Kiosco

El Periódico Extremadura

Festival de Teatro de Mérida. El estreno

Miles Gloriosus: el macho alfa irresistible ... o no

16

Primeras imágenes de Plauto en Festival de Teatro de Mérida

Ahora diríamos que es un macho alfa. El tío que se cree irresistible, guapísimo, con porte y que no entiende que un no es un no (»¿es que ahora vamos a tener que firmar contratos?») porque, por supuesto, las mujeres dicen no cuando quieren decir sí. Sobre todo a mí, a ver dónde vas a encontrar tú a un hombre como yo, que tú te lo pierdes. Etcétera.

Pues bien: Cornelia no quiere nada contigo.

Luego te hará creer que sí porque resulta que tú te has quedado con el esclavo de su enamorado, Plenilunio. El esclavo se llama Geta, así que imagínense al apocado personaje. 

Hablamos, cómo no, de Miles Gloriosus, el personaje más famoso de Plauto. Llevamos viéndole en varias obras estos últimos años, pero como tal solo se ha representado tres veces con esta. A los periodistas nos asombró comprobarlo. La primera fue en 1989, con versión y dirección de José Luis Alonso de Santos y con Antonio Resines y Maribel Verdú. La segunda, en 2008, con Pepe Viyuela en versión de nuestro adorado Juan Copete (lo que te echo de menos todos los veranos). Y la tercera, en versión de Antonio Prieto (que también actúa en la obra y que ha escrito muchos guiones de televisión, con lo cual, como dice Pep Antón, «no le molesta arrancar hojas») y con Carlos Sobera, Elisa Matilla y Elena Ballesteros, además de Ángel Pardo, Juanjo Cucalón, David Tortosa, Antonio Prieto y Arianna Aragón, que se estrena como actriz en Mérida. Así, tal cual. Miren qué debut .

Eso sí: a Miles le vimos también, como el Fanfa al que encarnó Pepón Nieto, en ‘El eunuco’, dirigida también por Pep Antón. Y era tan entrañable y tan especial que a ver cómo construimos otro Miles que sea completamente nuevo.

Miles significa militar. De hecho, en la obra original los personajes tienen nombres como Pirgopolínices (el propio Miles Gloriosus), Filocomasio, Palestrión, Pléusicles, Escéledro... Aquí se llaman Miles, Geta, Minervina, Cordelia, Senectus, Plenilunio o Porcia. Como la de Shakespeare. 

Carlos Sobera tiene tablas, muchas, y no ha dejado el teatro, pero, como siempre con un rostro tan conocido y con una voz que lleva décadas en televisión, se corre el riesgo de ver al actor pero no al personaje. Escribo esto habiendo visto algunas escenas del ensayo nada más y con eso no hay bastante. De todos modos, no importa. Creo que ya no hay entradas para el estreno y sospecho que colgará el cartel de todo vendido los cinco días que esté en el teatro romano de Mérida, porque tiene los ingredientes precisos.

Para empezar, es una comedia y el público en este teatro romano ama las comedias (aunque yo sea más de señoras que matan a sus hijos y señoras que entierran a su hermano muerto a manos del otro hermano). El público de comedias es distinto. Hay aplausos desde el principio, risas y sonrisas y entrega. 

Y tiene rostros famosos. Eso siempre es una garantía. 

Los que hemos visto más teatros conocemos los modos de trabajar de Pep Antón (y quizá ustedes también, si estuvieron en las representaciones de ‘El eunuco’ y ‘La comedia de las mentiras’) y se ha inspirado en Goldoni y en la Commedia dell’Arte, que mezcla elementos del teatro literario del Renacimiento italiano con tradiciones carnavalescas (máscaras y vestuario), mímica y acrobacias. ¿Cómo aparecen las dos casas? ¿Qué pasa con la escenografía? Pues lo tendrán que ver, porque es sorprendente.

Y , ya lo sabemos, en las obras de Plauto siempre hay unas claves: el esclavo astuto, el equívoco de personas, el juego de palabras, el viejo verde, los bajos fondos, la prostitución... Porque la comedia no era baladí: resulta más aleccionador que nos muestren los defectos sociales con humor que con acidez: entra mejor, incita más a la reflexión y no se enroca uno porque se siente dolido si le llaman hipócrita a la cara o le dicen que a dónde va persiguiendo a chicas veinte años o treinta más jóvenes. 

Es una comedia y el público en este teatro ama las comedias. Y tiene rostros de famosos. Eso siempre es una garantía

decoration

El argumento de Miles lo conocemos bien: el militar, que se cree irresistible pero al que odia todo el mundo, secuestra a una bella joven y se la lleva a Éfeso. Allí vive, con él, Geta, su esclavo, que le ganó a unos piratas pero que era esclavo de Plenilunio, de quien esa bella joven está perdidamente enamorada. Plenilunio tiene un amigo de la familia, Senectus, que además, oh casualidad y gracias a los dioses, es vecino de Miles, así que ¿tendrán oportunidad Cornelia y él de reavivar su amor? ¿Cómo se las ingeniarán para acabar con Miles? ¿Será tan fanfarrón y tan horrible Miles como nos lo pintan? Es más: ¿aguantaríamos una hora y media a un personaje deleznable en un escenario? Lo dudamos. Así que Miles, como pasa siempre también en todas las comedias, tiene su puntito tierno porque en realidad no es malo, solo lo dibujaron así y empatizamos con él, nos da penita la criatura y luego descubrimos que es capaz de hacer acto de contrición, de ser autocrítico y de cambiar. Como Harpagón. Como Scrooge. 

Las comedias también sirven para ver cómo reaccionamos ante los otros. Cómo nos relacionamos con los demás. 

Compartir el artículo

stats