Por el East River y el Bronx / los muchachos cantaban enseñando sus cinturas, / con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo. / Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas / y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.

Pero ninguno se dormía, / ninguno quería ser el río, / ninguno amaba las hojas grandes, / ninguno la lengua azul de la playa.

Por el East River y el Queensborough / los muchachos luchaban con la industria, / y los judíos vendían al fauno del río / la rosa de la circuncisión / y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados / manadas de bisontes empujadas por el viento.

Pero ninguno se detenía, / ninguno quería ser nube, / ninguno buscaba los helechos / ni la rueda amarilla del tamboril.

La primera vez que lo leí tenía 13 años y ya había leído a Whitman mucho en una traducción, por cierto, horrible, pero eso lo supe más o menos un lustro después. De hecho, leí a Lorca porque le hizo una Oda a Walt Whitman: una oda que era hermosa pero también desagradable y que solo he comprendido cuando supe que existía algo que se iba a llamar ‘La piedra oscura’ (que luego ha sido el nombre de una obra de Alberto Conejero) y en la que Lorca iba a abordar la homofobia... suponemos. Comienza así.

Una capital de provincia. Un señor tras una mesa de despacho. Llama al timbre y entra un criado:

-Que venga el señorito.

Entra su hijo.

-¿Qué quiere decir esto que sé? -y el padre muestra a su hijo una carta-. ¿Que te has presentado pretendiente a socio en el casino y te han echado bola negra? ¿Por qué?

-Porque soy homosexual.

También se iba a llamar ‘La bola negra’, que luego fue el título de una obra performática de Tyler Matthew Oyer y Enrique Gimeno. 

Lorca siempre atraviesa.

Carmelo Gómez creó una especie de barraca, con un remolque, que siempre regresa más lleno de lo que se fue: de vivencias, sí, pero también de cosas materiales. Cosas que le hubieran gustado a Lorca, o que le gustan a Carmelo Gómez o que le gustan al Lorca de Carmelo Gómez, tanto da. Al final, cada uno tiene una imagen del granadino que venció, aunque esté en una cuneta, como decía el Lorca de Ángel Ruiz en ‘El Ministerio del Tiempo’. Busquen esa escena con Camarón, está en todas partes en la red. Algunos dicen que es cursi, pero qué quieren: será que me hago vieja.

La dictadura llegó después. Franco fue coetáneo de Rafael Leónidas Trujillo, que comenzó a gobernar en República Dominicana en 1930 y, durante los treinta años que estuvo en el poder, se hizo merecedor de que en todas partes hablen de él como el hacedor de una de las dictaduras más sangrientas de América Latina. Ordenó a sus tropas que erradicaran a cualquier haitiano que viviera en la isla. Se la llama Masacre del Perejil. Mario Vargas Llosa habló de los últimos días del dictador en ‘La fiesta del chivo’.

Es muy difícil adaptar a Vargas Llosa al teatro, aunque él haya actuado varias veces (le vimos en Mérida, por cierto, con Aitana Sánchez Gijón). Este sábado, 4 de diciembre (mañana, sin ir más lejos), Juan Echanove le interpreta. La obra se llama como la novela y la dirige Carlos Saura.

Yo oigo «Carlos Saura» e hincaría la rodilla. Juan Echanove dice que es tremendamente luminoso y generoso y entregado dirigiendo y que deja investigar, porque además Vargas Llosa cuenta, también, su decrepitud. Su impotencia, su incontinencia. 

Nunca le he negado a un dictador su profundo amor por la patria. Lo que le niego es que sus conceptos de amor y patria sean saludables. Al final terminan todos con dinero en paraísos fiscales, en lugar de tributar en el país que dicen amar tanto.

Hay más historias en ‘La fiesta del chivo’. Una de las más terribles es la de Urania Cabral, a la que su padre, un colaboracionista como tantos otros, entrega al dictador para su uso y disfrute. Para transformarla en una esclava sexual. Luego, la decrepitud del dictador megalomaníaco. Luego, la de los asesinos, alguno de los cuales había sido afín al gobierno de Trujillo. 

Beethoven también amó a Napoleón antes de repudiarle. Reivindicamos, en los tiempos de Twitter (hace diez años, en un tweet, dijiste… y, si tienes algún cargo, te destituyen: ya lo hemos visto) el derecho a cambiar de opinión. A veces casi instantáneamente. La Orquesta de Extremadura contempla un programa que se llama A las puertas del Romanticismo y, a las ocho, en el teatro Carolina Coronado, interpretará la primera sinfonía que compuso Beethoven y la última que compuso Mozart. Es un repertorio que también conmemora el bicentenario de la muerte, en Lisboa el 15 de enero de 1911, de la poeta nacida en Almendralejo y que escribía cosas como ‘Las que sintáis, por dicha, algún destello / del numen sacro y bello, / que anima la dulcísima poesía, / oíd: no injustamente / su inspiración naciente / sofoquéis en la joven fantasía. / Si en el pasado siglo intimidadas / las hembras desdichadas, / ahogaron entre lágrimas su acento, / no es en el nuestro mengua, / que en alta voz la lengua / revele el inocente pensamiento’.

No se puede ser más feminista en esta vida. 

Quienes no se vayan de puente, llenen los teatros y los cines. 

la perla

Glen Hansard, Rozalén, Andrés Suárez, Iván Ferreiro, Ana Diaz y muchos otros artistas, nacionales e internacionales, han participado en el nuevo disco de Carlos Núñez, ‘A Irmandade das Estrelas’, una reescritura del que es su trabajo más conocido, reeditado por su discográfica. Es bellísimo. Lo presentará en el Gran Teatro mañana sábado a las 20.30 horas (entradas a la venta en taquillas del teatro y www.granteatrocc.com) y en el Teatro Alkázar el domingo a las 20.00 horas (entradas en www.latiketera.es y Plasencia Sabores (plaza Mayor)). El mismo domingo podrán adquirirse en el teatro. Ha contado también con músicos que están empezando y que le acompañan en esta nueva aventura. Entrar en sus canciones es como ver cine sabiendo que estás viendo música.