caminos públicos

Ni se anda, ni se hace camino

Lo que antes era un preciado bien público cuyo uso era primordial para las sociedades rurales, quedó abandonado después y usurpado más tarde

Ni se anda, ni se hace camino.

Ni se anda, ni se hace camino. / El Periódico

Andrés Alberto Amarilla Toril

«Al andar se hace camino», dijo Antonio Machado, en una época en la que no abundaban las alambradas ni los candados de seguridad, sobre todo porque no había donde ponerlos. Era una época donde tenía pleno sentido eso de «“no ponerle puertas al campo».

Si Machado viviera ahora, tendría que modificar el texto de «Caminante no hay camino», si bien el título podría dejarlo como está. Porque efectivamente, no hay caminos. Han desaparecido. Lo que antes era un preciado bien público cuyo uso era primordial para las sociedades rurales, quedó abandonado después y usurpado más tarde.

Debido al abandono del campo y el medio rural y el desarrollo de los modernos sistemas y medios de transporte, los caminos públicos cayeron en desuso, lo que con los años dio lugar a una dejadez administrativa difícil de ver en otras cuestiones. Y ello debido a factores como el escaso interés de los ayuntamientos en recuperar sus bienes demaniales, la negligencia y desidia de alcaldes y secretarios, el cierre y usurpación de por parte de la propiedad privada, los conflictos de intereses entre la caza y el uso público, la ausencia de un plan autonómico general que regule y recupere los viejos caminos públicos y el desconocimiento generalizado; así como un incumplimiento reiterado de la legislación al respecto, de unos por hacer y de otros por dejar hacer.

El principio de inalienabilidad, inembargabilidad e imprescriptibilidad no ha podido blindar estos bienes ante las desafectaciones administrativas irregulares e improcedentes, así como ante usurpaciones y procesos de usucapión ilegales, además de compra-ventas, permutas y cesiones también fuera de la ley cuando no directamente en contra de ésta.

Eso que desde tiempos de Alfonso X El Sabio se consideró como «res extra commercium» y que durante siglos ha permitido la vertebración territorial, en especial en el medio rural, ha sido abandonado por los gobiernos, quienes han renunciado descaradamente a un patrimonio que es o era de todos. Algo que se muestra aún más hiriente en una tierra de carácter rural como Extremadura, donde esta incuria deriva en una asombrosa incongruencia cuando desde la Administración se vende, o se pretende, turismo rural y de naturaleza, desarrollo local, diversificación de la economía de los pueblos y promoción de los recursos endógenos. 

A ver quién anda el camino cuando no hay camino que tomar.

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