte. Porque la polémica no va de estilos ni de caracteres, sino de qué tipo de escritor se permite hoy marcar territorio. Y él se ha permitido el lujo de ‘trollear’ a Pérez-Reverte un modelo de autoridad cultural que no discute: sentencia.

Un tótem literario con galones (los que le falta colgarse a Uclés) que congrega a una horda de detractores y apasionados que no dudan en dejarse los dedos en el teclado para atacarle o defenderle (con vileza o inteligencia). Y en esa ola se ha colocado Uclés, que ahora ya no es conocido solo para sus lectores, sino que se ha convertido en un personaje más del universo literario mediático.

En Cáceres, además, Uclés no se quedó en la nostalgia. Habló de educación, de jóvenes sin herramientas críticas, de populismo disfrazado de rebeldía, de agitadores que entran en universidades e institutos no a debatir, sino a moldear. Pero cabría subrayar que mientras uno se permite llamar ingenuos, dogmáticos o peligrosos a los demás, el otro ha carga do con quince años de escritura invisible antes de abrir la boca.

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