Kiosco

El Periódico Extremadura

Festival de Teatro de Mérida. El estreno

Antígona, la sangre, la familia, la esperanza

Una escena de 'La tumba de Antígona' , que se puede ver en el teatro romano de Mérida hasta este domingo. Jero Morales /EFE

No pudo verla. María Zambrano murió antes de asistir al estreno de ‘La tumba de Antígona’, que fue en 1992 en el teatro romano de Mérida, su lugar elegido. Treinta años más tarde, Karlik Danza vuelve a recuperarla. Para el mismo escenario. Con su lenguaje: algo de audiovisuales (siempre al servicio de la historia), danza y texto.

En el agosto habanero de 1946 -cuenta Marifé Santiago en el prólogo de ‘La tumba de Antígona’ editado por Alianza Editorial-, un telegrama urgente escrito en París por su hermana Araceli le anuncia la gravedad de la madre de ambas. Los trámites burocráticos detienen a María Zambrano en Nueva York demasiado tiempo, tanto que su madre ha sido enterrada dos días antes de que la hija llegue a Europa el 6 de septiembre. Araceli la espera y, en el duelo de la orfandad, le cuenta a María que ha sido torturada y humillada por los nazis; su marido era Manuel Muñoz, el último director general de Seguridad de la República española, detenido y encarcelado en Francia y extraditado a España, donde, sometido a un consejo de guerra, será fusilado por la dictadura franquista. 

10

'La tumba de Antígona' cierra el Festival de Teatro Clásico de Mérida

la sangre no debe quedarse dura como la piedra. Tiene que correr como lo que es la sangre, una fuente, un riachuelo que se traga la tierra. La sangre así llama a sangre porque tiene sed. Y luego vienen las condenas y más muertos. 

Eso lo dice Ana García. Antígona. Ana García nos ha regalado personajes preciosos en ese teatro romano y habla pausado y pensando para reflexionar sobre María Zambrano, sobre esta Antígona que habla de la guerra civil (la nuestra y la de Eteocles y Polinices), de la familia (Creonte, Yocasta, Edipo, Ismene, Eteocles y Polinices), de la hermandad (Ismene, Hemón). Del delirio. 

Esta obra está escrita sobre el delirio. Nieves Rodríguez había realizado una tesis sobre él. Juntas, han adaptado el texto de María Zambrano, «sin tocarlo mucho». Nieves Rodríguez decía que «una cosa es estudiar a María Zambrano, otra es escribir a partir de su filosofía, y otra diferente es intervenir su palabra, si es que puede ser intervenida. María Zambrano se presta, más que a la palabra, al silencio; y en ese sentido, Cristina, desde la danza, es una maestra». Las dos crearon: unos juegos de piedras saltando por las piedras y supieron: Antígona, enterrada viva, no morirás, seguirás así, ni en la vida ni en la muerte, ni en la vida ni en la muerte...

Por eso no me muero, explica Antígona: por eso no me puedo morir hasta que no se vea la razón de esta sangre y se vaya la historia dejando vivir a la vida. Que solo viviendo se puede morir. 

La escenografía es maravillosa, la música, la luz y el vestuario también lo son

decoration

Cada vez que escribo sobre las obras que hacen compañías extremeñas digo lo mismo: que el lugar de nacimiento no asegura la bondad de un trabajo, pero que conocen el teatro como la palma de la mano y hacen obras primero para Mérida y luego ya la adaptaremos, si hace falta, para la gira (siempre hace falta). Siempre integran. La escenografía de Amaya Cortaire es maravillosa. También lo es la música de Álvaro Rodríguez Barroso, pero a eso estamos acostumbrados. Y la luz de Fran Cordero, pero qué vamos a decir de Fran Cordero a estas alturas. Ellos están detrás, junto a Cristina D. Silveira y Carlos Sañudo y junto a Luisi Penco (denle la Medalla de Extremadura a esta señora ya de una vez, por favor) y Lali Moreno cosiendo el vestuario que ha diseñado Marta Alonso Álvarez. 

Canta la historia

Y delante, en la scaena, Ana García-Antígona canta su historia, el juego de las piedras con Ismene, el secreto con Ismene, mientras Elena Rocha-Antígona salta entre esas piedras y Cristina Pérez Bermejo-Antígona baila sus palabras y sus gestos. Delante, en la scaena, están Lara Martorán, Camilo Maqueda haciendo un Edipo excepcional, Mamen Godoy con el personaje maravilloso de la nodriza Ana, Tania Garrido, Jorge Barrantes (»A Zambrano hay que sentirla, no hay que comprenderla con la razón»), Simón Ferrero, Sergio Barquilla, José Antonio Lucia (sí, es Creonte: cómo no) y Francisco García y el violín de Aolani Shirin.

Por allí pasan todos, toda la familia dividida y amorosa a la vez de Antígona y su relación con Ismene, porque María Zambrano pensaba que Antígona era Araceli y luego no, Antígona era ella misma, la Antígona que se rebela, que quiere esperanza a pesar del horror del que somos capaces, a pesar de la sangre que corre y se transforma en piedra y no se va porque la sangre nunca se limpia y crea costras en la memoria y divide las sociedades, la sangre tiene ese poder, la sangre que no ablanda los corazones de los vencedores porque todas las victorias se alzan sobre el llanto. 

La Tierra lo arregla todo, lo distribuye todo. Bueno, quiero decir, estas cosas, si la dejan. Pero no la dejan, no. No la dejan nunca ellos, los que mandan. ¿La dejarán alguna vez que haga su trabajo en paz?

Es teatro, es danza, es Karlik. Es Antígona. Es María Zambrano, Pero qué más podríamos pedir para despedir un festival. 

Compartir el artículo

stats