Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

NOVEDAD EDITORIAL.

Un cómic evoca la nostalgia de la adolescencia de los años 80

Fermín Solís convierte recuerdos en viñetas en ´Mi organismo en obras´."Me gusta probar "otros géneros y "experimentar", dice el dibujante extremeño.

Un cómic evoca la nostalgia de la adolescencia de los años 80

Un cómic evoca la nostalgia de la adolescencia de los años 80

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

El sabor de la primera cerveza, el fastidioso pelo de la barbilla, el remordimiento de robar un click de Playmóbil a un compañero, grabar canciones en casetes directamente de la radio, asustarse con el Cristo de Marcelino pan y vino, la psicosis del botón que desataría la guerra nuclear, las tardes de 5 contra 1 con los amigos ante una clandestina peli porno, los cómics de Bruguera... Son imágenes que evocan la nostalgia de una juventud vivida en la España de mediados de los 80 y que nutren los seis entrañables capítulos autobiográficos del cómic Mi organismo en obras (La Cúpula). Su autor, Fermín Solís (Cáceres, 1972), es consciente de que sus "recuerdos convertidos en viñetas" son los de toda "una generación".

En el álbum, su álter ego, Martín Mostaza, entra en la adolescencia abandonando la niñez de dos títulos precedentes (con Días más largos fue Autor revelación del Salón del Cómic de Barcelona en el 2004). Un tránsito durante el que hay cosas que "marcan", como "la catequesis, la clase de religión, la forma de presentar a Dios o al diablo... Son un residuo de aquella época", afirma en Barcelona el dibujante y guionista. O como las revistas guarras, objeto de sesiones masturbatorias en el capítulo 5 contra 1: "Entonces no había información y la que había estaba en la calle, no en casa o en el colegio".

Un cómic evoca la nostalgia de la adolescencia de los años 80

Un cómic evoca la nostalgia de la adolescencia de los años 80

Finalista del Premio Nacional en el 2009 con Buñuel en el laberinto de las tortugas , Solís destaca el tinte "melancólico" del episodio en que la familia regresa a la casa del pueblo, escenario de veraneos infantiles, para deshacerse de las cosas de la abuela. Y cómo emocionó a su padre el que evoca cómo este le llevaba de ayudante en verano a hacer chapuzas en casas ajenas: "Aunque en aquel momento era un fastidio, me enseñó que si querías algo debías ganártelo con tu esfuerzo". En ese periplo casa por casa, chapuza a chapuza, todo un mosaico de la sociedad de la época, el artista tenía "la impresión de ser un voyeur".

Abre Mi organismo en obras todo un "regalo al lector de cómic", en el que los tebeos, que el propio Solís atesoraba, son los protagonistas. Y ahí está el universo Bruguera, con Mortadelo y Filemón o las Joyas Literarias Juveniles. Luego se dejó tentar por las chicas, la música y los videojuegos --"no me dejé llevar por su lado oscuro, no sé jugar y no pasé del primer nivel"--, pero siempre volvió al tebeo. Y pasó por Spiderman, Tintín y Corto Maltés antes de llegar a Robert Crumb --"el autor completo"--, los Freak brothers, y claro, El Víbora y el erotismo de Manara.

EN BUSCA DEL LECTOR "El personaje de Martín es una liberación, me permite romper con trabajos más de encargo. No descarto volver a él pero no quiero encasillarme. Me gusta probar otros géneros y experimentar", apunta Solís. "En España hay muchos autores y buenos, pero no se puede vivir solo del cómic --lamenta--. Hace falta una gran obra que nos proyecte fuera". Y añade: "Me interesa también cazar al lector no habitual de cómic, que vea que puede encontrar en ellos historias que le gustarán tanto como las de una novela. Y si el término novela gráfica, tan polémico para algunos, ayuda a vender, pues fenomenal". Será porque, como Martín, el cómic se ha hecho adulto.

Tracking Pixel Contents