No puedo dejar de imaginar, que en este mundo, llegasen a ondear, de una vez para siempre, las banderas de la honradez, la concordia, el altruismo, la empatía, la reconciliación… que se limasen esas asperezas absurdas, mal incrustadas en la política, y que nos distancian, adrede, del propósito definitivo de toda persona de bien. Aunque los sueños estén más cerca de la utopía, también son necesarios para saber en que tramo de hipocresía nos encontramos. Pueden ser un buen mapa, para establecer la ruta a seguir por nuestra vida. Por ahora, soñar es gratis, y se convierte en el nutriente ideal, para mantener en forma, a esa intangible utopía por donde viaja nuestro espíritu.