Reside en El Batán
Mateo Sánchez Carrero, enfermo de ELA de El Batán, se topa con la burocracia
La familia pide desesperadamente al Sepad una nueva valoración para que se le conceda el Grado III de Dependencia, que mejoraría en sus cuidados

Nieves Agut
Mateo Sánchez Carrero tiene 69 años y hace tres, concretamente en febrero de 2023, le diagnosticaron la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). Es una enfermedad del sistema nervioso que afecta a las neuronas del cerebro y a la médula espinal. Una enfermedad que se caracteriza porque avanza rápidamente. Mateo reside en El Batán, a pocos kilómetros de Coria, junto a su mujer María Dolores, de 64 años, que se ha convertido en su sombra y quien saca muchas veces fuerzas de donde no tiene, ya que María Dolores también tuvo que afrontar hace poco el tratamiento para superar un cáncer. La situación en su casa se complica cada día ante las limitaciones físicas que sufre Mateo día tras día por su enfermedad neurodegenerativa.

Mateo Sánhez / Nieves Agut
«Mi padre ya no mueve los brazos, no puede hacer nada por sí solo, necesita a una persona para todo, no puede comer solo, ni beber, ni encender un interruptor, ni rascarse, es una persona totalmente dependiente», asevera su hija Noelia. Explica que desde que se le diagnosticó la enfermedad iniciaron el proceso de solicitud de ayuda al Sepad (Servicio Extremeño de Promoción de la Autonomía y Atención a la Dependencia) y que en un primer trámite le otorgaron el Grado I de Dependencia y que a los pocos meses consiguieron el Grado II. Sin embargo, tanto Noelia como su familia reclaman al Sepad que se le otorgue a su padre el Grado III puesto que la ayuda que necesita es total. «Presentamos una reclamación y nos la han desestimado», dijo Noelia.
"Nos necesita para todo"
«Es una enfermedad que desde el minuto uno la persona es dependiente, mi padre nos necesita para todo, no puede hacer nada solo, ni rascarse un ojo, esta enfermedad es distinta y se están valorando todas las enfermedades iguales y creo que es injusto», manifiesta. «Mi padre tiene a mi madre desde que se levanta hasta que se acuesta porque no puede hacer nada. Mi padre necesita a una persona para todo, para comer, para sus aseos, y estamos adaptando en casa todo lo que podemos para cuidarlo aquí», añade. De momento la única solución que les ha dado el Sepad es que vuelvan a presentar una nueva solicitud aportando los nuevos informes médicos y poder realizar así una nueva valoración y ver si finalmente se le puede otorgar el Grado III de dependencia o no. «Conseguir el Grado III supondría más recursos económicos y sobre todo más medios humanos, lo que aliviaría todo el peso que ahora soportamos la familia», afirma. Una atención que es plena ya que su padre requiere de máquinas constantemente para tomar medicación, eliminar flemas, además del oxígeno para las noches.
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