Alo mejor me voy a un pub lleno de gente para recuperar el tiempo perdido. Lo ha dicho esta semana John Banville, Benjamin Black, premio Booker, premio Irish Book, premio Leteo, Kafka, RBA de Novela Policiaca, Asturias de las Letras. A lo mejor me voy a un pub lleno de gente. Recuperar el tiempo perdido. Este tiempo líquido, grimoso, que se nos escurre de entre los dedos. Esta tarde quedamos, me dice uno de mis mejores amigos, porque es su cumpleaños, y esa quedada es una videollamada de WhatsApp, en espera de que nos podamos ver.

En el archivo municipal de Cáceres han sacado documentos de los tiempos en que había también pandemias y tenían que limpiar las calles y desinfectarlas y no eran tan distintas las medidas, pero no había una masa vociferante en redes ni sabemos cómo lo hacían para montarse fiestas clandestinas. Todo el mundo se ha saltado las prohibiciones siempre. Recuerdo esa receta médica, en plena Ley Seca de los Estados Unidos, expedida para Winston Churchill, el 26 de enero de 1932: el papel, dice: «certifica que el convaleciente de un accidente, el honorable Winston S. Churchill, necesita el consumo de bebidas alcohólicas espirituosas, especialmente a las horas de las comidas. La cantidad, naturalmente, es indefinida, pero el requerimiento mínimo sería de 250 centímetros cúbicos». Ah, el doctor Otto C. Pickhardt, qué disposición tenía. A Churchill lo había atropellado un coche algunas semanas antes en Nueva York.

Solo miró a un lado de la carretera.

Disfruto la soledad, sigue diciendo Banville, que luego afirma sentirse culpable de disfrutar esa soledad que otorga la pandemia, porque el oficio de escritor es muy solitario igual, mientras hay personas que están falleciendo en sus casas, en los hospitales.

En Madrid los teatros no están cerrados. En Teatros del Canal (donde hemos visto a Angélica Liddell o a Ricardo Darín últimamente, cuando podíamos desplazarnos y comprar entradas para ir a Madrid) estos días, hasta el 31, se representa Tito Andrónico, de Teatro del Noctámbulo, que es una de las mejores compañías de teatro españolas, aunque vivan en Badajoz, que no tiene nada que ver pero siempre hacemos que tenga que ver. Les deseamos mucho éxito. En Madrid también cierra el Pavón y es una malísima noticia, porque era un teatro privado con vocación de servicio público y porque les iba bien pero los alquileres son inasumibles: ojalá hubiera fórmulas.

Con la nueva Ley de Artes Escénicas me imagino a compañías trabajando en los espacios públicos de la región, acogiendo a otras compañías en residencia, como ya hacen la Sala Guirigai o la Nave del Duende, llenando de programación las zonas rurales. Sí, yo tiendo a imaginar mejores mundos posibles, a pensar: esto por qué no se le ha ocurrido a nadie antes, a querer copiar lo que funciona en otras partes (teniendo en cuenta nuestros contextos, claro está, que uno es uno y sus circunstancias y su sistema económico y sus padres, hermanos, ligues, falta de ligues, amor o carencias, capacidades varias y demás).

En Extremadura todo permanece cerrado, pero no en Madrid. «Sé que estáis perimetrados y no podéis venir, pero ojalá puedan los extremeños que residan aquí», dice José Vicente Moirón (qué actorazo).

Hasta el día 31 van a estar en la Sala Roja de los Teatros del Canal (una de las instituciones más solventes de la capital del Reino). «Ayer estaba en la sala mucha gente de la profesión, Vicente Cuesta, Carlos Be, Carlos Gil, el director de cine Carlos Iglesias…» y les felicitaron muchísimo. Una compañía de teatro independiente, haciendo esa función superlativa, con esa factura, con diez actores encima del escenario (con la crisis, solo los teatros públicos se han atrevido a producir obras con más de tres o cuatro personajes).

«También quiero agradecer a las instituciones y a las comunidades autónomas que se animan (por supuesto, cumpliendo todas las medidas de seguridad) a continuar con la actividad teatral porque, si no, nos convertimos en un mundo sin… sin ilusión y sin esperanza. El teatro es necesario, ahora más que nunca, y quiero reivindicarlo».

Con mascarilla, con geles hidroalcohólicos, con asientos separados, uno sí, uno no, hemos ido al cine, hemos ido al teatro, hemos ido a conciertos de la Orquesta de Extremadura. Que los centros educativos estén abiertos («tengo en un grupo en los que cuatro pasaron la enfermedad recientemente y no le hicieron PCR antes de incorporarse; y en otro grupo se fue uno con fiebre y otro que se encontraba mal», me cuenta un profesor, «agobiado») y los teatros cerrados es algo que me cuesta bastante entender.

Siempre nos quedarán los libros. Juan Ramón Santos es el nuevo premio Edebé de Literatura Infantil, con la novela El Club de las Cuatro Emes, que aborda la ludopatía infantil. Entre otros temas, porque también hay detectives. Comenzó escribiéndola para su hija cuando tenía once años y desde la editorial nos han dicho que es una «historia divertida, ágil y llena de sorpresas». Se publicará pronto y estamos deseando tenerla en nuestras manos.

La perla

Esta sección se llama La perla porque pretendía encontrar tesoros ocultos que ustedes pudieran disfrutar, dependiendo de la ciudad de Extremadura en la que estuvieran. Había obras de teatro, conciertos de rock, pop o sinfónicos o todo mezclado, flamenco, fado o presentaciones de libros.

Durante el confinamiento, la gente de la cultura se volcó con todas las actividades habidas y por haber, desde títeres para niños hasta charlas sobre cine, música en casa… Todo parece muy lejano, pero lo cierto es que los espacios culturales han estado abiertos muy poco tiempo y la situación es insostenible. Ojalá mejore pronto. Mientras tanto, en las siguientes semanas recomendaremos series, películas y documentales que ustedes puedan ver en casa… Y libros.