Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista con María de Mondo

«No necesitas la aceptación ajena para definir tu valor»

María de Mondo.

María de Mondo. / Inés Urdaci Vallejo

«Ninguna opinión puede lastimarte más que traicionarte a ti mismo». Con axiomas así, la coach María de Mondo, que está detrás del éxito literario de ‘Yo, Ego’, vuelve a invitar al autocuidado, el conocimiento y el desarrollo personal con la obra ‘La opinión de los demás está de más’ (HarperCollins, 2024). Para comenzar por esta reconstrucción personal, ofrece claves y afirmaciones a las que agarrarnos, que bien podrían convertirse en la guía perfecta con la que transitar el nuevo año. Si enero ha arrancado con mal pie, ¿qué tal si empezamos a enderezarlo?, ¿te apuntas al reto?

 ¿Somos tan esclavos de la opinión de los demás que necesitamos un libro como éste? ¿Cómo detectó esa necesidad?

La detecté trabajando con cientos de clientes y comprobando que, detrás de muchos miedos, estaba el temor al qué dirán. Creemos que tenemos miedo a exponernos en las RRSS por vergüenza, pero es el miedo a ser juzgados. Tanto a nivel personal como profesional se escondía el miedo a la opinión de los demás. Mucha gente era consciente de eso y me lo preguntaba, pero otras tantas no eran tan conscientes, y de la influencia que tenía en su vida. Ahí vi la necesidad que existía.

¿Y qué debemos hacer?

Lo más importante es tener tu propia opinión; solemos ir en piloto automático y no nos cuestionamos las cosas. Resulta necesario el autoconocimiento, el saber qué nos hace feliz, y tomar nuestras propias decisiones, pero también es importante trabajar la confianza en uno mismo. Si no confías en tus capacidades, te acabas perdiendo. Cuando escuchemos la opinión de cualquiera tenemos que darnos cuenta de que, lo que dice Juan de Pedro habla de Juan, no de Pedro. Habla de sus formas. Tenemos una necesidad brutal de gustarle a todo el mundo, y nos perdemos. La opinión es el mapa de otra persona.

«Construimos la vida basándonos en expectativas ajenas, persiguiendo la aceptación y la pertenencia para sentirnos válidos», ¿por qué este sentimiento es tan sumamente generalizado?

Desde que nacemos estamos buscando gustar y agradar a papá y a mamá porque dependemos de ellos, y seguimos haciéndolo igual a medida que crecemos. Vamos madurando, poniendo el foco fuera y no sabemos, o no nos enseñan, a mirar dentro. Todo tiene que ver con la autoestima, con el amor propio, con cómo te sentiste amado o rechazado en tu infancia. Aprendemos que el amor es condicional cuando ellos mostraban su afecto cuanto nos portábamos bien, y nos lo quitaban, si no lo hacíamos. Por eso, es tan importante darnos cuenta y saber quiénes son nuestra ‘tribu’ y, por supuesto, soltar esa necesidad de gustar a todo el mundo; así, solo te pierdes a ti misma.

¿Y cómo podemos encontrar o definir quiénes son nuestra ‘tribu’? Me pareció una excelente idea la de revisar la agenda del pasado…

Al sentirnos solas o al no conectar tanto con la gente que tenemos, con amigos, pareja o compañeros del trabajo, buscamos cosas nuevas, pero tienes una historia larga de vida con personas con las que conectabas un montón y, ¿por qué no retomar esos contactos?

¿Cómo podemos interiorizar que no somos nuestro ego?

Al final vivimos en piloto automático. Tenemos mucha responsabilidad y eso es normal, ¡no podemos vivir conscientes 24/7! Resulta importante reservar momentos para reconectar 5 o 10 minutos al día porque el ego es el que va en piloto automático; es el que se alimenta de creencias y juicios que no están alineados con nuestro verdadero ser. Por eso, transformar el ego implica aprender a interpretar la realidad de forma más amable y constructiva, eligiendo creencias y valores que resuenen con el interior y guiando la vida con mayor coherencia. Escribir, por ejemplo, es una herramienta terapéutica maravillosa cuando hay tristeza, estrés…, hay que saber qué te está contando el ego de esa situación, ¿cómo? Mirando desde el amor. El motor del ego es el miedo.

Hablemos del apego y de ese aprendizaje sobre el amor como algo que hay que ganárselo, adaptándonos a los que esperan de nosotros para ser queridos…

Una vez que lo reconoces, hay que trabajar el amor propio aceptando las luces y las sombras; y aun teniéndolas, reconocer que eres igual de perfecta. Somos humanas y es imposible ser perfectas. Hay que trabajar el amor propio y ver que eres válida tal y como eres. No necesitas la aceptación ajena para definir tu valor. Eres válida, y hay que amarse más allá de que otros te amen. 

Díganos tres claves para poder ir trabajándolo…

Es complicado, todo parte de nuestras raíces y poder sanarlo requiere trabajo, pero le daría éstas: la primera, el autoconocimiento, porque no puedes amar lo que no conoces. Reconocer nuestras virtudes, defectos, luces y sombras, valores..., como si fuera un DAFO. Este autoconocimiento profundo implicará diferenciar entre el ego y el ser. La segunda, la humanización; dejar de esperar ser perfecta y reconocerme como ser humano cometiendo errores. Todos estamos aprendiendo y haciendo las cosas con los recursos que tenemos. La tercera sería realizar ejercicios en el día a día que te conecten con ese amor propio. Si no lo practicas, es complicado fijarlos. Ejercicios como, desde dedicarte autocuidados a reforzar las creencias positivas sobre ti misma, o atreverte a hacer algo que no hagas normalmente por miedo e inseguridad; ser tu misma, dar tu opinión…

¿Cómo se ‘cura’ esa búsqueda de amor, validación y aprobación?

El amor propio es la clave de todo. Cuando te amas no necesitas gustar ni la aprobación de nadie. El problema radica en que nos validamos en ojos ajenos.

¿Qué nos puede contar sobre ‘Las cinco heridas de la infancia’ de Lise Bourbeau: abandono, rechazo, humillación, traición e injusticia…’

Reconocerlas es muy fácil; hay que hacer una revisión a la propia historia, pero el abandono y el rechazo son las más típicas. Sentirse abandonado por tus progenitores emocionalmente; sentirnos rechazados por nuestros gustos, por no cumplir con las expectativas. Cada herida tiene unas formas que podremos identificar en internet y a través de numerosos libros. La cura para todo es el amor. Las heridas de tu niño interior tiene que curarlas la adulta y cubrir esos vacíos de la infancia. 

¿Cómo comenzamos a hacernos cargo del niño herido, ahora, que ya somos adultos? ¿Por dónde empezamos?

Lo primero es identificar dónde está herido el niño. Identificar carencias y heridas y luego pasar a sanarlas. Quizás necesites una ayuda profesional si tus heridas son provocadas, por ejemplo, por abusos en la infancia. Te recomendaría hacer formaciones o leer libros sobre ‘las heridas de la infancia’. Cada proceso es individual.  

Tracking Pixel Contents