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Testimonio de una extremeña

Ana Fernández, de Coria: "Tuvimos la sensación de que íbamos directos a la muerte, gracias a Dios ya estamos en España"

La guerra en Oriente Medio pilló a la joven cauriense con su familia -hermana, cuñado y tres sobrinas- en Japón y vivieron momentos muy amargos, según relata, hasta pisar suelo español

Vídeo | Ana Fernández, de Coria: "Tuvimos la sensación de que íbamos directos a la muerte, gracias a Dios ya estamos en España"

Cedido

Nieves Agut

Nieves Agut

Coria

«Gracias a Dios ya estamos en España, hasta que no hemos pisado suelo español no nos hemos quedado tranquilos». Así lo expresaba Ana Fernández, una joven extremeña, concretamente de Coria (Cáceres), aunque reside en Salamanca, y a la cual le ha pillado de lleno el conflicto entre EEUU-Israel e Irán mientras se encontraba junto a su familia en Japón, donde estaban disfrutando de unos días de descanso. Ana viajó al país nipón, junto a su hermana, su cuñado y tres sobrinas, entre ellas, una niña de 15 meses. Volaron el 15 de febrero y tenían previsto regresar a España el 28 del mismo mes. Sin embargo, el mismo día en el que iban a coger el avión para regresar, empezaron los momentos de desconcierto e incertidumbre, puesto que, según explica Ana, «no sabíamos nada de ningún conflicto porque allí no veíamos las noticias». Por ello, su sorpresa fue que mientras se encontraban en el interior del avión tras embarcar con los billetes que compraron a una empresa de Emiratos Árabes, fue cuando llegaría uno de los momentos más angustiosos en sus vidas.

El destino era España, sí, pero antes de llegar a su tierra, tenían que hacer escala en Abu Dabi, zona afectada por la guerra que se vive en estos días. «Ya nos pareció extraño ver algunos asientos vacíos, además de estar dos horas dentro del avión y nos preguntábamos por qué no se movía, estábamos a punto de despegar, pero vimos que el avión dio la vuelta en la pista y una azafata nos dijo que no podíamos volar porque había un conflicto en Oriente y no podían garantizarnos nuestra seguridad». «Teníamos la impresión de que éramos una diana y de que íbamos directos a la muerte, era una sensación fatal». «Esa noche nos ofrecieron quedarnos en un hotel y p al día siguiente por la mañana fuimos otra vez al aeropuerto a ver que pasaba». Explica que la ley europea dice que en estos casos la empresa del vuelo tiene obligación de reubicarte en otro avión, pero en Japón eso no ocurre, hay otras leyes. «Nos dijeron que no nos negaban la vuelta pero cuando se pudiera volar. Fue horroroso, nos tuvimos que quedar cuatro noches más de las previstas y todo lo que eso supone», confiesa, ahora ya más tranquila en suelo español.

Llamamos al seguro de viaje y nos dijo el seguro que por motivos de Guerra no se hacía cargo de los gastos ocasionados. En la embajada también nos dijeron que buscáramos otro vuelto bajo nuestro coste, pero no encontramos ningún vuelo asequible, todos carísimos, «estábamos desesperados», relata. Gracias a los japoneses pudimos conseguir comida para la niña de 15 meses que requería un alimento específico y conseguimos leche y galletas. «Teniamos muchos cansancio mental y físico», confiesa. La última noche ayudaron a una chica española que no podía permitirse pagarse un hotel y se fue a dormir con ellos. Ya por fin, el 4 de marzo cogieron un vuelo con escala en Corea , hasta llegar a la capital española. Un viaje amargo, pero con final feliz.

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