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Opinión | Norbani

Cáceres

Cerrado por conflicto

Ni la Montaña ni San Jorge pueden resignarse a tener locales cerrados

Plaza de San Jorge con la cafetería cerrada a cal y canto.

Plaza de San Jorge con la cafetería cerrada a cal y canto. / EDUARDO VILLANUEVA

Hay un cartel invisible que empieza a repetirse en algunos enclaves simbólicos de Cáceres: “cerrado por conflicto”. No se cuelga en las puertas, pero se percibe igualmente. Está en la Montaña, junto al santuario de la patrona cacereña y también en plena plaza de San Jorge. Dos espacios privilegiados, dos oportunidades claras… y el mismo desenlace: bloqueo, litigio y tiempo perdido.

Lo del restaurante proyectado en la Montaña roza ya la serialidad. Un edificio con potencial evidente, en un entorno que atrae visitantes durante todo el año, sigue sin uso mientras las partes dirimen en los tribunales lo que debió resolverse mucho antes por otras vías.

La cofradía ha dado el paso de acudir a la justicia por incumplimiento de contrato ante la falta de avances reales. Y mientras tanto, 'silencio administrativo', ausencia de proyecto y un espacio que sigue esperando y cerrado. No es solo una cuestión de quién tiene razón -que lo determinará un juez-, sino de cómo se ha llegado hasta aquí. Porque cuando un proyecto se adjudica y no se ejecuta, cuando pasan los años sin resultados tangibles, algo ha fallado en el diseño, en el control o en la propia ambición de quienes lo impulsaban. Y eso erosiona la confianza a escala general: instituciones, ciudadanos y futuros inversores.

Pero si uno baja de la Montaña al casco histórico, la sensación no mejora. En la plaza de San Jorge, uno de los rincones más icónicos de la ciudad, la cafetería Jardín de Ulloa lleva años cerrada, atrapada en otro conflicto judicial.

La Fundación Mercedes Calles y Carlos Ballestero y el Ayuntamiento de Cáceres mantienen posturas enfrentadas sobre el origen de unos daños estructurales y la responsabilidad de unas obras. El resultado, de nuevo, es el mismo: persiana bajada, actividad cero y un espacio que ha dejado de cumplir su función. Lo preocupante no es que existan conflictos -son inevitables en cualquier ciudad-, sino que se cronifiquen. Ni la Montaña puede seguir siendo solo un mirador sin servicios acordes a su potencial, ni el casco histórico puede resignarse a tener locales cerrados.

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