«Si quieren saber qué es el patriarcado, lean ‘El Rey Lear’». Lo dijo Harold Bloom, proposición arriba, proposición abajo, que cito de memoria, pero lo del patriarcado y lo de ‘El Rey Lear’ es cierto, y yo pensé: «Y la Bernarda, Harold. Y la Bernarda», ese cuento de terror que escribió Lorca, esa tragedia a la que Lorca llamó «drama familiar», aunque no era un drama porque no hay solución posible para la historia de esta mujer y de sus hijas. Siempre se ha dicho que Lorca describió «la España profunda de principios del siglo XX», como si esa España, cien años más tarde, hubiera desaparecido. Como si no hubiera madres maltratadoras, como si hubiera dejado de importar el qué dirán, cómo si no nos engancháramos a historias imposibles con tíos que no nos convienen, como si no deseáramos el amor en igualdad de condiciones con los que lo tienen más fácil porque todo el mundo les ronda. 

A tu edad no se habla delante de las personas mayores. No llores. Si quieres llorar, te metes debajo de la cama. Menos gritos y más obras. Las mujeres en la iglesia no deben de mirar más hombre que al oficiante, y ése porque tiene faldas. Volver la cabeza es buscar el calor de la pana. En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle.

Aquí se hace lo que yo mando.

José Carlos Plaza ha adaptado la obra después de habernos traído a Mérida un suculentísimo ‘Antonio y Cleopatra’ (que no hará gira, así que, si no lo vieron en el teatro romano, en Madrid o en Almagro, se lo han perdido irremediablemente). El reparto es apabullante: A Bernarda la interpreta ni más ni menos que Consuelo Trujillo, pero también están Ana Fernández, Ruth Gabriel, Zaira Montes, Rosario Pardo, Montse Peidró, Marina Salas y Julieta Serrano, con toda su belleza en el horror, todos esos caracteres, todos esos hombres que no están pero sí están.

Dicen que Bernarda no sabe amar. O acaso sí, pienso, a su manera, porque, al final, la comprendes tan bien... A veces ocurre, con determinados personajes, cuando vuelves a ellos conforme pasan los años de tu vida: en la adolescencia te caen mal (la Bernarda, Boromir, Cíclope, Charles Darnay, la Marisa de ‘Atlas de geografía humana’), en la madurez te apasionan porque ya sabes por qué hacen lo que hacen. 

La perla

El año pasado se cumplía el séptimo centenario de la muerte de Dante Alighieri. Cuando se cumplía el séptimo de su nacimiento, el gobierno italiano le encargó a Dalí que la dibujara. Se montó un escándalo, porque la prensa le acusó de pornográfico y porque, además, no era italiano. Ahora, el MUBA, el Museo de Bellas de Badajoz, expone precisamente los dibujos que hizo basándose en los tres cantos de la ‘Divina Comedia: Paraíso, Purgatorio e Infierno’. Dedicó 33 obras para cada uno de los tres cantos del poema del italiano y una más para la introducción. Se expone la serie 1.045 de las 4.765 ediciones que se hicieron de ‘La divina comedia’ ilustrada por Dalí. Estará hasta el 20 de febrero y no se la pueden perder. Después llegará Goya. Este 2022, prevemos, va a ser precioso en el museo pacense.

Cómo colocar el amor en su lugar. 

Así se titula (’El amor en su lugar’) la primera película que abre el ciclo del cineclub Fórum de Mérida en los Cines Victoria este lunes. La dirige Rodrigo Cortés y nos traslada al gueto de Varsovia. Allí se vive y se representa teatro también. Y se sueña con vivir aún más, porque el gueto de Varsovia servía como paso para el campo de Treblinka y formaba parte de la solución final. Allí dirigía una orquesta Simon Pullman. Allí estuvieron el pianista Władysław Szpilman (Polanski retrató su historia en ‘El pianista’), el crítico literario Marcel Reich-Ranicki; el pedagogo Janusz Korczak (al que se han dedicado obras de teatro como ‘Último tren a Treblinka’) o Ringelblum, además de Irena Sendler, que salvó a más de 2500 niños del gueto y que fue Justa entre las Naciones. 

También estaba allí Itsjok Katzenelson, que escribió ‘El canto del pueblo judío asesinado’ y lo enterró en tres botellas. Se recuperaron tras su muerte. Y vivía un matrimonio, Jerzy Jurandot y Stefania Grodzienska, que intentaron que los habitantes del gueto pudieran alejarse de su realidad: consiguieron salvarse y nos quedan sus libros.

Se hacía teatro en el gueto de Varsovia y se sigue realizando ahora. A pesar de todo. El 30 de marzo de 2021 el Ayuntamiento de Aranjuez, encabezado por María José Martínez de la Fuente (PP), desalojó por decreto el teatro La Nave de Cambaleo. De hecho, en su web pone: «Estamos desalojados. No llamen, no se abrirá». Carlos Sarrió es actor, iluminador, director, dramaturgo y poeta. Pertenece a Cambaleo Teatro desde 1982, compañía de la que es miembro fundador. Ha escrito y dirige la obra que van a poder ver en La Nave del Duende esta tarde y mañana, a las ocho y media, que lleva por título, precisamente, en estos tiempos de precariedad, ‘Algún sitio al que volver’. Y escriben:

«Quitarnos de en medio con el corazón lleno de desprecio hacia lo que nos rodea y a la vez vencidos y seducidos por este mundo brillante y ficticio que oculta una monstruosidad inexplicable. A ese mundo repugnante entregamos las armas. Y rendidos emprendemos viaje a alguna frontera. Lejana y desconocida. Quizá a festejar el conocimiento adquirido en este viaje sin sentido. O a festejar esta derrota grandiosa y sin paliativos. O a festejar ambas cosas a la vez. O festejar sin motivo alguno».

Festejar, pese a la desesperación.

En Badajoz, podemos ver el sábado ‘La coartada’, con Gorka Otxoa, María Castro y Miguel Hermoso. Ana está divorciada, tiene que declarar para quedarse la custodia de su hija y para ser libre también y le pide ayuda a su mejor amigo. No podemos contar más porque es un ‘thriller’ y esto no lo resume y destriparíamos toda la función: los misterios han de permanecer en la oscuridad hasta que se revelen.