Medio siglo después de su icónico concierto en el Olympia de París, está de nuevo de gira

Paco Ibáñez y su eterna rebeldía

Himnos como ‘Andaluces de Jaén’, ‘A galopar’ o ‘Palabras para Julia’ sonaron este viernes por la noche en el Gran Teatro de Cáceres. Lanzó: «Ahora tenemos ‘Horrorvisión’. Una canción no puede durar 30 segundos»

Paco Ibáñez en el Gran Teatro de Cáceres.

Paco Ibáñez en el Gran Teatro de Cáceres. / EL PERIÓDICO

Rocío Sánchez Rodríguez

Rocío Sánchez Rodríguez

«Antes muerto que hablar inglés. Se puede aprender inglés ahora leyendo los periódicos en España. Es el racismo lingüístico. Con la riqueza que tenemos. Si alguien os dice ‘Ok’ responded: la madre que te parió». Una declaración de principios tras la cual cantó en euskera y en italiano. No fue la única. «Y tenemos ‘Horrorvisión’. Una canción no puede durar 30 segundos y desaparecer como una mariposa. Un canción tiene que aspirar a la eternidad».

Paco Ibáñez iluminó y llenó este viernes el Gran Teatro de Cáceres con su guitarra, su ironía y su eterna rebeldía. Trasladó al público, que en su mayoría peinaba canas, a otra época. Revivió en el escenario a poetas como Federico García Lorca y Luis Cernuda. Desde el patio de butacas le pidieron himnos como Andaluces de Jaén, el poema de Miguel Hernández y A galopar, de Alberti, «que faltan nos hace con la que hay en Madrid». 

Cantó Palabras para Julia de José Agustín Goytisolo. «La vida es bella, ya verás / como a pesar de los pesares / tendrás amigos, tendrás amor». «Porque los amigos son la coraza contra el mundo», añadió él.

Otro mundo

Con la reivindicación de que el sistema hay que cuestionarlo, acudió también a Goytisolo para hacer sonar El lobito bueno. «Y había también / un príncipe malo, / una bruja hermosa / y un pirata honrado».

Medio siglo después de su icónico concierto en el Olympia de París, Ibáñez está de gira para recordar que siempre nos quedará la palabra.

Lo hizo en Cáceres, donde puso en pie a los asistentes y donde un espontáneo en primera fila se acercó al escenario para decirle que se había criado en el mismo pueblo del País Vasco que él.

A sus 87 años, sigue siendo leyenda viva y referencia de varias generaciones.