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Opinión | Pulso cofrade

Cáceres

El honor es servir: mayordomo en la Semana Santa de Cáceres

Varias cofradías cacereñas deben elegir en 2026 su «maior domus», el que debe mostrar más responsabilidad, más entrega y más respeto

Jornada de montaje en la iglesia de Santiago. El mayordomo no saca la procesión para evangelizar en la calle ni monta los pasos, «lo hacen los hermanos».

Jornada de montaje en la iglesia de Santiago. El mayordomo no saca la procesión para evangelizar en la calle ni monta los pasos, «lo hacen los hermanos». / Carlos Gil

Podría parecer que los cofrades cacereños estamos descansando tras recoger los pasos y devolver el recogimiento a los templos; sin embargo, en lo que resta de 2026 queda mucho por rematar: el próximo 14 de mayo se refrendará al nuevo presidente de la Unión de Cofradías Penitenciales (UCP), Jesús Sellers; hay aniversarios varios y un próximo centenario casi en marcha, y, antes de final de año, varias cofradías deben elegir «maior domus».

Quizás por deformación profesional, trasladada a mi condición de cofrade cacereño, prefiero el término «mayordomo» al de «hermano mayor». Este existe en cofradías de corte andaluz para referirse al máximo responsable legal de la «hermandad»; en las cacereñas, más cercanas a la reciedumbre castellana, suele equivaler simplemente al hermano de mayor edad en activo y vivo dentro de la cofradía; también, en ocasiones, al que puede sustituir al mayordomo (equivalente a «vicemayordomo»).

Pero, ¿por qué somos «mayordomos»? Muchos jóvenes que cargan con nuestros pasos han sufrido los desafortunados vaivenes de leyes educativas que casi han borrado el latín del currículum; sin embargo, los que peinamos canas, o no tenemos nada que peinar, aprendimos que gran parte de nuestra preciosa lengua castellana viene del latín; nuestra «lengua madre» fue vehículo de cultura, de las artes, del derecho, de las comunicaciones, de la sociedad que hoy podemos disfrutar o de la religión que podemos practicar. «Cofrade» emana del vocablo latino «cum fratre» (con el hermano); por lo tanto, una «cofradía» es un grupo de hermanos (en la fe); es decir, una «hermandad».

El mayor de la casa

Si ahondamos en la etimología de «mayordomo» encontramos matices muy diferentes a los de «hermano mayor»: su origen latino es «maior domus», casi literalmente «el mayor de la casa». Entre los romanos, este rango no se conseguía por la edad, no; era el servidor con mayores responsabilidades dentro de la casa, el administrador que gozaba de la mayor confianza del señor. Normalmente era esclavo, por lo que no tenía ningún derecho legal ni poseía propiedad alguna; en cambio, gozaba de una posición privilegiada dentro de su familia romana y, por eso, podía incluso realizar transacciones económicas en nombre de su señor. En muchos casos, tras años de servicio fiel, a través de la «manumisión» se le concedía la consideración de persona libre o «liberti», y así dejaba de ser esclavo, aunque siguiera ligado a la familia.

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Carlos Gil

No sé los motivos de otros cofrades para acercarse a esta gran y variopinta familia; en mi caso, hace ya quizás demasiados años, fue la salud de mi padre. Cuando llegué, mi única intención era cargar; y si era por dentro, mejor; nunca pensé que Dios me utilizaría para todo lo contrario; mi ofrecimiento era poner los hombros, no poner la cara, ni mostrar una medalla dorada o una «vara de mando». Nuestros planes humanos acaban siendo corregidos, mejorados o aumentados por Dios, puesto que somos herramientas en Sus manos; Él, de repente, nos presenta la opción de ofrecer otra cosa, ser «maior domus»; ya no pasas desapercibido, ahora cargas con las responsabilidades que casi nadie quiere cumplir; no entraba en mis planes este extraordinario esfuerzo (es decir, fuera de lo ordinario).

El primero de los servidores

El «maior domus» no es el jefe de nada ni de nadie; no es la cofradía, ni la cofradía es del mayordomo, es su servidor más servicial (pongo la redundancia a sabiendas); el «maior domus» no saca la procesión para evangelizar en la calle, la sacan los hermanos; no monta solo un magnífico paso de palio; no organiza novenas ni quinarios, los preparan los hermanos y colaboradores (un lujo tenerlos); el mayordomo no atrae a miles de personas a un besapié, lo hace la fe en Nuestro Señor Jesucristo.

No hace mucho tiempo, o tal vez sí, mi amigo y hermano (en la fe), A. R. I., reflexionaba: ¿Habrá mayor honor que ser mayordomo de Jesús Nazareno? Pues no, amigo, no hay mayor honor que ese, ser el primero (porque los últimos serán los primeros) de los servidores de Jesús Nazareno.

La casa cofrade

Las cofradías somos, entre otras muchas cosas, guardianes y custodios de las imágenes que representan la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo; somos vías de acercamiento a Dios a través de lo que se llama «piedad popular» (me gusta más «la piedad de un pueblo», porque «popular» parece que le resta importancia).

Para mí, y por eso lo prefiero, este es el verdadero significado de ser «mayordomo» de una familia en la fe: ser el primero de los servidores entre los cofrades, el mayor responsable de los criados, el que debe demostrar más cariño, más esfuerzo, más respeto, menos intereses personales y más cuidado por las cosas de la casa cofrade; el que debe dar ejemplo. Posiblemente me habré quedado muy lejos de conseguirlo; solo el Señor lo sabe.

Cargos y cargas

Ánimo para todos y cada uno de los nuevos hermanos «mayordomos» que este año tomarán posesión de sus cargos (y cargas), fuerza para intentar serlo de verdad; enhorabuena para todos los que se alivian de esas cargas (y cargos); empuje y apoyo al nuevo Presidente de la UCP, agradecimiento fraterno al saliente. Que el Espíritu Santo os guíe siempre; que Ntro. Padre Jesús Nazareno os cuide siempre; que su Madre María Santísima os proteja bajo su manto siempre.

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