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Mas desgarrarse, por favor

Participantes en la presentación de la programación del Festival de Teatro de Mérida, el miércoles. Europa Press

El día de la presentación del Festival de Mérida siempre es el día más estresante para radios y televisiones, porque es una rueda de prensa que suele durar mucho («yo no he visto a tantos actores conocidos juntos como hoy», decía Emma Ozores) y que, además, es tardía. En medio, mucho nombre conocido, mucho nombre que repite y que siempre llena (Pepón Nieto, Belén Rueda, Magüi Mira -su ‘Salomé’ estará dos semanas-) y alguna obra de nuevo cuño, como ‘Pandataria’ -de danza, ideada por Chevy Muraday y protagonizada por Cayetana Guillén-Cuervo- o las dos extremeñas: ‘Los titanes, la furia de los dioses’ (¿Ramoncín? ¿Viene Ramoncín al festival?) y ‘El regalo de Zeus’.

Este año veré de nuevo a Juan Ignacio García Garzón, al que llamamos Nacho y que es uno de mis críticos teatrales favoritos (si no el más favorito) y que escribió algo que podría haber firmado yo: «La etiqueta de clásico suele ser aplicada de manera generosa y muy elástica en bastantes convocatorias y muy particularmente en la programación del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, que va mucho más allá de incluir obras griegas y latinas -y sus versiones, aproximaciones o interpretaciones- que en principio son las que, si no estoy equivocado, deberían ser la materia prima de este certamen». 

La perla

 Camila y Cristina cantan. El dramaturgo sale a escena. Un muerto baila con su amor. Una muerta baila con su amor. Un anciano conoce a su nieta, quizá. O ella a él, mejor. Mañana sábado, en el Gran Teatro, Emilio del Valle dirige ‘J’attendrai’, que es un canción mítica y, también, es una obra de teatro y sale Pepe, un deportado español de Mauthausen, con casi 90 años, que quiere cumplir una promesa que hizo a alguien que no está ya, sin saber, o quizá sí, por qué la ha hecho tan tarde. Una obra de teatro deliciosa que comienza a las ocho y media y que les va a dejar con ganas de comer una tarta de manzana. O de hornearla, desde la masa hasta el reposo. Y de recordar a viejos amores, viejos diarios, viejas fotos, viejos libros y viejos amigos. No se la pierdan.

Hace menos de dos años, le escribí un correo a Lluís Homar con obras que se podrían programar en el Festival de Mérida: no las de Shakespeare (tenemos dos este año), sino las de nuestros autores del Siglo de Oro, que casi nunca aparecen en la scaena: ‘El laberinto de Creta’, ‘Adonis y Venus’, ‘El esclavo de Roma’, ‘El marido más firme’ (todas de Lope) o de Calderón: ‘Eco y Narcisco’, ‘Céfalo y Pocris’; ‘La gran Cenobia’, ‘El mayor encanto, amor’; ‘Fortunas de Andrómeda y Perseo’; ‘El monstruo de los jardines’, ‘La fiera, el rayo y la piedra’. Hay obras que podrían ser muy interesantes, en manos adecuadas (me gustaría ver a Juan Mayorga dirigiendo; a Alberto Conejero dirigiendo; a un Pablo Messiez o un Esteve Soler recreando un clásico) y actores que no sé yo si están para aguantar los rigores del verano extremeño (como José Sacristán, al que temo no ver ya nunca en el teatro romano) y, bueno, Angelica Liddell en el teatro romano podría ser un escandalazo, pero ¿y Natalia Menéndez? O una Carolina África. Como dice García Garzón: «No estaría mal poner en valor un patrimonio poco conocido por poco frecuentado antes que incurrir en disparates como programar la zarzuela bíblico-sicalíptica ‘La corte de Faraón’ -divertidísima pero nada clásica- como ocurrió hace tres años, o estrenar una obra escrita en nuestros días aunque transcurra en la antigua Roma como es ‘Minerva’, que ni siquiera se aproxima a un personaje histórico como, podría ser el caso, ‘Calígula’ de Albert Camus o ‘Séneca’ de Antonio Gala.

Muero por ‘El sueño de una noche de verano’ bien montao. Muero porque alguien invite un día a la Royal Shakespeare y le ponga subtítulos o coproduzca con The Globe o lo que sea. No es nada nuevo: ya Francisco Suárez visitó varios teatros europeos: proyectos que luego quedan en nada porque cada director marca una época (la suya propia) en lugar de que haya un proyecto común al que se vayan uniendo varios directores. 

No soy público objetivo de comedia, a mí dame una semidiosa extranjera que mate a sus hijos (Carmen Conesa interpretará a Medea en el Teatro María Luisa, emulando, como catalana que es, a la otra catalana que comenzó las interpretaciones del festival, sin saberlo: Margarita Xirgu, cuya imagen preside este año el certamen). No soy público objetivo de comedia, pero va a ser divertidísimo volver a ver ‘Los Gemelos’, que celebran sus 10 años de vida. Es la única comedia que he ido a ver dos veces al teatro romano. Las ha habido que han agotado siempre (Pepón Nieto lo recordaba en su intervención, que cada vez que ha venido ha colgado el cartel de ‘No hay entradas’ -que solo significa eso: que no hay entradas-), pero mucho menos buenas que esta. Y lo sé bien porque no soy público objetivo de comedia y esta la vi dos veces. 

El día que programen, de nuevo, ‘Medea’, ‘Electra’, ‘Fedra’, ‘Antígona’, ‘Hécuba e ‘Ifigenia en Áulide’, todas seguidas y sin respirar, vamos a llorar de alegría.

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Este año hay tanta comedia que hay cuatro gemelos: los de Verbo Producciones y los de Pepón Nieto: Andrés Lima le dirige en ‘La comedia de los errores’, que Shakespeare escribió basándose en el ‘Menecmos’ de Plauto. Habrá otro Shakespeare. Otros Shakespeare, porque el Centro Dramático Galego ha realizado una obra llamada ‘Shakespeare en Roma’ que es un compendio de ‘Tito Andrónico’, ‘Coriolano’, ‘Antonio y Cleopatra’ y ‘Julio César’, cada una de ellas con distinto equipo artístico (distintos directores, distintos dramaturgos). Fiestas, fiestones, dos Aristófanes y un compañero diciéndome: «¿Otra vez viene Pepe Viyuela?». 

Y sí viene: viene otra vez. Por mí, Pepe Viyuela puede venir todos los años. Es muy buena persona, es mejor actor aún que persona (y ya es difícil), es cariñoso, es cultísimo, entrevistarle es un placer y verle actuar más aún: ningún problema con esto: nadie en su sano juicio se queja de que venga Pepe Viyuela. Adoramos a Pepe Viyuela. 

Eso sí: el día que programen, de nuevo, ‘Medea’, ‘Electra’, ‘Fedra’, ‘Antígona’, ‘Hécuba e ‘Ifigenia en Áulide’, todas seguidas y sin respirar, vamos a llorar de alegría. 

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