abandono

El pequeño comercio

J. Felipe Pozueco Fernández

Claro que es difícil para cualquier medio de comunicación sintetizar en unos segundos o incluso en unos pocos minutos la compleja situación de cualquier sector de la economía que se trate. Es lo que pasa cuando vemos el enfoque que se da a la problemática del pequeño comercio ahora que se nos advierte del cierre de miles de establecimientos el pasado año.

Es cierto que los costes generales aumentan cada año, en mayor o menor medida y a veces de manera disparatada como viene pasando los últimos tiempos. Que las cargas fiscales no bajan, aunque no es menos cierto que uno alardeaba hace casi 20 años cuando aportaba a la caja común 4 veces más que ahora y le escuece hoy cuando lo hace otro tanto menos.

Pero el verdadero problema del pequeño comercio es consecuencia, por encima de todo, de que el público ha dejado de ir a sus tiendas. Y que lo poco que venden se ven obligados a hacerlo con un margen cada vez más exiguo.

Que sus clientes les han sustituido por el centro comercial y la pandemia ha acelerado de manera exponencial las compras online. Lo peor, que en ambos casos ha traído consigo la precarización del empleo y la masiva destrucción de puestos de trabajo mejor remunerados.

Y es ahí donde precisamente deberían entrar las administraciones públicas. Por una parte, interesándose en primera instancia por los comerciantes de siempre que aportan riqueza a su ciudad de muchas formas y en el caso de las grandes plataformas on line exigirles las mismas reglas de juego que al resto. Porque resulta inadmisible que alguna de las más poderosas además de destruir mucho más de lo que generan, para colmo, paguen cero euros en impuestos en el conjunto de la Unión Europea.